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La vocación no entiende de distancia

El periodista canario Roberto Lomba dejó su trabajo en televisión, aparcó su vida y se fue a Tanzania con un solo objetivo: contar historias plasmadas con su cámara

El periodista canario Roberto Lomba dejó su trabajo en televisión, aparcó su vida y se fue a Tanzania con un solo objetivo: contar historias plasmadas con su cámara

El periodista canario Roberto Lomba dejó su trabajo en televisión, aparcó su vida y se fue a Tanzania con un solo objetivo: contar historias plasmadas con su cámara / La Provincia

Santa Cruz de Tenerife

Estudió la carrera de sus sueños y se formó en Periodismo Internacional. Además, vio como la televisión le abría las puertas de par en par para hacerse un hueco en su profesión. Lo que no esperaba es que, tras más de un año trabajando, varias preguntas existenciales le invadieran su mente. Dejó todo salvo su cámara fotográfica y emigró más de 6.500 kilómetros para reencontrarse consigo mismo.

A veces, miramos a nuestro alrededor y vemos nuestra vida montada. Tenemos un trabajo, un grupo de amigos o una rutina, algunos una pareja, y tendemos a girar nuestro día a día en torno a esto. Es difícil darse cuenta de que no estamos en el lugar que querríamos y, mucho más, ser capaces de romper con todo y dar un giro de 180 grados a tu vida. Esto es lo que decidió hacer Roberto Lomba.

Este periodista canario, natural de La Minilla, en Gran Canaria, lo cambió todo. Se afincó en Tenerife en 2017 con la idea de estudiar la carrera de sus sueños. Amante de la fotografía, vio en el periodismo un camino propicio para iniciar su aventura en el mundo laboral. Tras cuatro años de estudios y una experiencia en prácticas, voló a Barcelona para formarse en Periodismo Internacional. Un año después, Tenerife le recibía con una oportunidad laboral.

La televisión, tan maravillosa como a veces complicada, le abrió las puertas para crecer y darse a conocer. En Televisión Canaria Roberto encontró un espacio que, como él afirma, «me dio muchas y muy valiosas habilidades como periodista, desde efectividad y creatividad como a saber moverme bajo presión». Lo que pasa es que, a veces, las preguntas existenciales comienzan a sonar más fuerte en nuestra cabeza, algo que le pasó a Lomba.

«Llega un punto donde uno tiene que ser honesto consigo mismo. La televisión me obligó a dejar atrás la fotografía, una de mis mayores pasiones y que va en mi identidad como periodista y como autor». Esta reflexión y una llamada de un conocido le llevó a dar el mayor salto de su vida: irse a trabajar a Tanzania a una ONG de manera altruista y solo con las ganas de una nueva aventura.

Roberto Lomba y una cámara como pareja de baile.

Roberto Lomba y una cámara como pareja de baile. / La Provincia

Tras escucharlo un rato por teléfono, Roberto es capaz de transmitir toda la energía que ha logrado recuperar desde que partió a Tanzania. Como él mismo cuenta, «me siento realizado y haciendo lo que me gusta. Desde pequeño mi sueño era poder comprarme una cámara y sacar fotos a todo lo que me llamaba la atención. Lo que hacía en mis ratos libres, ahora lo he convertido en mi vida, algo que me ha devuelto las ganas».

Con poco más de un mes de antelación, Roberto dejó la televisión y decidió emprender un camino que le ha llevado hasta la ciudad de Moshi y a TATU Project. Esta ONG, con nombre de origen suajili, trabaja sobre tres pilares muy marcados: el medioambiente, el empoderamiento de la mujer y la mejora de la salud y desarrollo en el país africano.

La llegada a Tanzania llevó consigo «un mar de emociones», pero ha encontrado varias similitudes muy cercanas al imaginario canario. Moshi es uno de los lugares más turísticos del país, y tiene cerca uno de los parques naturales más importantes del mundo, el que alberga el Kilimanjaro. Esta imagen le trae un recuerdo a la mente a Lomba: «Levantas la vista y ves una mole con la cumbre nevada al fondo de la ciudad y, de repente, la postal de estar sentado en algún mirador del norte de Tenerife invade tu mente de forma irrefrenable».

«Si a los canarios nos dicen aplatanados, los tanzanos se llevan la palma con el ‘pole pole’»

El cultivo de plátano es otra de las similitudes con nuestra tierra que se ha encontrado el periodista, ya que «cuando te alejas del centro encuentras campos gigantes de plataneras, y es que el plátano es uno de los productos nacionales por excelencia, como en Canarias». A pesar de esto, él lo tiene claro: «Cómo el plátano de Canarias no hay ninguno».

Además, en la cultura local impera una máxima canaria que suele sacar de quicio a ciertas personas. Así lo resume el propio Roberto: «Si a los canarios nos dicen aplatanados por nuestra forma de vida, los tanzanos se llevan la palma. Aquí, la cultura del «pole pole» es lo que sería en Canarias «al golpito mi niño». La actitud en Tanzania es esa, por lo que o abrazas el pole pole o corres el riesgo de frustrarte tú solo ante la atónita mirada del calmado tanzano».

