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La Provincia - Diario de Las Palmas

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EDUARDO MATOS MOCTEZUMA | ARQUEÓLOGO, PREMIO "PRINCESA DE ASTURIAS" DE CIENCIAS SOCIALES 2022

Eduardo Matos: "Entre México y España no debería haber rencor; están unidos por la historia y el destino es común"

"La arqueología es esa máquina del tiempo que nos permite viajar al pasado para traerlo al presente, pero se necesita mucha paciencia y apoyo de otras disciplinas"

Eduardo Matos Moctezuma. / Reuters

–Tiene 81 años.

–81 y a punto de cumplir 82. No me lo recuerde...

–Y sigue trabajando.

–Claro, claro. En este momento tengo la computadora enfrente, tengo que terminar un trabajo. Sigo investigando, escribiendo, dando conferencias...

–¿Y por qué?

–Porque es mi profesión. Amo la arqueología, amo el pasado y, por lo tanto, lo sigo practicando.

Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1941), referente mundial de la arqueología, cuya labor ha contribuido a reconstruir las civilizaciones de México y Mesoamérica, recogerá en poco más de un mes el Premio "Princesa de Asturias" de Ciencias Sociales 2022.

–¿Está nervioso?

–No, en absoluto, ¿por qué habría de estarlo? Estoy muy contento.

Y deseando llegar a "aquellas tierras". Desde México, en conversación telefónica con este diario, Matos dice estar "emocionado" por conocer Asturias y recibir el premio "Princesa", el cual considera que es "un altísimo honor". Desde que el pasado 18 de mayo, le comunicaron que era merecedor de este galardón, le advirtieron que los periodistas le iban a tener "un poco agobiado".

–Yo pensé que exageraban. Pero no, hubo entrevistas ese día, al día siguiente y hasta hoy. Prensa, radio, televisión... Pero me da mucho gusto. Hay que dar a conocer todo esto.

Eduardo Matos es líder del proyecto Templo Mayor, en pleno centro de Ciudad de México, y lleva toda una vida de excavaciones en ciudades como Tepeapulco, Bonampak, Comalcalco, Cholula, Coacalco, Tlatelolco, Tula y Teotihuacan.

–¿Cuándo tuvo clara su vocación como arqueólogo?

–Estaba estudiando el Bachillerato y no sabía qué iba hacer en la universidad. Un buen amigo me prestó un libro, que se llama "Dioses, tumbas y sabios" y me apasionó el capítulo dedicado al antiguo Egipto. Ahí fue cuando tomé la decisión de estudiar arqueología. De inmediato, fui a la Escuela Nacional de Antropología y me inscribí para empezar mis estudios allá por 1959.

–¿Las piedras le hablan?

–Más bien hay que hacerlas hablar. El arqueólogo encuentra vestigios del pasado que luego hay que interpretar, hay que investigar el contenido que portan. Es una tarea ardua, porque se necesita hacer con mucho rigor.

–Si tuviera una máquina del tiempo, ¿a qué época le gustaría viajar?

–Yo creo que habría muchos momentos. Siempre he dicho que la arqueología y la historia es esa máquina del tiempo que nos permite viajar al pasado para recuperarlo y traerlo al presente.

–¿Del viaje al pasado que ha emprendido en México qué es lo que más le ha llamado la atención?

–El centro de México es la región que más me ha interesado porque aquí tenemos una enorme cantidad de restos arqueológicos. Por ejemplo, tenemos una de las ciudades más grandes de Mesoamérica, que es Teotihuacan, que tuvo su fin hacia el año 650 de nuestra era. Pero también tenemos otros lugares en los que pude trabajar, como Tula y, finalmente, la ciudad de Tenochtitlan, la capital del imperio mexica o azteca. En ella he centrado mi interés en los últimos 40-45 años, con excavaciones en el Templo Mayor.

–Hábleme de Tenochtitlan.

–Lo más fascinante es que está debajo de la actual ciudad de México. Hay que excavar en ese contexto urbano para poder penetrar debajo de ella y llegar a aquella ciudad, que fue la que conocieron los españoles cuando llegaron en el año 1520 y que, finalmente, conquistaron contando con el apoyo de miles y miles de contingentes indígenas, enemigos de los aztecas. Esa ciudad quedó sepultada, ya que sobre ella se erigió la ciudad colonial de México y, después, la ciudad actual.

–Queda entonces mucho por descubrir... ¿Solo se podría avanzar si se demoliera la actual ciudad?

–No es necesario hacerlo (risas). Hemos podido avanzar mucho en nuestros trabajos de excavación en pleno corazón de México, en donde se encuentra el Templo Mayor y otros muchos edificios de esa antigua ciudad. Conocemos parte de ella, pero obviamente no toda por la situación que estamos comentando.

