Diez años "salvando" el español en el Sáhara Occidental

La Academia de Idiomas Unamuno fue fundada hace diez años por un saharaui, Brahim Hameyada

Brahim Hameyada, fundador de la Academia Unamuno

Brahim Hameyada, fundador de la Academia Unamuno / Efe

María Traspaderne (EFE)

"Estamos salvando un idioma que prácticamente se está enterrando". El idioma es el español, el lugar del 'entierro', el Sáhara Occidental, y la persona que habla, Brahim Hameyada, el saharaui que hace diez años fundó una academia en Dajla empeñada en que la lengua no se pierda en esta ciudad de la excolonia española.

Se trata de la Academia de Idiomas Unamuno, que nació de la pasión de este hombre de 64 años por la lengua en la que fue educado hasta el bachillerato, en unos años en los que el Sáhara era una provincia de España y el español era de uso corriente, lo que cambió a partir de 1975, cuando los españoles se retiraron y quedaron solo unos pocos saharauis hispanoparlantes.

La escuela ocupa media planta de un edificio sencillo de esta ciudad del desierto. Tiene tres aulas, en las que también se enseña inglés y francés, y una pequeña biblioteca recién inaugurada junto a la que Hameyada explica a EFE lo que hacen allí él y sus compañeros saharauis: "Estamos defendiendo un idioma que consideramos como nuestro".

A su lado, otro de sus fundadores, Sidahmed Brahim, que comparte con su colega etnia y el ser ambos hijos de militares del Ejército español, coincide en que defienden su identidad "a capa y espada", una identidad que implica ser saharauis, pero también españoles.

"Desidia" de España

En las paredes de la academia, carteles recuerdan por doquier a Miguel de Unamuno, en un pequeño tributo nacido de la admiración que Hameyada tiene "desde la primaria" por este escritor español de la generación del 98.

"La sangre de mi espíritu es mi lengua y mi patria es allí donde resuena", comienza un poema suyo impreso en letras blancas sobre fondo negro, unos versos que bien podrían definir cómo se sienten estos "saharauis españoles".

La escuela ofrece exámenes DELE (diploma de español como lengua extranjera) homologados por el Instituto Cervantes, pero también el certificado necesario para obtener la nacionalidad española, que tiene, reconoce Hameyada, mucha demanda.

Sus alumnos, unos cien al año, crecen, pero Hameyada aspira a ampliar la escuela, para lo que hace un llamamiento al Gobierno español.

"Que miren hacia acá para promover este idioma que se está perdiendo, que estamos aquí trabajando solos y esperamos que nos vean, que nos hagan caso", dice para añadir que sus cartas a instituciones españolas reclamando ayuda no han recibido respuesta.

Tras la salida de España, cuenta, la lengua de Cervantes se marginó frente al francés. En el territorio hay un colegio dependiente del Gobierno español en El Aaiún, la capital, pero en Dajla el único centro que enseña este idioma es Unamuno. Una "desidia" que, para Hameyada, España debe "reparar".

Saharauis retornados

Ni Hameyada, ni Brahim han vivido siempre en el Sáhara Occidental, como les ocurre a miles de saharauis que abandonaron el territorio en 1975 para volver después.

Cuando Marruecos entró allí con la Marcha Verde y España se retiró, el primero era un adolescente y se fue con su familia a los campos de refugiados de Tindouf, en Argelia, pero en 1992 volvió porque, según dice, quería regresar a su "tierra", a la ciudad que le vio nacer.

Brahim, que nació en el desierto en 1951, se quedó hasta 1979 trabajando como funcionario español en coordinar la cesión de inmuebles a Mauritania dentro del Acuerdo Tripartito de Madrid, pero luego partió a las islas Canarias para estudiar y volvió, como su compañero de academia, en 1992, cuando miles de saharauis regresaron ante una amnistía anunciada por Hasán II.

En Dajla, dice Brahim en una de las aulas de la Unamuno, del legado inmobiliario español "casi no queda nada". Solo un faro, una iglesia, unos arcos, una dársena y unos puestos de vigilancia.

Pero en el saber de unos pocos aún permanece un patrimonio intangible: la lengua que estos dos saharauis no están dispuestos a dejar morir.