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¿Por qué el Día del Padre tiene fecha fija y el Día de la Madre varía cada año?

Dos celebraciones familiares con el mismo valor emocional, pero con raíces muy distintas

Día de la Madre 2025

Día de la Madre 2025 / LP/DLP

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Puede que lo celebres cada año sin pensar en su origen. Un regalo, una comida especial, una llamada pendiente. Pero detrás del Día del Padre y el Día de la Madre se esconde una historia de calendarios desiguales, decisiones institucionales y símbolos que han cambiado con los tiempos. Uno permanece fijo, el otro se mueve y esa diferencia no es casual.

Las dos fechas nacen del deseo de homenajear a quienes nos cuidan y nos han dado vida, pero solo una está anclada al santoral católico. La otra responde a una mezcla de tradición religiosa y necesidad de adaptar los gestos del amor a nuevas formas de celebración. Comprender por qué no comparten día es, en parte, entender cómo ha evolucionado nuestra relación con la familia y con el tiempo.

Un día fijo por San José

En España, el Día del Padre se celebra cada 19 de marzo, coincidiendo con la festividad de San José, padre putativo de Jesús. Fue en 1948 cuando una maestra madrileña, Manuela Vicente Ferrero, propuso esta fecha desde una escuela de Vallecas. Quería que los alumnos tuvieran también una jornada para honrar a sus padres, como ya lo hacían con sus madres, y decidió organizar un festival infantil en el colegio en el que trabajaba.

Decidió que la celebración tendría lugar el que se celebra a San José, ya que representaba las virtudes que un buen padre debe tener: responsabilidad, humildad y sacrificio, entre otros.

Con el paso del tiempo y gracias al empuje comercial, la fecha se convirtió en tradición nacional. Desde entonces, el 19 de marzo permanece inamovible como símbolo de una paternidad arraigada.

Día de la Madre 2024

Día de la Madre 2025 / LP/DLP

Una fecha móvil para las madres

La historia del Día de la Madre es distinta. Durante décadas, se celebró el 8 de diciembre, en plena festividad de la Inmaculada Concepción. Pero en 1965 se decidió moverla al primer domingo de mayo, el mes que la tradición católica dedica a la Virgen María y que, además, marca el inicio simbólico de la primavera.

Con este cambio, la celebración ganó autonomía y un carácter más abierto. La nueva fecha permitió acercar la fiesta a un contexto más familiar, afectivo y también comercial. Desde entonces, su lugar en el calendario varía, pero su significado perdura.

Un calendario emocional

Aunque sus orígenes son diferentes, ambas celebraciones ocupan un lugar firme en el calendario emocional de muchas familias. El Día del Padre y el Día de la Madre no coinciden en la forma, ni en la fecha, ni en su historia, pero sí lo hacen en reconocer, agradecer, compartir. Y sobre todo, recordar que el afecto no necesita un día exacto para celebrarse, aunque el calendario lo marque.

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