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La endometriosis aumenta el riesgo de sufrir un tipo de cáncer de ovario

Un estudio desvela que la enfermedad multiplica por cuatro las posibilidades de padecer la neoplasia

En los casos más severos, el riesgo es nueve veces mayor

Una profesional analiza la prueba de imagen de una paciente.

Una profesional analiza la prueba de imagen de una paciente. / Efe

Las Palmas de Gran Canaria

Un estudio desvela que la endometriosis multiplica por cuatro el riesgo de padecer cáncer de ovario, si bien en aquellas mujeres en las que la afección llega a la fase infiltrativa profunda el riesgo es 9,7 veces mayor. La investigación, publicada recientemente en la revista JAMA, fue desarrollada por un grupo de científicos de Estados Unidos, que utilizó la información de 78.893 pacientes afectadas en el condado de Utah y la comparó con la de otro grupo de mujeres que no sufría endometriosis. Los resultados evidenciaron que las probabilidades de padecer la neoplasia fueron mayores entre las aquejadas. En total, se diagnosticaron 597 casos

«La endometriosis no incrementa el riesgo de sufrir cáncer de ovario de forma global. Sin embargo, si nos fijamos en un tipo específico que es muy poco frecuente y que se denomina endometrioide, hay investigaciones que demuestran que la endometriosis severa que no se frena con tratamientos aumenta el riesgo de padecer este tipo de cáncer de ovario», aclara la doctora Alicia Martín, jefa del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias

Pero, ¿qué es la endometriosis? Tal y como explica la facultativa, se trata de una enfermedad benigna que se caracteriza por el desarrollo de tejido endometrial –una capa que recubre el interior del útero– fuera de la cavidad uterina. Sin embargo, en un porcentaje alto de casos llega a tener repercusiones importantes en la calidad de vida de las mujeres. 

Manifestación

«El tejido anómalo puede aparecer en muchas partes, pero lo más común es que se manifieste en los ovarios y en las trompas de Falopio», apunta la especialista. No obstante, también es posible que se desarrolle en la cavidad abdominal, el ombligo, en cicatrices producidas por cesáreas, la vejiga, e incluso, los pulmones. «Al igual que el tejido que se encuentra dentro del útero sufre cambios y se descama, aquel que crece de forma anormal en otra parte también experimenta estos cambios y sangra. Es entonces cuando aparecen los problemas», advierte la doctora Martín. 

El principal síntoma que alerta de la presencia de la patología es el dolor, que varía en función de la localización en la que se manifiesta la endometriosis. «Pueden aparecer muchas molestias con la menstruación –dismenorrea–, a la hora de mantener relaciones sexuales o de defecar», anota la sanitaria, que además informa de que el 15% de las mujeres que sufren la afección tienen una endometriosis profunda. El 80% de ellas manifiesta cuadros de dolor muy intensos.

Asimismo, en el 50% de los casos puede verse afectada la capacidad reproductiva. De ahí la importancia de llevar a cabo un diagnóstico precoz. «Estamos detectando la enfermedad de forma muy tardía. Esto implica un deterioro en la calidad de vida de las afectadas y que se produzcan alteraciones importantes en la reproducción. No es lo mismo atajar la esterilidad en una endometriosis que se encuentra en una fase inicial que cuando está muy avanzada», asevera la profesional del Materno.

Y es que la enfermedad sigue un proceso evolutivo y puede avanzar mientras exista actividad ovárica. Por tanto, es fundamental identificar las señales de alarma y consultar a los especialistas. «Hay que tener en cuenta que la endometriosis no suele producir una dismenorrea primaria, ya que necesita que la mujer pase por varios ciclos para sembrar los focos anómalos. Por eso, cuando la menstruación va acompañada de un dolor que antes no se manifestaba o de repente aparecen molestias a la hora de mantener relaciones sexuales, es fundamental acudir a consulta», insiste. 

«Estamos detectando la enfermedad de forma muy tardía», advierte la doctora Martín

Ahora bien, ¿cómo se puede diagnosticar? A juicio de la experta, el primer paso consiste en concienciar a las mujeres y a la comunidad médica de que la endometriosis es una enfermedad prevalente. De hecho, afecta al 20% de las mujeres en edad reproductiva. «Lo más importante es hacer una ecografía específica. Las pruebas de imagen como la resonancia, el escáner o el TAC son complementarias».

Por lo que concierne a los tratamientos, hay que decir que en la última década se ha producido un cambio de paradigma en el manejo de la endometriosis. Antes, la mayoría de los casos se abordaba a través de la cirugía. Gracias al desarrollo de nuevas moléculas y al aumento del conocimiento que se tiene de la enfermedad, en la actualidad, las guías clínicas europeas y americanas establecen que el 80% de los cuadros debe manejarse con tratamiento médico. «Contamos con un amplio arsenal terapéutico para frenar el progreso de la patología. Por suerte, hay tratamientos inyectables, pastillas y dispositivos intrauterinos, entre otras alternativas», detalla la ginecóloga. 

Si la afección se manifiesta de forma asintomática, basta con asistir a revisiones periódicas para hacer un seguimiento. Según indica la doctora Martín, la enfermedad no tiene por qué ser siempre tratada en unidades especializadas, pues todos los ginecólogos tienen competencias para manejarla. Por esta razón, estos espacios quedan reservados para los casos más severos y para las mujeres en las que la patología debuta a una edad muy precoz. 

Tal y como informa la doctora Alicia Martín, jefa del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias, la endometriosis se cataloga en función de la gravedad de los síntomas. «Cuando afecta a determinadas partes del cuerpo que producen mucha sintomatología, la clasificamos en función de la repercusión que tenga en la calidad de vida de las pacientes», anota. No obstante, la severidad del cuadro también se puede valorar a la hora de realizar una prueba de imagen. «En realidad, no hay una relación directa entre los focos y la sintomatología. Muchas veces nos encontramos con mujeres que presentan muchos focos que repercuten de forma muy moderada en su calidad de vida», señala la facultativa. |Y. M. 

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