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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Guillermo Burillo Profesor Asociado de Farmacología en la Universidad de La Laguna

«Lo que más inquieta son los fármacos que circulan en el mercado ilegal»

El doctor Guillermo Burillo, profesor asociado de Farmacología en la Universidad de La Laguna. La Provincia

El doctor Guillermo Burillo, profesor asociado de Farmacología en la Universidad de La Laguna y responsable del grupo de investigación en Toxicología Clínica en la citada institución educativa, advierte de los peligros que puede acarrear el mal uso de benzodiacepinas y opioides. Según indica el experto, son los fármacos que circulan en el mercado ilegal el principal foco del conflicto. 

El consumo abusivo de opioides ha disparado las alertas en Sanidad. ¿Por qué se caracterizan estos medicamentos y para qué se emplean?

Los opioides son unos analgésicos que, dentro de la escala del tratamiento del dolor, son los fármacos más potentes que tenemos para mitigarlo. Se emplean en aquellos pacientes que sufren dolores muy intensos y que no son tratables con otros medicamentos que tienen el mismo fin. No tienen por qué ser solo los enfermos oncológicos los que los consuman, también se utilizan en otras patologías. Como su propio nombre indica, derivan del opio, pero de ellos también sale la heroína. Lo que ha sucedido en algunos países, especialmente en Estados Unidos, es que se ha abusado de ellos para tratar estos males. El problema es tan grave que la cifra de muertes asociadas al consumo de opioides ha alcanzado proporciones de epidemia nacional en el país americano. De hecho, la suma ha llegado a superar las defunciones vinculadas a otras drogas como la cocaína, por ejemplo. Además, sus potentes efectos tóxicos han llevado a incrementar las visitas a los servicios de Urgencias. En nuestro país, se ha detectado un pequeño aumento y, aunque las cifras no son tan alarmantes como las de Estados Unidos, hay que atajar el conflicto ahora. De lo contrario, podrá originar un índice de mortalidad importante.

«Aunque las cifras no son tan altas como las de Estados Unidos, hay atajar ya el conflicto»

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¿Qué efectos adversos pueden llegar a provocar?

Pueden producir náuseas y estreñimiento, pero estos no son los preocupantes porque son muy similares a los que puede provocar cualquier otro medicamento. Ahora bien, el más peligroso es la parada cardiorrespiratoria, pues si no se administra naloxona [un antagonista de receptores opioides] va a derivar en la muerte del paciente. Este antídoto está disponible en hospitales, en ambulancias y en los centros de salud, con el fin de administarlo si hay un caso de sobredosis. Un dato llamativo es que en Estados Unidos ya se aboga por que la gente lo lleve en el bolso para poder asistir rápidamente a cualquier persona que se encuentre en parada cardiorrespiratoria por sobredosis de opiáceos. Hay presentaciones que atraviesan la ropa, como la adrenalina de los alérgicos, y también hay otras que se administran por vía nasal. El país considera que es una estrategia para disminuir las muertes por estas causas, pero no queremos llegar a esto en España. Por otro lado, es importante destacar que estos fármacos crean tolerancia y dependencia. Y es que hay receptores opioides a nivel periférico y a nivel central en el cerebro que, para conseguir el mismo efecto que se lograba inicialmente con una dosis más reducida, piden más con el paso del tiempo. Lo cierto es que cada vez se crean medicamentos opioides más potentes. Hasta hace unos años, solo contábamos con la morfina, pero ahora están de moda los fentanilos, que son 100 veces más potentes. Por eso, están surgiendo consumos de remifentanilo o alfentanilo, que son extremadamente fuertes y se utilizan, incluso, para sedar elefantes.

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, España es el tercer país con mayor consumo de fentanilo. De hecho, el Ministerio de Sanidad apostó el pasado año por crear un plan para frenar su uso. ¿Se abusa de este opioide también en las Islas?

Sí, sin duda, el abuso se produce en todo el país y Canarias no está exenta. Eso sí, a pesar de lo que hemos hablado, no podemos permitir que se demonice su uso, ya que si un paciente lo necesita y cuenta con el aval de su médico, no debe dudar ni un solo segundo en consumir estos fármacos.

«Antes solo contábamos con la morfina, pero ahora están de moda los fentanilos»

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¿Cómo se pueden obtener?

Por receta médica, pero esto es algo que está controlado. Lo que realmente inquieta es el mercado ilegal que se mueve por Internet. Es ahí donde circulan muchos fármacos que escapan de toda vigilancia.

¿Ha incrementado la ingesta a raíz de la irrupción de la pandemia o más o menos se mantiene en la misma proporción?

El problema es que no ha sido hasta ahora cuando se ha empezado a detectar el consumo de remifentanilo y alfentanilo de forma rutinaria. En nuestro grupo de investigación, hicimos un estudio en 2019 que contó con la financiación del Instituto de Investigación Sanitaria de Canarias. Esta labor nos sirvió para detectar que los opioides ultrapotentes fueron los responsables del 25% de las muertes que se produjeron en hospitales del Archipiélago, sobre una muestra de 106 personas. Además, comprobamos que las benzodiacepinas estuvieron detrás del 21% de los decesos. Sin embargo, no disponemos de datos científicos que nos permitan garantizar que ha habido un incremento tras la llegada del coronavirus. El Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías asegura que ha aumentado el consumo, pero nosotros no manejamos aún esta información.

