Industria reproductiva

Hijos nacidos de donantes de óvulos o semen: "Queremos que acabe el anonimato y conocer nuestro origen"

La Asociación de Hijas e Hijos de Donantes (Ahid), creada hace dos años, exige una ley de reproducción asistida "ética" y la puesta en marcha de un registro

María Trapero, hija de una donante de óvulos que reclama el fin de la "mercantilización".

María Trapero, hija de una donante de óvulos que reclama el fin de la "mercantilización". / José Luis Roca

Beatriz Pérez

Los hijos nacidos de donaciones de óvulos o de semen reclaman el fin del anonimato de los donantes, ya que la ley de reproducción asistida española, del año 2006, solo permite el acceso a esta información en situaciones que impliquen un riesgo para la salud. "Somos personas adultas a las que se ha aislado totalmente de nuestra realidad. Las personas nacidas fruto de la donación no aparecen en esta norma como personas implicadas en el proceso, estamos fuera de la ecuación. Según la ley, somos resultado de un procedimiento y estamos considerados objetos", señala Maria Sellès, confundadora de la Asociación de Hijas e Hijos de Donantes (Ahid). La entidad también reclama la puesta en marcha definitiva de un registro único de donantes para que haya un control y no sean las clínicas las únicas que tengan, de forma atomizada, esta información.

Sellès, barcelonesa de 33 años, es hija de una madre soltera que se sometió a un proceso de inseminación artificial. "Desde pequeña siempre he tenido interés (y un malestar) por saber quién era esa persona [el donante de semen]. Pasé por conflictos personales porque, para no hacer daño, no quería explicar a mi familia cómo me sentía. A los 29 años, después de mucha terapia, pude decir en voz alta lo que llevaba toda mi vida sintiendo: que no me gusta no saber quién es mi padre biológico, ni quiénes son mis hermanos", expresa la joven. Unas 65 personas de toda España, de entre 15 y 46 años, forman parte de Ahid, asociación creada hace apenas dos años. Son hijas e hijos de donantes de semen, de óvulos y, en algunos casos, de ambos a la vez.

"No me gusta no saber quién es mi padre biológico, ni quiénes son mis hermanos"

Maria Sellès

— Cofundadora de la Asociación de Hijas e Hijos de Donantes (Ahid)

Reclaman, como expresa Sellès, el fin del anonimato porque entienden que tienen derecho a conocer sus "orígenes". Quieren una "reproducción asistida ética", donde además quede abolida la "mercantilización": es decir, que las personas donantes dejen de percibir una compensación económica por ello (ellas cobran entre 1.100 y 1.300 euros; ellos, unos 300). "Queremos dejar de ser considerados objetos de consumo para ser considerdos sujetos de ley. No puede haber compraventa en esto", insiste Sellès.

Para Mónica Navarro, miembro de la Comisión de Bioética de la UB, "en un mundo en el que la información y la transparencia se valora tanto, no tiene sentido mantener un anonimato absoluto". Aun así, "si hubiese un cambio en la normativa, solo podría afectar a las donaciones futuras de semen u óvulos, porque la ley seguiría protegiendo el anonimato de las que se han producido con anterioridad", precisa.

Derecho al historial clínico

Solo las clínicas de reproducción asistida poseen el historial clínico de las personas donantes. Los hijos nacidos fruto de estas donaciones no conocen sus antecedentes médicos. "Me gustaría tener acceso a mi historial. Yo me hago revisiones en el trabajo y no sé decir si tengo antecedentes de cáncer o no", señala Carla (nombre ficticio), una joven de 25 años de Barcelona que nació fruto de una doble donación (tanto de óvulos como de semen) y que, por su propia historia personal, la que ha explicado a EL PERIÓDICO, prefiere no revelar su identidad. "Mi madre tiene una enfermedad, un síndrome que, además de provocarle una discapacidad intelectual, le impedía tener hijos. Tenía muchas ganas de ser madre y se inseminó a escondidas de mis abuelos", relata esta joven. La madre de Carla fue la gestante, pero el óvulo pertenecía a otra mujer.

La ley no establece un máximo de donaciones, sino de personas (seis) que hayan podido nacer a partir de estos óvulos, pero hasta ahora no hay ningún registro de donantes

Según esta joven, la madre no pasó determinados test psicológicos en una clínica pero sí en otra, que fue en la que pudo quedarse embarazada. "No sé hasta qué punto cometieron una negligencia. En todo momento agradezco que la hayan cometido porque gracias a eso estoy aquí. Pero he pasado lo mío: tener una madre con discapacidad no es fácil", dice esta joven. Su caso pone de manifiesto otra realidad: el poco control que existe a menudo en estos procesos.

Un máximo de personas

Otro ejemplo. La ley no establece un máximo de donaciones, sino de personas (un total de seis) que hayan podido nacer a partir de estos óvulos. "Sin embargo, hasta ahora no hay ningún registro de donantes. Este registro aún no está implementado en todas las clínicas, así que lo que ha pasado todo este tiempo es que las donantes podían ir de clínica en clínica y donar más de seis veces. El tema del máximo de donación y personas nacidas no ha tenido ningún control", señala la antropóloga Anna Molas, miembro del grupo Afin de la UAB. Además, como muchas de las pacientes de estas clínicas son extranjeras (España es la cuna europea de la donación de óvulos), la trazabilidad de los mismos es "muy difícil de mantener".

María Trapero es una madrileña de 25 años que nació gracias a la ovodonación. "Este es un tema extremadamente frágil entre hijos y padres", reconoce. Su madre no era fértil cuando quiso quedarse embarazada, por lo que recurrió a la donación de óvulos y se sometió a un proceso de fecundación 'in vitro' con su marido y padre biológico de María. "Por supuesto hay un primer problema muy grande, que es el del derecho a la identidad. La ONU dice que los niños nacidos por donación tenemos derecho a conocer nuestros orígenes. Pedimos que las donaciones no sean anónimas. Nadie va a llamar a la puerta del donante a pedir una herencia, nadie reclama tener lazos de filiación o personal con el donante. El problema es que no tienes acceso a la mitad de tu historial genético: eso es una desigualdad sanitaria. Las clínicas tienen esos datos y nosotros no podemos acceder a ellos", reflexiona esta madrileña.

"El problema es que no tienes acceso a la mitad de tu historial genético: eso es una desigualdad sanitaria"

María Trapero

— Hija de una donante de óvulos

María también es donante de óvulos. Reconoce que nunca había querido ser madre, pero descubrir que ella era hija de una donante la empujó a hacer lo mismo. "En principio las personas que hemos nacido por donación de gametos no podemos donar. Sin embargo, como el sistema tiene sus fracturas y yo no creo en él, tomé la decisión que creí oportuna: no dije que era hija de donante. En realidad no mentí: simplemente nadie me lo preguntó", reconoce esta joven, poniendo sobre la mesa otra de las muchas grietas del proceso.

Cree que, aunque romper con el anonimato es importante, lo prioritario es que este proceso deje de estar circunscrito a "circuitos privados" y acabar así con la "mercantilización". "El grueso tendría que hacerse en hospitales públicos con financiación pública", concluye.

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