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«Mi sueño es diseñar una misión basada en la biomedicina»

Mientras Sara García investigaba terapias para el cáncer decidió también postularse como astronauta para la ESA, y tras varias duras pruebas, consiguió alzarse como la primera mujer astronauta de España

| maría pisaca

Sara García (León, 1989) siempre tuvo inquietud por descubrir el mundo que le rodeaba. Mientras investigaba terapias para el cáncer decidió también postularse como astronauta para la Agencia Espacial Europea, y tras varias duras pruebas, consiguió alzarse como la primera mujer astronauta de España.

¿De qué siente más orgullo de todo el trabajo realizado en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO)?

Haber creado un equipo dentro del grupo de investigación del doctor Mariano Barbacid. Cuando entre como investigadora postdoctoral en el centro, me plantearon un problema que llevaban 30 años intentando resolver. Querían producir una proteína insoluble, para ver cómo funcionaba como diana terapéutica. Básicamente, me dieron el proyectillo que creían que no iba a salir, que me iba a llevar mucho tiempo y con el que me iba a volver loca haciendo protocolos para no publicar nada. Y, sin embargo, de ahí salió una vía de investigación enorme en la que estamos involucrados un equipo de diez personas y muchos estudiantes. Me han dado la libertad absoluta para dirigir esa línea de investigación, diseñar los experimentos, formar nuevos estudiantes y transmitir esos conocimientos. Ahora veo que esos estudiantes están implicados y han aprendido lo que es trabajar en equipo para sacar adelante nuestro «bebé». Haber creado esa dinámica es de lo que me siento más orgullosa.

¿Cómo cree que su experiencia laboral previa puede contribuir en las misiones espaciales?

Esa dinámica del trabajo en equipo es casi lo más importante que ha buscado la selección de astronautas. Obviamente hay que tener ciertas capacidades intelectuales y requisitos médicos que debes cumplir, pero casi todo el resto del proceso ha sido una evaluación psicológica. Porque debíamos demostrar que, llegado el momento de embarcarnos en una misión espacial, en la que hay que convivir seis meses con otras tres personas en un recinto confinado y sin escapatoria, éramos capaces de solucionar problemas y hacer investigación. En eso consiste las misiones a la estación espacial internacional en trabajar en equipo, tener una buena dinámica y buscar el éxito de la misión. Y eso es lo que hago siempre en laboratorio.

Durante la selección de la ESA se codeó con muchos científicos con una gran trayectoria, ¿sintió vértigo alguna vez durante en ese proceso?

Continuamente. Lloré de emoción cuando me invitaron a la primera etapa, porque yo no pensaba ni pasar el screening. Al fin y al cabo soy una biotecnóloga que viene de una ciudad pequeña. Me imaginaba un algoritmo filtrando a todo aquel que no respondiera que había estudiado en Oxford o una cosa así. Por eso, cuando me invitaron a ese pequeño grupo para hacer las pruebas, fue un orgullo inmenso. Cuando empecé a conocer los perfiles claro, aunque no me guste compararme, al final es inevitable, porque la gente que había llegado allí era fascinante. Y eso fue en parte de lo mejor del proceso. Conocer a ese tipo de gente con vidas tan extraordinarias y que, encima, no alardeaba nada pese a tener currículums que nos callarían la boca a todos.

¿Sigue teniendo relación con ellos?

Sí, sí. Hemos construido lazos bastante profundos, especialmente los que llegamos al final. Los 17 de esta promoción hemos pasado por mucho y ha sido muy intenso.

¿Qué le gustaría lograr de esta experiencia?

De la experiencia ya han salido muchas cosas que me llevo de por vida. Pero como siempre hay que ir un pasito más allá, mi sueño ahora sería tener una misión asignada. Y el sueño perfecto es que esa misión esté relacionada con investigación biomédica, a poder ser oncológica. Así juntaría un poco mis dos perfiles.

"El trabajo en equipo es casi lo más importante en la selección de astronautas"

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¿Cómo podría aunar ambos perfiles en el espacio?

Pues planteando una misión en la que se busque solucionar un problema aprovechando las ventajas de investigar en la Estación Espacial Internacional donde no hay gravedad. En temas de oncología hay múltiples opciones que se pueden investigar y que pueden resultar muy útiles con muchas aplicaciones en Tierra. Eso lo que me gustaría, diseñar y ser la ejecutora de una misión espacial, relacionada con investigación biomédica que tenga una aplicación directa para personas que vivimos aquí,.

Cuenta que ya atesora muchas experiencias tras su nombramiento, ¿pero qué es lo más bonito que recuerda?

No me imaginaba las consecuencias que tendría. En aquel momento aventuraba a pensar que saldría en medios, pero la verdad es que creí que sería cuestión de una semana, con un par de noticias y se acabó. Ha sido un poco más. Ahora me estoy dando cuenta que, sin yo buscarlo ni haberlo imaginado, se me ha dado un altavoz para divulgar la ciencia y para intentar que la gente entienda en qué consiste la exploración espacial. Que no es simplemente subir astronautas en cohetes a vivir una aventura, sino que es investigación y desarrollo tecnológico para mejorar la vida en la Tierra. Desde este altavoz también puedo animar a otras mujeres a perseguir carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), si es lo que les motiva. Tener esa oportunidad de hablar, de contar, de compartir mi experiencia y que a alguien le sirva y le de ese puntito de energía o seguridad que necesitaba para atreverse a tomar una decisión, eso es algo muy bonito y que me enorgullece.

¿Siente que se le da la suficiente importancia a la ciencia?

Aunque aún no se invierte lo que se debería invertir en ciencia, creo que a nivel social es algo bastante compartido independientemente de tu ideología o partido político. Cuando preguntas si habría que invertir en ciencia o si la ciencia es importante, casi toda la sociedad afirma que sí. Ese pensamiento está calando y probablemente el coronavirus tuvo mucho que ver. Por eso, creo que vamos en la buena dirección y que se le está dando importancia a la ciencia, aunque aún queda mucho porque se ha descuidado y maltratado un montón.

El coronavirus ha hecho que cale a nivel social la importancia de que se invierta en ciencia»

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Se ha convertido en un referente, ¿cómo lleva el tema de dar charlas a jóvenes y niños?

Es muy bonito aunque al principio siempre asusta un poco. El otro día impartí una charla para 1.600 estudiantes adolescentes, con lo que eso implica. Algunos me comentaban que la charla le había inspirado mucho, otros que les había sacado de dudas. Me emocioné al ver esa ilusión y al comprobar que hay algunos a los que realmente les sirve lo que les cuento. Al fin y al cabo yo he vivido cosas muy parecidos a las que están atravesando ellos. No soy un alienígena ni una persona diferente. He tenido los mismos miedos, dudas e inseguridades y he crecido en ambientes similares. Por eso, que ellos vean que se puede llegar a lo más inimaginable, como es ser astronauta, partiendo de una situación similar a la suya, yo creo que les anima y me hace mucha ilusión.

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