Un proyecto para ayudar

Lomba dejó su vida tal y como la conocía, pero lo hizo por un proyecto en el que dejaba atrás la televisión para encargarse de las redes sociales de la ONG durante los próximos tres meses. TATU Project nació con la idea de cambiar la vida de una comunidad que necesitaba ayuda. En una región aislada de Moshi, llamada Msitu wa Tembo y Londoto, es donde realizan multitud de proyectos que «van desde la fabricación de compresas reutilizables y talleres de menstruación (gran tabú aquí) hasta el acondicionamiento de zonas destruidas por inundaciones y crecidas del río en la temporada de lluvias».

Históricamente, el papel de la mujer en esta región ha sido secundario. Por ello, Lomba resalta que la ONG trabaja «para que puedan ser autosuficientes y sepan desarrollar múltiples actividades». Ya se ha iniciado el camino y, por el momento, «gracias a la acción de TATU llevan de forma autónoma una tienda de ultramarinos, un servicio de alquiler y taller de reparaciones de bicicletas e, incluso, un servicio de préstamos económicos totalmente funcional».

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project.

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project. / La Provincia

Trabajar en una ONG en Tanzania le ha llevado a cambiar el chip: «Llegué con la mentalidad de la televisión muy incrustada. La velocidad, la efectividad y las prisas, pero aquí esta mentalidad no funciona. El trabajo aquí va un poco marcado por la idiosincrasia tanzana, así que la idea principal es cuidar la calidad del contenido e ir trabajando sobre ello».

Primera vez con un ‘mzungu’

Muchas de las personas que se encuentran en los alrededores de las ciudades tanzanas no han tenido interacción con nadie fuera de su comunidad. Por ello, el contacto con Roberto Lomba ha sido el primero que han tenido con un mzungu. «En mis primeros días, tuvimos un evento especial en torno al Día Internacional del Niño Africano. Se celebró en una zona muy recóndita de la región, bastante aislada y a la orilla de un lago precioso. Allí, muchos niños y niñas tuvieron su primera interacción con un mzungu, que es como llaman a los blancos aquí, y la verdad que viví algo que nunca esperé. Las emociones iban desde la curiosidad hasta el miedo, siempre bajo la atenta y divertida mirada de sus respetuosas madres», comenta Lomba como una de las anécdotas que más le han marcado en su estancia tanzana.

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project.

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project. / La Provincia

Una estancia que, en principio durará tres meses de manera altruista. Después, un libro aún por escribir por Roberto Lomba. Un nómada de la comunicación que sigue luchando por sus sueños y sus pasiones, aunque tenga que cruzar el charco.

La figura de Pablo Feito

Este viaje a lo desconocido no se entendería sin la figura de Pablo Feito. Él fue el primero de los dos en acercarse a TATU Project y el nexo de unión de Roberto con la ONG africana. Se conocieron en Barcelona, donde forjaron una buena amistad mientras cursaban el mismo máster. Además, como bien cuenta Lomba, «la suerte quiso que fuésemos vecinos en el Raval, donde vivimos ambos ese año».

A él le surgió la posibilidad de involucrarse como voluntario en TATU a raíz de contactos en su familia y se fue sin dudarlo, algo similar a lo que hizo Roberto. Feito se ha convertido en el director del departamento de comunicación y financiación del proyecto. Por ello, uno de sus primeros pensamientos fue unir a su equipo el buen hacer de Lomba con la cámara fotográfica. La idea era dar un paso más allá en el nivel de la comunicación de TATU Project por medio de las redes sociales, la manera más sencilla de hacer llegar todas las iniciativas que se realizan en la ONG para ayudar al pueblo tanzano. En especial, a mujeres y niños.

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project.

El periodista captura a diario el día a día de distintas comunidades tanzanas mediante la actividad de la ONG TATU Project. / La Provincia

Esto se tradujo en una llamada telefónica que conectó Tanzania con Tenerife: «Pablo me propuso venir a Moshi como auxiliar del departamento de comunicación unos meses. Probar y ver que podíamos hacer juntos. Desde que llegué me dedico a coordinar las redes sociales y el departamento de fotografía de la ONG».

Una amistad que dio pie a un giro de 180 grados, un cambio total de vida que ha llevado a Roberto Lomba de Tenerife a Tanzania, de la pequeña pantalla a las redes sociales, de recibir una remuneración a final de mes a lanzarse a una aventura de manera altruista por el mero hecho de creer en lo que hace, de volver a sentir que estudió su vocación correcta, de reencontrarse consigo mismo.

Fue una decisión difícil de tomar pero que en muchas ocasiones es necesaria para nuestra vida. Salir de una espiral de desazón puede ser algo muy difícil, pero como manifiesta Roberto Lomba, «siempre hay tiempo para volver a intentarlo en otro sitio y de otra manera. Y si no lo hay, son los recuerdos los que van a quedar al final del camino». No es mala filosofía para entender la vida, la suya, a más de 6.000 kilómetros de casa.

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