Empleadas del hogar: “Venimos a trabajar, no a ser esclavas”
En su área de empleo, Cáritas trabaja el empoderamiento de empleadas domésticas al detectar que desconocen sus derechos y no cuentan con redes de apoyo

Agencia ATLAS

Con 21 años, Leticia Guevara viajó a Gran Canaria desde Honduras. Tan solo tenía como contacto a las hijas de su madrina. Aterrizó un sábado, durante la noche. Al día siguiente, tenía que ir desde Las Palmas de Gran Canaria hasta Telde para empezar a trabajar cuidando a una persona mayor en una casa. Su empleo consistía en estar dentro de la vivienda durante las 24 horas, de lunes a domingo. Y este era el único día en el que podía disponer de unas pocas horas de libranza. “Salía a coger un poco de aire. Luego volvía y era un encierro total”, recuerda.
Recién llegada, sin conocer nada de la Isla, desempeñó ese trabajo durante tres meses. En las escasas ocasiones que podía tener tiempo libre, no sabía cómo desplazarse. “Me perdía porque no conocía nada, me parecía todo igual. Fue hace 15 años y era más complicado. Creo que tuve muchas ganas de llorar en muchas ocasiones”, relata. Ahora, tras haber ampliado su formación y contar con una amplia experiencia a sus espaldas, reivindica la importancia de buscar redes de apoyo para evitar situaciones de abuso y tomar conciencia de sus derechos.
“Yo tengo mis estudios, pero crees que cuando llegas lo único que puedes hacer es limpiar casas, cuidar personas mayores o niños. Llegamos con una mentalidad de que no podemos buscar un trabajo diferente, como en una tienda, porque creemos que se nos van a cerrar las puertas. Pasa mucho, mucho tiempo hasta que tomas consciencia de la explotación”, explica Guevara.
Apoyo a las trabajadoras del hogar.
En su servicio de orientación e intermediación laboral, Cáritas Diocesana de Canarias ofrece un acompañamiento específico al colectivo de las trabajadoras del hogar. “Las empleadas domésticas no conocen el sistema del país, ni el territorio o los derechos laborales propios de cualquier trabajadora, ni siquiera el salario mínimo interprofesional. Son mujeres muy solitarias, que llegan a Gran Canaria, se meten en una casa a trabajar y ni siquiera tienen red de apoyo, ni una amiga ni a nadie a quien contarle de que trabajan en una casa en la que no le dejan ni beber agua. Las escuchamos e intentamos empoderarlas con apoyo, información y formación en los derechos y en labores específicas del empleo doméstico”, detalla Elisabeth Herrera, técnica del área de Empleo de Cáritas Diocesana de Canarias.
Maria Arias, de 66 años, acudió al servicio cuando se quedó sin empleo. Llegó totalmente sola a Gran Canaria para trabajar como empleada doméstica. “Venía con la mentalidad de lo que iba a hacer. No tenía muchos estudios y quería mejorar mi vida personal y la de mi familia y lo único que se encuentra aquí es el trabajo como empleada del hogar”, narra. Arias trabajaba incansablemente, a veces encadenando hasta tres trabajos entre casas y en empresas en una misma jornada que se alargaba hasta la noche, durmiendo apenas cinco horas cada día.
“Es muy distinto estar trabajando solamente en limpieza externa que trabajar como interna, que no puede uno ni moverse y tienes toda la carga”, matiza Arias. En teoría, una trabajadora en modalidad externa trabaja 40 horas semanales y en modalidad interna convive con las familias con un mínimo de descanso semanal de 36 horas. Pero en la práctica dista mucho de ser así porque, entre otras razones, la profesión puede generar un vínculo especial entre empleadores y empleados y las vacaciones, permisos de días libres o para ir al médico se pueden convertir en una utopía en función de la empatía de la parte contratante.
Arias trae a colación una familia para la que trabajó y a la que le une una relación “muy especial” por el trato que le dispensaron. “Una señora para la que trabajaba mandaba a los hijos a que me recogieran. Me hacían sentir parte de la familia. Lo que ella me dijera, yo lo hacía. Y no era por dinero. Me sentía bien, agradecía que me apoyara o que me ayudase”, rememora, emocionada. Pero también ha vivido la parte contraria, de llegar a una casa y que ni siquiera le ofrezcan un vaso de agua.
En este sentido, Guevara también narra su experiencia cuidando a un bebé y una niña, con un horario de las 07.00 a las 20.00 horas y fines de semana libres, algo que veía como “un regalo”. Pero en ocasiones, los padres regresaban a la casa más tarde de lo estipulado. “Los martes iban al cine y yo tenía que quedarme hasta la hora que ellos llegasen, a veces hasta las 00.00 o 01.00. Y al día siguiente tenía que volver a mi trabajo a las 07.00. Los viernes también salían y había veces que salía a las 03.00”, añade. Pero con esa familia pudo darse de alta en la seguridad social.
“He firmado contratos con dos o tres familias”
Porque otro de los principales problemas de este trabajo es la dificultad que se encuentran para firmar un contrato. “He firmado contratos con dos o tres familias”, recuerda Arias, uno de los cuales le sirvió para poder regularizar su situación. “Es primordial, pero por la necesidad de trabajar, no te importa no firmar”, remarca. Es lo que puede marcar la diferencia a la hora de percibir el salario. “El sueldo era de 800 euros como interna, pero a veces te decían que no podían y te pagaban solo 500 euros. Y una acepta por necesidad. La explotación es al máximo. Quienes mejor me han pagado, me han pagado el mínimo y es algo raro. Ni siquiera con la ley”, lamenta.

Acto de apoyo a las trabajadoras del hogar desarrollado por Cáritas Diocesana de Canarias en su sede de la capital grancanaria. / Efe/Angel Medina G.
En 2022 entró en vigor un real decreto que ampara legalmente a las trabajadoras del hogar, algo que ha supuesto “un empuje desde el Gobierno” para mejorar las condiciones del colectivo, según Herrera, pero en la práctica persisten las prácticas abusivas. Si bien, Herrera matiza que el problema es que muchas familias, aunque quieren, no puede cubrir económicamente todos los requisitos. “En Cáritas también hacemos intermediación con las familias que quieren trabajadoras del hogar. La única pauta que se les pide es que nos envíen una copia del contrato para constatar que esté dada de alta en la seguridad social y que las condiciones laborales mínimas se cumplen. (...) Durante 2023 hemos ido constatando que el número de ofertas bajaba. De 37 familias que se acercan al servicio, solo se llegan a gestionar 8 ofertas de empleo. El desembolso económico que les supone se les hace inalcanzable”.
Y esta es una de las principales demandas de Cáritas: que se ofrezca algún tipo de ayuda a las familias para que puedan cumplir con la ley y, también, que se especifique claramente las funciones que pueden desempeñar las trabajadoras del hogar. Ante este escenario, y con toda una vida de experiencia a sus espaldas, Arias tiene claro que en este trabajo es primordial acudir a entidades sociales de apoyo como Cáritas para “enterarse un poco por encima de las leyes, de las normas… además de la orientación, ayudan a concienciar, coger confianza, tener conocimiento y estar más tranquila”. Porque para evitar los abusos, Arias reivindica la importancia de tomar conciencia de que “venimos indocumentadas, pero no ilegales (...) venimos a trabajar, no a ser esclavas”.
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