–Podrían estar años y años rebuscando en el pasado.

–Así es. En realidad, la arqueología es una disciplina que requiere de mucha paciencia, pero además necesita del apoyo de otras disciplinas científicas. Actualmente, la arqueología no se conoce por sí sola, sino que tiene que ir acompañada de otras ciencias como la química, la geología, la biología... En nuestras excavaciones del Templo Mayor participa un equipo multidisciplinar con el objetivo de obtener la mayor información posible sobre esa sociedad del pasado.

–Reflexione sobre la conquista de América. 

–Sabemos que a partir de esos dos mundos, que eran Europa y América, poco a poco se fue dando un proceso de colonización del que obviamente México no se escapó. Así tenemos, a partir de 1519, algunas expediciones que partían desde Cuba para costear el territorio mesoamericano, hoy México. Eso se concreta en 1519 cuando Hernán Cortes llega con su gente. Primero a Yucatán y después, poco a poco, va avanzando hasta lo que hoy es Veracruz. Allí se asienta y cuenta con el apoyo de la población local. ¿Por qué razón? Porque los habitantes de esa región estaban siendo sometidos por el imperio mexica. En su expansión, este imperio conquistaba regiones y les aplicaba un tributo que en ocasiones era muy severo. Entonces, cuando Cortés llega a esas tierras, de inmediato se da cuenta de esa situación y la población local le brinda su apoyo para liberarse de los mexicas. Es así como Cortés avanza hacia el centro de México y consigue la unión de grupos indígenas hasta que en 1521 toma las dos grandes ciudades mexicas. 

–¿Cree que España debe por ello pedir disculpas a México, como reclamó el presidente López Obrador?

–Eso quedó saldado en el siglo XIX cuando México en 1821 se independiza de España, pese a que hubo una guerra cruenta. Pocos años después, además, hay acuerdos entre ambos países y España reconoce a México independiente. Hacia 1839 hay un intercambio de embajadores y aquí viene el español Don Ángel Calderón de la Barca. A partir de ese momento hay relaciones, que salvo durante el franquismo, llegan hasta nuestros días. Yo creo que no hay que guardar rencores por ninguna de las partes, sino al contrario: México y España tienen un destino común, están unidos por la historia y deben ver así el futuro. 

–El pasado agosto salió a la luz que uno de los descubridores de la tumba de Tutankamón saqueó el tesoro funerario antes de comunicar su hallazgo. ¿Estas noticias en qué situación les deja a los arqueólogos?

–Yo soy un estudioso de la historia de la arqueología y he escrito precisamente sobre el hallazgo de la tumba. Hace exactamente un siglo, el 5 de noviembre de 1922, el británico Howard Carter encuentra la tumba de Tutankamón. Yo creo que él llevó a cabo una labor muy cuidadosa del interior de la tumba, registrando todos los objetos... Habría que analizar muy bien antes de calificar cualquier acción sobre este asunto. 

–¿Lo que fuimos explica lo que somos y lo que seremos?

–La arqueología y la historia nos ayudan a conocer nuestro pasado, pero también nuestro presente y desde luego nos proyecta hacia el futuro. Aunque es una frase muy usada, estas disciplinas nos permiten conocernos a nosotros mismos. 

–Si dentro de miles de año un investigador encontrara ruinas de nuestro presente, ¿qué le llamaría la atención?

–Espero que viva muchos años para que pueda entrevistarles (risas). La tecnología aplicada a la arqueología se va renovando, se va enriqueciendo con paso del tiempo. No sé qué alcance tendremos en el futuro, pero desde luego habrá una tecnología espectacular. Lástima que ya no viviremos para verlo, pero les deseo éxito a mis colegas del futuro. 

–¿Tiene algún sueño por cumplir?

–A estas alturas yo creo que muchos de mis sueños están cumplidos. Únicamente deseo que se pueda continuar con investigaciones y trabajos, tanto en la cultura como en la ciencia, que nos permitan avanzar y saber mucho más del pasado. 

–¿Conoce Asturias?

–No, conozco mucho la parte sur de España, pero en la zona del Cantábrico no he tenido la oportunidad de estar. Estoy muy emocionado por llegar a Oviedo y conocer el Principado y por recibir este galardón que considero que es un altísimo honor. Es uno de los premios más importantes a nivel internacional. 

–¿En estos meses ha indagado algo sobre Asturias? 

–Generalizando, la de España es una historia apasionante. Siempre me ha interesado. Estoy leyendo y viendo algunas cosas, sí. Quiero conocer Oviedo, aunque tengo un programa muy apretado de charlas, entrevistas... No sé si me dará tiempo a todo. 

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