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Los diagnósticos de hígado graso aumentan en Canarias

El incremento también se registra entre las personas jóvenes

La dolencia suele ir de la mano de la obesidad y es frecuente que curse de forma asintomática en las primeras etapas

El doctor Julián Tamayo en el Hospital Perpeturo Socorro.

El doctor Julián Tamayo en el Hospital Perpeturo Socorro.

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Las Palmas de Gran Canaria

La enfermedad del hígado graso, rebautizada por las sociedades médicas internacionales como esteatosis hepática, es una afección cada vez más prevalente entre la población canaria. Así lo pone de manifiesto el doctor Julián Tamayo, especialista en Endocrinología y Nutrición en el Hospital Perpetuo Socorro (HPS), que además informa de que la incidencia de este trastorno se ha incrementado de forma significativa entre las personas jóvenes con el paso del tiempo. «Su presencia ha aumentado. De hecho, se han empezado a desarrollar estudios porque ya hay muchos casos de esteatosis en niños en diferentes partes del mundo», anota el profesional. 

Según los datos que maneja la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), este problema de salud ya afecta a entre un 20 y un 25% de la población española. Ahora bien, ¿por qué se caracteriza? Básicamente, por originar un proceso que favorece la acumulación de grasa en el interior de las células hepáticas y por producir una inflamación en el órgano de intensidad variable. «Su origen puede ser alcohólico o no alcohólico. En el caso del segundo, sabemos que a día de hoy esta condición tiene que ver con un consumo excesivo de la fructosa que está presente en las bebidas azucaradas y las galletas, por ejemplo. Este componente no tiene nada que ver con la fructosa que se encuentra en frutas y vegetales», explica el facultativo. 

La obesidad y la diabetes tipo 2 son dos de las patologías que suelen ir de la mano de la dolencia, unas enfermedades que también guardan un vínculo muy estrecho con la mala alimentación y el sedentarismo. Sin embargo, también hay personas sin sobrepeso aquejadas de la afección. «Precisamente, por esta razón se ha dejado de llamar enfermedad del hígado graso, pues muchos pacientes que están en su peso podrían llegar a pensar que nunca la van a padecer. Hay que tener en cuenta que existe un pequeño porcentaje de pacientes que presentan mutaciones genéticas que los predisponen a acumular más depósitos de grasa en el hígado», advierte el especialista del citado centro de la capital grancanaria. 

Una de las características de la esteatosis hepática es que suele cursar de forma asintomática en las primeras etapas. De ahí que sea conocida como «la enfermedad silenciosa». En algunos casos, las personas pueden experimentar fatiga, una sensación de malestar general o molestias en el lado derecho del abdomen, pero es común que estas señales de alerta pasen desapercibidas. Lo más preocupante es que la alteración está vinculada a la aparición de disfunciones metabólicas y al desarrollo de hipertensión, fibrosis hepática, cirrosis y cáncer de hígado. 

Para diagnosticar la patología, los médicos suelen recurrir a un análisis de sangre que permita comprobar si hay alteraciones en los niveles de transaminasas -unas enzimas hepáticas-. Si los parámetros no son los adecuados, es necesario realizar una ecografía abdominal. 

Con el fin de evaluar con más precisión el daño hepático, las nuevas tecnologías han dado paso a la elastografía hepática, conocida como FibroScan, un procedimiento que permite medir la rigidez del hígado mediante ondas sonoras e identificar así si existe inflamación o fibrosis. «Antes era necesario practicar una biopsia para conocer con exactitud el estado del órgano. Ahora, en cambio, podemos obtener la misma información con este procedimiento no invasivo», expone el doctor Tamayo. 

No existe un tratamiento específico para manejar la esteatosis hepática, pero sí para tratar sus síntomas. No obstante, el enfoque principal contempla cambios en el estilo de vida que son claves para detener su progresión, revertir el daño y prevenir complicaciones. «Los nuevos medicamentos inyectables análogos del GLP-1 -utilizados para controlar la diabetes- se están empleando como terapia para inducir la pérdida de peso y, por tanto, una reducción de los niveles de grasa», afirma el endocrino, que no duda en poner en valor la importancia del diagnóstico precoz.

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