Asuntos Sociales
Veterinaria contra viento y marea
La joven con Asperger, Amaya Marquina, logra su primer trabajo cuatro años después de titular, de la mano del Colegio de Veterinarios de Las Palmas con el proyecto de las colonias felinas

La veterinaria Amaya Marquina delante de la sede del Colegio Oficial de Veterinarios de Las Palmas. / Juan Castro

La vida de Amaya Marquina, diagnosticada de Asperger, es una historia de superación. Quería ser veterinaria desde los cuatro años y, pese a sumar inumerables dificultades, se tituló en 2018. Desde entonces son muchas las puertas que ha tocado sin éxito para trabajar, pero su perseverancia hizo que en 2022 lo consiguiera de la mano del Colegio de Veterinarios de Las Palmas, formando parte del equipo de gestión de las colonias felinas urbanas.
«Constancia, sacrificio y, sobre todo, creer en uno mismo». Estas son las claves que han llevado a Amaya Marquina, diagnosticada con el síndrome de Asperger que forma parte de los trastornos del espectro autista (TEA), a ir superando obstáculos y a conseguir cada meta que se ha propuesto. Entre ellas, la de ser veterinaria, un deseo que tiene desde los cuatro años y que logró cumplirlo en 2018 tras graduarse en la ULPGC. Su siguiente reto era conseguir trabajo como veterinaria, y ese le costó cuatro años. Fueron muchas las puertas que tocó sin éxito, hasta que el Colegio de Veterinarios de Las Palmas la seleccionó en 2022 para formar parte del equipo de veterinarios que gestionó el Programa de Gestión Insular de Colonias Felinas Urbanas financiado por el Cabildo de Gran Canaria y llevado a cabo entre marzo y diciembre de 2022.
«Esta ha sido mi única experiencia laboral, desde que acabé la carrera en 2018 y el máster en 2019, y por eso estoy muy agradecida al Colegio de Veterinarios, porque si para cualquier persona encontrar trabajo hoy en día es difícil, para una persona con discapacidad lo es aún más».
Lo cierto es que la joven de 32 años no ha parado de formarse en estos cuatro años, tras acabar Veterinaria, estudió Auxiliar de Enfermería y se sacó el certificado de docencia para el empleo, entre otras acciones. «No me limité a buscar trabajo de veterinaria, que era mi sueño, sino que seguí formándome, con la intención de ampliar currículo e intentar labrarme otras posibles salidas profesionales».
Inyección de confianza
En 2022, cuando el Colegio de Veterinarios sacó la oferta de empleo para el proyecto de las colonias felinas urbanas, Amaya lo solicitó y finalmente fue seleccionada. «Otra de las cosas que hacía era estar muy atenta al correo para las posibles ofertas de empleo, y como soy colegiada, cuando me llegó esta oferta me pareció muy interesante y probé a intentarlo».
Su primera experiencia laboral la califica como muy positiva, tanto por haberse sentido miembro de un equipo de trabajo, como por haber contribuido en la parte administrativa del proyecto y en el diseño de la página web del programa, como asesora de contenidos. «Ha significado mucho, la verdad, sobre todo me ha aportado más confianza en mí misma, porque yo no estaba acostumbrada a un entorno laboral, no sabía a que me iba a enfrentar, y ver que he sido capaz, me ha aumentado la autoestima. Me han ayudado a ver que soy más capaz de lo que yo creía».
«Estoy muy agradecida al Colegio porque me han ayudado a ver que soy más capaz de lo que creía»
Llegado a este punto, Amaya se pone seria para decir que, aunque ahora todo parece sonreírle, lo cierto es que ha tenido que esforzarse mucho para conseguirlo. «Tardé diez años en acabar la carrera porque me marcaba metas pequeñas, asignatura por asignatura. Cuando la aprobaba decía, venga una asignatura menos, a la siguiente, porque si piensas a lo grande, al final es más fácil que te frustres si no lo consigues. Mantener esa constancia es lo que me ha servido», pero confiesa que durante sus estudios tuvo que esquivar algunas crisis que la empujaban a tirar la toalla.
Quizás la peor fue volver a sentirse aislada en el entorno universitario, donde volvieron los fantasmas del bullying que sufrió en su etapa escolar. «Los primeros años en la Universidad fueron horrorosos. Yo venía de sufrir bullying en el colegio y en el bachillerato, y en la carrera pasó lo mismo. Fui una ilusa al pensar que en la Universidad no me iba a pasar, que había gente más madura, pero me di de bruces con la realidad».
Una realidad que a mitad de carrera cambió, con la ayuda de su tutora, la profesora, Eligia Rodríguez, que la ayudó a abrirse más. «Cuando llegué a la Universidad acababa de salir de una depresión, de hecho estaba todavía con medicación y si ya tenía una coraza puesta después de lo que me había pasado, me encerré todavía más, pero Eligia me empujó a hablar, y una vez fui capaz de abrirme, ya fluyó todo mucho más fácilmente, y a partir del quinto año fue todo mucho más fácil».
«A lo mejor no puedo hacer las cosas como la mayoría de la gente, pero eso no quiere decir que no sea capaz»
Su lema es «lo que no te mata te hace más fuerte» y a día de hoy confiesa que los obstáculos la han hecho «la persona empoderada que soy hoy».
Aunque el proyecto de gestión de colonias felinas urbanas en Gran Canaria concluyó con éxito este año, Amaya Marquina ya tiene un nuevo reto profesional, esta vez en el Museo Elder, que consiguió a través de la Asociación Asperger Islas Canarias (Aspercan). Se trata de su primer contrato de larga duración, porque es para tres años, centrado en el ámbito de la Astrofísica. «Estoy muy ilusionada, sé que no es de veterinaria, pero no puedes rechazar un trabajo por tres años, con la que está cayendo hoy en día. Voy a recibir también una formación previa por parte de un astrofísico, ya que el programa es en colaboración con el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y creo que le voy a disfrutar mucho porque también es un área que me atrae un montón. Hay que estar abierto a todo y no cerrarse puertas».
Su perseverancia ha sido clave para lograr todo lo que se propone. Por ello, a las personas que, como ella, no lo tienen fácil en la vida, y a la sociedad en su conjunto, les quiere transmitir que, tener un trastorno o dificultades no impide conseguir sueños. «Tenemos que pararnos a pensar en qué es valer y no valer. A lo mejor yo no puedo hacer las cosas como la mayoría de la gente, pero eso no quiere decir que no sea capaz, a lo mejor puedo hacerlo pero de forma diferente y al final el resultado es el mismo», concluye.
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