Educación para mayores: Un viaje para forjar la inclusión. El pasado viernes 29 de abril Fernanda Jerez, María Teresa Guairieri, Sergio Suárez, Luna Arocha, Alba Roda y Airam Valladares, todos alumnos del Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) Las Palmas, comenzaron un viaje que les llevó a conocer el patrimonio, la naturaleza y la cultura del norte de Italia. Tres generaciones de canarios que se embarcaron en esta aventura educativa para, entre otras cosas, fomentar la inclusión del alumnado extranjero y migrante a través del conocimiento. Cada uno representando a uno de los cursos con los que cuenta el centro. Había un alumno de 1º de la ESO, que se denomina tramo 1, y otro por cada uno de los cuatro niveles existentes.

Junto a ellos completaron el grupo de viajeros los docentes José Tacoronte, director del centro, y Dency Martínez, profesora de Inglés. Un periplo de miles de kilómetros para visitar el Centro de Adultos de Cremona, denominado CPIA Pier Paolo Pasolini, en una movilidad del programa Erasmus+ que busca, entre otros objetivos, que el alumnado tenga un enfoque inclusivo y de acogida al alumnado extranjero.

 «Llevamos al alumnado a que conozcan otras culturas, a que aprendan como en otros países se trata a las personas extranjeras y como están incluidas en la formación de adultos en Europa. Se desenvuelven en un viaje al extranjero y pueden ponerse en la piel de un inmigrante, sentirse en otra tierra donde desconocen el idioma y donde desenvolverse se les hace algo difícil y complicado», explica José Tacoronte, director del CEPA Las Palmas.

Experiencia única

En el caso de Fernanda Jerez, de 73 años, su viaje más lejano había sido hasta el momento a Portugal. Airam Valladares, de 21 años, solo había visitado Barcelona. Para los dos fue una experiencia más emocionante que para el resto de sus compañeros, con los que hicieron piña desde el primer momento.

«Fue una experiencia maravillosa, salir de aquí a otro país que no conoces y ver lo que vimos. Todo tiene su detalle, fue algo impresionante», explica Fernanda Jerez, conocida cariñosamente por sus compañeros como Nanda.

Pero si hubo alguien para quien este viaje fue especial fue para María Teresa Guarieri, de 73 años y afincada en Gran Canaria desde hace 18 años. Nacida en el sur de Italia, con cinco años emigró a Uruguay donde vivió gran parte de su vida, antes de asentarse en la Isla. «Yo soy italiana, así que he viajado antes. Fue un poco como volver a casa», relata sin poder ocultar su emoción. Sus compañeros, en especial el director del centro, recuerda cómo se emocionaba con pequeños detalles que vio durante el viaje.

«Fue muy interesante la visión retrospectiva que tenía de Italia, cada paso, los aromas o las vistas le evocaban cosas que ella misma me confesó que no recordaba. Por ejemplo un dulce que vio y que le recordó que su padre los hacia para las bodas, fue tener constantemente la piel de gallina de la emoción», explica Tacoronte.

Intercambio educativo 

Durante una semana compartieron experiencias con alumnos de los centros de adultos que visitaron, conocieron a fondo el patrimonio cultural y artístico de ciudades como Milán, Parma o Cremona y experimentaron de primera mano cómo es estar en un país extranjero del que no conocen casi nada. 

Pudieron asistir a las clases del centro de adultos de Cremona y presentarles el trabajo que desarrollan en el CEPA Las Palmas e intercambiar impresiones. 

«Nos hablaban como si entendiéramos el italiano, y la verdad es que costaba mucho sobre todo si hablaban rápido. Además, tengo que decir que tienen un nivel de inglés peor que el de los españoles», explica entre risas Sergio Suárez, barrendero de la capital grancanaria y uno de los alumnos del centro para adultos.

A la barrera idiomática se sumaron las barreras culturales, sobre todo la gastronómica, que supieron solventar sin problemas. Eso sí, acabaron hartos de comer tanta pizza y pasta. «De la comida nos asombró que casi comen solo pasta y pizza. Encontrabas tiendas de moda por todos lados y luego la comida y los horarios fue lo que más nos llamó la atención. Los horarios son distintos a los de aquí, su forma de vida», relata Martínez.

1.000 kilómetros de recorrido

En lo que coinciden los ocho es en la abrumadora cantidad de edificios históricos, obras de arte y patrimonio cultural que visitaron durante esa semana de estancia. Más de mil kilómetros de recorrido en tren, metro y hasta en barco. 

«Venimos muy culturizados. Fue una experiencia fantástica  e inolvidable. Uno no es muy entendido en pinturas pero estuvimos en sitios muy bonitos y vimos obras que solamente se pueden ver en esos museos. Además visitamos unas catedrales impresionantes, había que echar un día entero para poder verlas con paciencia de todos los detalles que tenían», opina Suárez.

De hecho, Luna Arocha la más joven del grupo de estudiantes volvió a Gran Canaria completamente extasiada de lo que pudo visitar y ver durante esa semana en ciudades como Milán, Brescia o Parma. «Me quedo con toda las obras de arte que vi, me fascinaron. El arte me encanta, sobre todo el gótico. Cuando vi el Duomo de Milán me sorprendí y cuando entré cada vez que miraba algo captaba más mi atención. Con decirte que mi móvil es nuevo y de tantas fotos que hice me quedé sin memora suficiente», explica.

José Tacoronte, director del CEPA Las Palmas junto a Dency Martínez, profesora del Inglés Juan Carlos Castro

La joven quiere, una vez acabe sus estudios en el CEPA Las Palmas, formarse para ser profesora de Educación Infantil y transmitirles su pasión por el arte.

Pero sin duda, la anécdota del viaje en relación al arte que vieron y disfrutaron la protagonizó sin querer la desconocida pintora del renacimiento Sofonisba Anguissola, nacida en Cremona y considerada la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento.

«La casualidad es que tuvimos la visita de una profesora de historia del arte de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) que nos había dado una charla en la que nos nombró a esta pintora. Resulta que cuando estamos en Italia vimos una exposición en Cremona de sus obras, fue una bonita coincidencia. Empezó poco antes de llegar nosotros», recuerda Martínez.

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Unas pinturas y una historia que fascinó a Alba Roda sobre todo por lo mágico de esa coincidencia. «Esa pintora no fue reconocida en su momento. Vimos sus pinturas en un museo y la verdad es que me sorprendió», apuntó.

Un viaje para fomentar la inclusión a través de la educación que terminó con este grupo de estudiantes emocionados con el arte y el patrimonio cultural italiano.