«Hoy en día, la tendencia es medicarse para solucionar casi todos los problemas»

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Precisamente, el mismo informe desvela que el territorio nacional también cuenta con un alto porcentaje poblacional consumidor de benzodiacepinas. Tanto es así, que en 2020 el país volvió a liderar la ingesta mundial. ¿Cree que esto se debe a que estas sustancias son más fáciles de conseguir en España que en otras naciones, o quizá la causa esté asociada a un mal abordaje sanitario?

Ni a una cosa ni a otra. Es cierto que ha habido un incremento del consumo de benzodiacepinas, que ya de por sí era importante, pero el aumento no es escandaloso. El Observatorio Europeo asegura además que el consumo ha sido mayor desde la llegada del Covid a nuestras vidas, pero ocurre lo mismo que en el caso de los opioides, que nosotros no tenemos datos que avalen esto. Eso sí, el problema principal es también el mercado ilegal.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿cuándo se deben recetar estos fármacos?

Básicamente, para tratar problemas relacionados con la ansiedad y el insomnio. Además, los médicos deben llevar un control muy estricto de los pacientes para determinar las dosis y el tiempo que van a poder consumir el fármaco recetado.

El consumo es mayor en las personas con más de 65 años. ¿Por qué cree que ocurre esto?

Probablemente, porque a medida que envejecemos aumentan los trastornos del sueño y la necesidad de recurrir a fármacos. Sin embargo, también es cierto que hoy en día hay una clara tendencia es medicarse para solucionar casi todos los problemas de la vida. En esto juegan un papel muy importante los psicólogos y los psiquiatras, ya que pueden aportar otras herramientas y enseñar otras pautas.

«Nos estamos centrando en monitorizar todas las intoxicaciones agudas»

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A su juicio, ¿considera que se puede estar abusando de la prescripción en esta franja etaria?

Puede dar esa impresión, pero no se debe criminalizar el uso de benzodiacepinas. Lo que hay que hacer es prescribirlas única y exclusivamente para los problemas que están indicados y retirarlas en cuanto sea necesario. Es fundamental no cronificar su uso para evitar problemas.

¿Qué riesgos tendría para la salud el uso cronificado?

Fundamentalmente, el nivel de dependencia que puede llegar a crear.

¿Cree que el Ministerio de Sanidad debería apostar por más campañas de concienciación para alertar de los peligros del mal uso, tanto de opioides como de benzodiacepinas, y despejar las posibles dudas que tenga la población?

Por supuesto. De hecho, el Plan Nacional sobre Drogas hace campañas, pero sería bueno que hubiera más. Lo que hay que tener muy claro es que el uso de cualquier medicamento fuera de una prescripción médica es ilícito. A pesar de todo, no hay que dejar a un lado las dos drogas más importantes: el alcohol y el cannabis. Estas son tan importantes como el mal uso que la población puede hacer de benzodiacepinas y opioides.

«Hay que retirar las benzodiacepinas en cuanto dejen de ser necesarias»

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¿Qué líneas de investigación tiene abiertas ahora mismo su grupo de trabajo?

Ahora mismo, nos estamos centrando en monitorizar las intoxicaciones agudas provocadas por los opioides y las benzodiacepinas ultrapotentes, es decir, las de nueva generación. En esta tarea está participando también la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y varios hospitales de las islas capitalinas. Nuestro propósito es poder publicar los resultados en revistas científicas en junio. El primer paso va a ser la detección y, posteriormente, analizaremos con otros especialistas las acciones que debemos emprender para poder actuar. Si no sabemos qué se está consumiendo, sobre todo a nivel recreativo, será muy difícil averiguar de dónde están viniendo estos medicamentos. Por eso, tenemos que ir paso a paso e ir tomando medidas preventivas.

¿Hay un perfil de usuarios definido?

Nosotros no disponemos aún de ese dato porque la muestra, de momento, es muy pequeña. Con esta información no podemos definir un perfil epidemiológico porque es imposible desde el punto de vista científico.

«Lo importante es informar a la población sobre los riesgos que tiene el uso recreativo»

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Tras analizar todo lo abordado, ¿considera que es preocupante el escenario que muestra el país?

Personalmente, creo que lo que más preocupa es el uso de nuevos opioides. Ya se ha detectado este problema y ahora lo importante es informar a la población sobre los graves riesgos que tiene el uso recreativo, así como seguir monitorizando las tendencias de consumo. Sin ir más lejos, hasta hace aproximadamente una década no detectábamos opiáceos y benzodiacepinas ultrapotentes y ahora sí. Tendremos que seguir realizando estudios para descubrir si es algo puntual o un problema que se va a agravar con el paso del tiempo.

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