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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Brecha de edad

'Boomers' contra 'millennials': cisma generacional en la oficina

El choque generacional se aviva en la oficina por la convivencia de distintas realidades y visiones diferentes de entender el trabajo

'Boomers' vs 'millennials'.

Agencia de publicidad. Un treintañero choca con su jefe cincuentón durante la presentación del proyecto de una campaña. El mayor debe aprobar la propuesta, y no conoce la plataforma por la que el joven cree que podrían vender mejor la marca (una bebida alcohólica). Es una realidad y formas de pensar distintas que confluyen en el día a día. Resultado: el trabajo acaba en la basura. No convence. Tampoco, seguramente, se entiende. Frustración. Y eso en un sector que vive de engancharse a las tendencias, es decir, con cierto aroma juvenil. "Si hay choque generacional conmigo, ¡imáginate con mi compañero que es de la generación Z!", explica este publicista 'millennial'. 

Más. En una oficina de una empresa de comunicación, un hombre tan mayor como sabio aguanta burlas de sus colegas más jóvenes sobre sus capacidades tecnológicas. Sí, lo digital crea escenas de edadismo en las que se reparten carnets rosas. Y otra más. Un joven comparte mesa y rango con un compañero que le dobla en edad... ¡Y en sueldo! Al final de la jornada uno de los dos no está muy contento –¿adivinan cuál?–. Sorpresa: la precariedad tiñe también las relaciones laborales. He aquí la clave de todo (o parte)

Estas microhistorias son ejemplos de choques generacionales que se producen en la oficina. Hay muchísimas más detrás de este texto. Una cifra dimensiona el encontronazo: un 86% de los trabajadores encuestados en un estudio de la consultora de marcas Insight 180 afirmaron haber "observado conflicto o frustración en el trabajo causado por las diferencias entre generaciones". Lo confirma Enrique Baleriola, experto en Psicología del Trabajo:- "Las diferencias generacionales llevan a que surja tensión, tienen diferentes objetivos mediante distintos métodos de trabajo"

Baleriola, profesor de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), expone que "hay una diferencia muy clara en la trayectoria vital, dos contextos muy diferentes que influyen mucho en cómo entienden el trabajo y qué valoran de él, y pueden verse competidores". Todo esto ha supuesto y supone un cisma entre lo que, generalizando, llamaremos 'boomers' –hijos del 'baby boom', nacidos alrededor del año 60, pero también una palabra que ya ha adoptado un significado cercano a 'carroza'– y 'millenials', la generación que ahora está alrededor de la treintena. 

Lucía Aliagas, coordinadora nacional de Acció Jove en CCOO Catalunya, comparte que al sindicato llegan quejas por "el paternalismo de jefes, gerentes y superiores por motivos de edad". "Se infravaloran las capacidades y opiniones de los trabajadores por el hecho de ser jóvenes", añade, y advierte de que estas quejas suelen venir de mujeres jóvenes, donde se suma el componente machista y patriarcal.

Muchas otras voces apuntan un hecho primordial: que las jóvenes han dejado de tolerar estos comportamientos en la oficina. "Ellas tienen menos miedo y más voz, y ya no toleran según qué cosas", zanja una directiva de la generación X, los nacidos en los 70-80. 

Tópicos y realidades

Pero, ¿cómo son unos y otros? Pues el tópico dice que los 'boomers' son torpes tecnológicos, quejosos, nostálgicos, soberbios y leales a la empresa. Los 'millenials', en cambio, son cortoplacistas, individualistas, dispersos, edadistas y vitalistas. Pero eso son solo etiquetas, ¿verdad? Precisamente esta semana Àngels Barceló calificó de "flojos" a los periodistas más jóvenes en una entrevista por no entender que "las noticias no tienen horario". Y el choque generacional prendió las redes sociales.

No es la primera caricatura del mundo adulto sobre los 'millennials': la revista 'Time' dedicó una portada a esta generación llamándoles "perezosos" y "narcisistas que aún viven con sus padres".

Para entender más este binomio, Carmen de Cachavera, responsable de la consultora de recursos humanos FAB, explica cómo se relacionan con el trabajo los más veteranos: buscan estabilidad, se comprometen a largo plazo, valoran la seguridad y el proyecto profesional por encima del tiempo libre o la flexibilidad horaria. Y los jóvenes: ofrecen su visión digital del mundo –"cosa que también les condiciona profesionalmente"–, aportan frescura, son innovadores, no suelen buscar un trabajo para toda la vida y valoran la flexibilididad horaria. 

De Cachavera insite en que es fundamental que en una empresa convivan perfiles distintos. Y en ese sentido revela: "El salario es sin duda una razón por el que las empresas también buscan perfiles con poca experiencia". A veces, eso se puede llegar a traducir en las endiabladas dobles escalas salariales.

Hay una evidente gran diferencia en el acceso al mundo laboral de unos y otros, circunstancia que define en gran parte este conflicto. De la prosperidad de los años 80 (¡ah!, y el discurso del ascensor social) hasta la gran crisis de 2008 y la destrucción del mercado laboral y, en definitiva, del futuro. 

Pertenece a los 'millennial' Eudald Espluga, filósofo y autor del ensayo 'No seas tú mismo' (Paidós), quien incide en que "este choque generacional se expresa a través de distintas condiciones laborales, de salario, de horarios, de prestaciones... No se explica solo por la edad, sino por un cambio en los condicionantes". El filósofo catalán define a los 'millennial' como una "generación fatigada" que ha chocado de primeras con la idea de que su existencia "tiene que adaptarse al imperativo de productividad tanto en la vida intima como en la pública".

En respuesta a esto, seguramente, y de la mano, sobretodo, de los millennials, se está desestigmatizando la salud mental. "Sin embargo, en el ámbito laboral me parece muy peligroso que se acepte el burn-out como un trastorno y no como un problema social, económico y político que debe ser abordado", apunta Espluga. 

El tapón es el neoliberalismo

Josep Sala i Cullell trasladó a la realidad española el término boomer y lo tradujo como generación Tapón. Este es el título de su libro (Garbuix), en el que expone cómo los nacidos entre mitad de los 40 y mitad de los 60 secuestraron el poder y las instituciones. "Se están jubilando ahora por una cuestión cronológica, pero su influencia aún está ahí", concreta. Sala i Cullell apunta que construyeron un "modelo económico proboomers", protegiéndose y dejando para los que llegaran después precariedad en forma de, por ejemplo, trabajo temporal.

Por su parte, Espluga insiste en que el cisma radica en "el triunfo neoliberal de entender la economía y la política". "Es decir, el modelo extractivista, que agota recursos del medio ambiente, que promueve un hiperindividualismo competitivo y que privatiza todas la áreas de nuestra existencia –continúa–. Creo que no debemos tender a esa confrontación generacional sino a buscar formas de politizar colectivamente este malestar".

Politizados... o no

En una conversación con este diario, una trabajador comentaba que le sorprendía que sus jóvenes compañeros estaban "cero politizados". Lucía Aliagas, coordinadora nacional de Acció Jove en CCOO Catalunya, considera que no se puede analizar la implicación social de los millennials con los datos de sindicación juvenil. 

"¿Por qué no lo hacen? La respuesta es la precariedad. Es difícil que alguien se sindique cuando su realidad laboral es precaria, inestable y temporal", zanja Aliagas.

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