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Así es la historia del intento de envenenamiento del obispo de Canarias Ximénez Rabadán

El que fuera máximo representante de la Iglesia en las Islas en el siglo XVII vivió numerosas anécdotas

Imagen de un mapa histórico de las Islas Canarias.

Imagen de un mapa histórico de las Islas Canarias. / Gobierno de Canarias

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Las Palmas de Gran Canaria

Fueron varias las vivencias que hicieron de Ximénez Rabadán un personaje digno de mención. El que fuera obispo de Canarias entre los años 1665 y 1690 fue el protagonista de algunos episodios que hicieron su estadía en las Islas, una de las más curiosas de la historia.

De hecho, ya desde su nombramiento, el religioso (natural de Huelva) se distinguió por ser el que más tiempo tardó en llegar desde la Península hasta el Archipiélago. En concreto, fueron 178 días los que tardó en cubrir dicha distancia (desde Cádiz), algo inaudito incluso en la época, pero una serie de casualidades (y causalidades) hizo que no pudiera arribar en Canarias con anterioridad. Tras zarpar desde la bahía gaditana, el rumbo ya era el equivocado, puesto que confundieron Canarias con las Azores; sin embargo, tras intentar enderezar la trayectoria fue peor el remedio que la enfermedad y acabó en Las Indias, intentando localizar un barco que los trasladara hacia el Archipiélago.

No llegó hasta casi tres meses después de lo esperado, concretamente a Tenerife, donde lo recibieron con ilusión, puesto que se pensaba que Rabadán había muerto durante el viaje.

Conspiración para asesinarlo

Pese a que se caracterizó por ser un obispo bastante apreciado en las Islas, donde realizó una intensa actividad pastoral, el también conocido como el 'San Pablo de Canarias' (sobre todo por su extraordinaria selección producción de documentos como encíclicas, edictos y mandados, escritos doctrinales, etcétera) sufrió un episodio inédito, en el que salvó la vida por una curiosa casualidad.

Entre sus enseres, Rabadán no contaba con nada demasiados objetos valiosos, excepto una cucharilla de plata que fue lo único que le quedó, tras todo lo que había perdido en numerosos viajes. Gracias a este objeto, se pudo dar cuenta de que un huevo pasado por agua (era su plato favorito para la cena) traía la muerte en su interior (se habían aliñado con un compuesto letal de cloro y mercurio). Al parecer, cuando el obispo se disponía a degustar el huevo, al entrar en contacto con la cucharilla, la plata reaccionó y se puso negra (, lo que fue una pista para que Rabadán se diera cuenta de que algo no iba bien. Se obligó a vomitar y gracias a la ayuda de los medicamentos, logró continuar con vida.

Cuadro con la imagen del que fuera obispo de Canarias (1665-1690), Ximénez Rabadán.

Cuadro con la imagen del que fuera obispo de Canarias (1665-1690), Ximénez Rabadán. / LP/DLP

Al parecer, un eclesiástico al que el obispo había apresado anteriormente, conspiró con algunos de los miembros del servicio de la casa episcopal para matarlo. Rabadán vivió el resto de sus días, sufriendo las secuelas de esta intoxicación.

Pese a que intentó dimitir de su cargo, Rabadán se vio obligado a seguir ejerciendo, debido en gran medida a la insistencia tanto de los feligreses como de las autoridades insulares. Finalmente, el 30 abril de 1690 sufrió el primero de unos cuantos achaques de apoplejía con convulsiones que le dieron a diario hasta que el 14 de mayo del mismo año, víspera de Pentecostés, falleció en Canarias.

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