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Una moda pone en peligro la flora del Machu Pichu de Canarias

En respuesta a la creciente presión turística y los daños al medio ambiente, el barranco de Masca ha sido elegido para implementar una prueba piloto de la tasa turística para espacios protegidos de la Isla

Un paseo por Masca, el Machu Picchu de Canarias

T. M. R.

Diego R. Moreno

Diego R. Moreno

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Las tuneras, también conocidas como chumberas, pencas o piteras, son una de las plantas más características de Canarias. Originarias de América, llegaron a Europa con los primeros conquistadores, y se cree que Canarias fue el primer lugar donde se plantaron. Hoy en día, son un símbolo distintivo de los paisajes del Archipiélago, aunque muchas veces se consideran invasoras. Uno de los espacios donde esta planta es muy visible es Masca, en el Parque Rural de Teno.

La usuaria de TikTok María Alarcón aprovechó la plataforma para denunciar una práctica dañina que se ha vuelto común en el enclave protegido de Buenavista del Norte: rayar las palas de las tuneras con nombres y mensajes. En su vídeo, se observa cómo varias plantas han sido dañadas, con nombres y otros escritos grabados en sus tallos. Esta conducta no solo afecta la estética del paisaje, sino también la salud de las plantas, ya que algunas de ellas aparecen muertas o gravemente dañadas.

Indignación

El vídeo de María Alarcón ha generado una fuerte reacción en las redes sociales. La mayoría de los comentarios expresan indignación y exigen un turismo más responsable en el Archipiélago. La usuaria, originaria de Andalucía, también visitaba la zona como turista y no pudo evitar mostrar su frustración ante la falta de respeto hacia el medio natural.

Un paseo por Masca, el Machu Picchu de Canarias

Un paseo por Masca, el Machu Picchu de Canarias / La Provincia

En respuesta a la creciente presión turística y los daños al medio ambiente, el barranco de Masca ha sido elegido para implementar una prueba piloto de la tasa turística para espacios protegidos de la Isla. Esta medida comenzará el 1 de enero de 2025, aunque se realizará una prueba durante el verano anterior. La tasa se cobrará a los no residentes y tiene como objetivo no solo generar ingresos, sino también limitar el acceso masivo a los espacios naturales especialmente sensibles, preservando su integridad y belleza.

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