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Asuntos Sociales

Las millenial renuncian a la maternidad

Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y la Laguna son las ciudades con menor tasa de fecundidad de España, con apenas a 0,8 niños por mujer

Una madre acompaña a su niña a la puerta del colegio. | | DELIA PADRÓN

«No me importaría tener hijos, pero me echa para atrás no tener un trabajo ni un hogar estable donde criar a mi hijo o hija». Con 30 años recién cumplidos, la tinerfeña Elisenda Yanes mantiene la esperanza de ser madre, pero retrasa el momento a la espera de disponer de una «seguridad» de la que hoy en día carece.

La precariedad, el paro juvenil, la falta de acceso a la vivienda e incluso las efímeras relaciones de pareja han provocado que Canarias sea hoy la comunidad con una tasa de fecundidad más baja de toda España. Las mujeres canarias no llegan a dar a luz ni a un hijo cada una (0,8) y las principales ciudades del Archipiélago se encuentran a la cola del país, lastrando a su vez la natalidad y agudizando el envejecimiento de la población.

Como Yanes son muchas las mujeres de la generación Y o millenial (nacidas entre 1981 y 1996) para las que la maternidad ha pasado a un segundo plano por una falta de estabilidad tanto en el ámbito laboral como en el área sentimental. «El de la baja fecundidad en Canarias un fenómeno que lleva tiempo consolidándose pero se ha agudizado con las dos últimas crisis, la de 2008 y la del coronavirus», revela el sociólogo de la Universidad de La Laguna (ULL), José León García.

Un reciente análisis del Instituto Nacional de Estadística (INE) corrobora la tendencia. Las ciudades con menor número medio de hijos por mujer, con datos de 2020, fueron San Cristóbal de La Laguna (0,81 hijos por mujer), Santa Cruz de Tenerife (0,87) y Las Palmas de Gran Canaria (0,88). Entre las cinco ciudades con menor fecundidad también se encuentra Telde, con 0,90 hijos por mujer.

El 70% de los niños que nacen en Canarias lo hacen en parejas de hecho, más inestables

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Una cifra muy alejada de la media española (1,19 hijos por mujer) y a años luz de los datos que constatan ciudades como Melilla (1,77), Lorca, en Murcia (1,65) o Manresa, en Cataluña (1,45). «Nunca habíamos tenido una tasa tan baja», relata García, que insiste en que esta cifra es «aún menor» en las zonas rurales, pues la población en los pueblos lejanos a la capital está más envejecida.

Son varios los motivos que han llevado a Canarias al pozo de la fecundidad. La alta tasa de desempleo que ha arrastrado Canarias durante los últimos 15 años –desde el crack económico de 2008– es uno de ellos. Desde 2008 la tasa de paro ha oscilado entre el 20% y el 34%, la más alta de toda España. Tras la crisis del coronavirus se ha conseguido rebajar pero en el segundo trimestre del 2023 el 15% de los isleños estaban en paro. Además, la tasa de paro juvenil (en menores de 25 años) asciende al 32,2%.

Ni independientes ni casados

«Las condiciones económicas dificultan independizarse o casarse», explica García. A la precaridad se une el salario más bajo de España, el índice de pobreza más alto y, en el último año, también la inflación. «Hace unos años con un sueldo de 1.300 euros te podías permitir pagar una casa y mantener a tus hijos, pero hoy en día el mismo salario no me permite darle una vida decente a un nuevo ser humano», reflexiona Yanes.

El desempleo juvenil en las Islas, cuya tasa asciende al 32%, retrasa la emancipación

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Pero en Canarias también hay un factor clave, y es la dinámica social de una población que, en lo que se refiere a relaciones sentimentales, tiende a comprometerse poco y rompe con facilidad. «Canarias tiene uno de los índices de nupcialidad más bajos de España», explica García, que insiste en que este vínculo suele estar relacionado con una relación más fuerte y estable, por lo que también «incrementa la posibilidad de tener hijos».

De hecho, desde la década de los años 70, en Canarias nacen más niños en parejas de hecho que en matrimonios. «Estas relaciones son siempre más inestables, por lo que hay menos posibilidad de tener niños», relata. Pero además, «para rizar el rizo», los canarios también son los que más se divorcian. «Todos los elementos juegan en contra de la natalidad».

Relaciones planas

La graduada en Derecho, Lorena González, también de 30 años, da fe de ello. «Me gustaría formar una familia pero en el mundo actual no existe compromiso en la pareja», define. Durante este tiempo se ha dado cuenta de que las parejas con las que ha podido intimar «no se paran a conocer a la otra persona, ni profundizan en el vínculo», lo que para ella es un síntoma de que las relaciones «ya no tengan proyección de futuro y se centren únicamente en el corto plazo».

El ideal de González es perpetuar el tipo de relación con la que ha crecido y ha visto reflejada en sus padres: «una familia unida». Pero las circunstancias que narra no se lo pone fácil. «No me gustaría que mis hijos tuviesen que pasar por una separación o malos rollos entre sus padres», explica.

Los sociólogos piden hacer «pedagogía» para hacer énfasis en los beneficios de tener hijos

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También están las mujeres que deciden no tener hijos. Un patrón sociológico cada vez más extendido porque «nos estamos acostumbrando» a hacerlo. «Tener hijos es una dedicación y un coste añadido que muchas no están dispuestos a asumir», revela el investigador. Es el caso de la farmacéutica Erica Galindo, de 28 años, que admite que ni se lo plantea. «Me cortaría toda la libertad que he conseguido y me obligaría a estar pendiente de ellos», destaca Galindo.

Y en última instancia, un aspecto en el que inciden las mujeres consultadas, especialmente en los últimos años, es la crisis climática que sufre el planeta. «Dentro de un par de años estos problemas pueden ir a más, y nuestros hijos se verían obligados a padecerlos», lamenta Yanes.

Para frenar la caída en picado que sufre la natalidad, los Gobiernos deben llevar a cabo unas políticas atractivas que permitan facilitar la conciliación y mitigar el sobrecoste de las familias que decidan embarcarse en la aventura de ser padres. Sin embargo, los sociólogos advierten que puede que ni así sea suficiente.

Y es que todos los motivos que se han ido esgrimiendo a lo largo de las últimas décadas para desistir de la maternidad han ido creando una bola que forma «patrones de conducta demográfica» muy difíciles de romper, pues se asumen con las generaciones posteriores y continúan en el tiempo. «Hay que hacer pedagogía para que la sociedad entienda los beneficios que existen en la maternidad y la paternidad tanto a corto como a largo plazo», concluye el investigador.

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