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Azul atlántico

Eloy, el monaguillo de Vegueta que ya es obispo en La Laguna

Eloy Alberto Santiago Santiago, es una personalidad eclesial y humana extraordinaria, y más después de asistir al emotivo y multitudinario inicio de su episcopado en San Cristóbal de La Laguna.

Emana armonía y equilibrio interior y exterior, se le ve feliz y es un excelente valedor de su lema episcopal: ‘Ut ministraret’, para servir.

Ordenación del nuevo obispo de Tenerife Eloy Santiago

Ordenación del nuevo obispo de Tenerife Eloy Santiago / Andrés Gutiérrez

Fernando Canellada

Fernando Canellada

Las Palmas de Gran Canaria

«Eloy es lo mejor que tenemos en Gran Canaria y se lo mandamos a la Nivariense. Es un regalo de la Providencia». El sacerdote José Domínguez, párroco jubilado de Santo Domingo de Vegueta conoció a Eloy desde niño, lo conoció como monaguillo y cofrade, y lo acompañó en su ordenación sacerdotal, así como en su entrada en la Academia de la diplomacia vaticana en Roma. No encuentra calificativos para describir al nuevo obispo de San Cristóbal de La Laguna. «Una joya que el Señor da a la Iglesia», recalca. La pasión puede a este veterano sacerdote: «Le dije que se diera prisa porque tenía que estar en el Cónclave pero a este no llegó a tiempo».

Nacido el 8 de septiembre de 1973 en Las Palmas de Gran Canaria, su vida es un milagro de la intercesión de la Virgen del Pino, ayer bajo la advocación de Los Remedios que confirma su episcopado. Inició ayer una etapa que promete, si la salud no le falta, largos años y nuevos servicios a la Iglesia. El más pequeño de cinco hermanos es hijo de «una santa», Eulogia María del Pino Santiago, Pino, y de ·Eloy Santiago, ‘Eloíto’, comerciante de la calle Sor Brígida de Vegueta, ambos procedentes de Valleseco.

Alberto, como le llamaban en casa, después de aquellos años de compromiso parroquial juvenil, entra en el Seminario Diocesano , con Ramón Echarren como obispo, que le ordena sacerdote en 1999. Pronto empieza su periplo romano como brillante bachiller en su diócesis. Licenciado en Teología Dogmática en la Universidad Gregoriana de Roma, presenta una tesis doctoral sobre Juan Alfaro y el problema de la gracia, materia que agitó la teología católica a mediados del siglo pasado, dirigida por el jesuita balear Luis Francisco Ladaria, profesor que años después ejerció como cardenal prefecto para la Doctrina de la Fe con el papa Francisco.

El ingresó en la Pontificia Academia Eclesiástica le abrió las puertas a un nuevo mundo eclesial, político y de poder, y le permitió ampliar sus estudios en Derecho Canónico. En el servicio diplomático de la Santa Sede inicia en 2006 una carrera imparable en la élite de la jerarquía vaticana que le lleva a las Nunciaturas de Colombia, África Meridional, con sede en Sudáfrica, y Gran Bretaña. No solo atesora una experiencia internacional rica, inolvidable e irrepetible, sino que conoce en cuerpo y alma buena parte de la Iglesia universal. Dos de los cardenales que serán electores y elegibles en el Cónclave que empieza el miércoles son condiscípulos de aquel tiempo, el lituano Rolandas Mackrinas y el indio de rito Sirio-Malabar, George Jacob Koovakad. «Son como hermanos», resume el sacerdote Alejandro Carmona.

La suerte del destino le obligó a aprenderse de memoria los nombres de la selección española de fútbol. Estaba en Sudáfrica como secretario del Nuncio del Papa, cuando España gana el Mundial de Futbol. Eloy, que no es nada futbolero, estrecha allí las manos de David Silva y Pedro Rodríguez, y de sus compañeros campeones mundiales.

Giro radical

Aquel prometedor diplomático vaticano imprime un giro radical a su vida en 2013. De saludar a la reina Isabel II en Londres por razones de trabajo pasa a una parroquia en Santa Brígida y El Madroñal. Es muy bien recibido. La diócesis necesita curas y más con su preparación. Regresa a colaborar con el obispo Francisco Cases como uno más de los curas diocesanos, tarea a la que suma la de profesor y formador de seminaristas. Un retorno sorprendente que tiene una razón profunda en su corazón.

Como párroco ha dejado huella por todas las comunidades que le han encomendado, como El Tablero y el Templo Ecuménico en San Bartolomé de Tirajana; y La Puntilla y Siete Palmas, en la capital grancanaria. Se distinguió como profesor de Cristología en el Instituto Superior de Teología (ISTIC), y como jurista y canonista diocesano. «Un todoterreno», insiste José Domínguez. El hoy obispo ejercía como párroco sin dejar de cumplir como Secretario-Canciller y Vicario para la Economía y el Patrimonio. No le han faltado tareas comprometidas en extremo como dirigir la Comisión diocesana para la protección de menores , y otras honoríficas como canónigo catedralicio. «Lo hace todo bien», concluye su condiscípulo, profesor y sacerdote Juan Jesús García Morales.

Eloy Santiago es ordenado y responsable, cercano a los que piden su ayuda y acogedor en el trato corto, con una especial capacidad para retener los nombres de tantas personas con las que se encuentra y que le hacen ganarse el afecto de tantos, rico en humanidad y sensible al sufrimiento. Dialogante en todo momento, como ha demostrado en esta transición entre las diócesis hermanas que no se ha cansado de conceder entrevistas ni ofrecer su testimonio sacerdotal.

Como intelectual con fundamento goza de un humor inteligente. Unos de sus favoritos eran Martes y 13, aunque su afición es la lectura, el estudio y la oración. Lo saben bien seminaristas que han convivido con él bajo el mismo techo. Ejemplo de humildad y sencillez, y tan austero que se movía en el viejo Toyota que había heredado de su padre.

Atendió hasta el último suspiro a su madre, que por unos pocos meses no conoció su nombramiento de obispo. Creyente, lúcido, inteligencia, con una gran densidad teológica y una brillante exposición, como ha demostrado en sus recientes homilías. Le avala ,la consistencia de su pensamiento y su fe. Hasta ahora ha sido recto y coherente, de espíritu esperanzador, como buen hijo episcopal de Francisco.

La figura del sacerdote Eloy Santiago, de una inobjetable grandeza espiritual, se agiganta como obispo solícito y conciliador, como un hombre guiado por el espíritu. En su experiencia diplomática, diocesana y parroquial ha primado el diálogo como talante, como forma de buscar la verdad y camino para resolver conflictos.

Al repasar que Eloy Santiago ha sido el penúltimo obispo nombrado en España por Francisco antes de fallecer, entre sus amigos surge una sonrisa y resuena la cita evangélica de Mateo en la que se lee que «los últimos serán los primeros».

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