Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El cuello de botella de las facultades de Medicina en Canarias

 El portavoz del Sindicato de Médicos, Levy Cabrera, considera que las universidades públicas deberían aumentar el número de plazas que ofertan de las 300 actuales a las 400

Una alumna entra en la Facultad de Medicina de la ULL, en el Campus de Ciencias de la Salud.

Una alumna entra en la Facultad de Medicina de la ULL, en el Campus de Ciencias de la Salud. / Andrés Gutiérrez.

Iván Alejandro Hernández

Iván Alejandro Hernández

Las Palmas de Gran Canaria

Un año más, las titulaciones sanitarias son las que tienen las notas de corte más altas en las universidades públicas de Canarias. En el caso de Medicina, el umbral de acceso vuelve a dispararse: un 12,85 en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y un 12,98 en la Universidad de La Laguna (ULL). A pesar de la elevada demanda, Canarias apenas ha ampliado sus plazas en las últimas décadas y mantiene un sistema de formación sanitaria bloqueado por falta de planificación, infraestructuras adecuadas y personal docente, según Levy Cabrera, portavoz del Sindicato de Médicos de Canarias.

“En Canarias no se ha sabido planificar el número de alumnos en la Facultad de Medicina y, sobre todo, el de residentes de la formación sanitaria especializada para sacar especialistas en Canarias”, asegura Cabrera. Según expone, el número de estudiantes de Medicina en las islas ha crecido muy por debajo del ritmo que lo ha hecho en otras comunidades.

Mientras muchas universidades peninsulares han duplicado sus plazas desde 2008, en Canarias apenas se ha pasado de formar 125 médicos a principios del siglo XXI a 300 en la actualidad: 150 en la ULPGC y 150 en la ULL. "Pero ya tendríamos que estar formando a 200 en cada facultad. Unas 400 plazas en total sería lo necesario ahora mismo como mínimo en Canarias", agrega.

Sin embargo, a su juicio el principal obstáculo para aumentar la oferta no es académico, sino estructural. “Aunque hubiera voluntad, no se pueden admitir más alumnos si no hay hospitales ni centros de salud suficientes para enseñarles”, afirma Cabrera. La legislación estatal establece que debe haber un hospital terciario por cada 250.000 habitantes.

“En Tenerife y Gran Canaria, con cerca de un millón de personas cada una, tendríamos que tener al menos cuatro grandes hospitales. Pero solo tenemos dos por isla, y ni siquiera los hospitales comarcales cumplen su función. No hacen partos ni operaciones básicas. Así no se puede formar a nadie”,

La situación se agrava en los años de prácticas clínicas (cuarto a sexto curso), donde se requiere profesorado clínico vinculado al Servicio Canario de Salud. “En la Universidad de La Laguna no se están cubriendo las plazas de estos docentes desde hace años. Médicos acreditados por la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación (ANECA) se están marchando a la privada porque en la pública no pueden acceder a un puesto. La facultad corre peligro”, advierte.

La formación especializada, paso obligatorio tras el grado de Medicina para ejercer en la sanidad pública, también sufre un atasco. Canarias oferta alrededor de 380 plazas MIR, frente a las más de 9.000 que se reparten en el resto de España. “Faltan sobre todo médicos de familia y pediatras. Y no se amplían las plazas porque dicen que no hay capacidad formativa. ¿Cómo va a haberla si no hay espacio físico ni personal para tutelar a los residentes?”, plantea Cabrera.

El portavoz del sindicato también pone el foco en el auge del sistema privado, que se abre paso en paralelo al debilitamiento de la educación pública. En el curso 2025-2026 está previsto que se inaugure en Tenerife una facultad de Medicina privada, promovida por una universidad internacional vinculada a Estados Unidos. Ofertará 50 plazas por curso a estudiantes dispuestos a pagar entre 15.000 y 20.000 euros al año. “Mientras la pública sigue colapsada, la privada crece. La demanda es tal que ya tienen todas las plazas cubiertas. Esto evidencia un fracaso del sistema público”, lamenta.

Cabrera defiende que es urgente tomar medidas estructurales: aumentar las infraestructuras sanitarias y educativas, desbloquear la contratación de profesorado, ampliar las plazas de formación especializada y aplicar incentivos reales para retener profesionales.

Como ejemplo, cita el caso del Hospital de La Palma, que ha logrado por primera vez cubrir plazas históricamente vacantes gracias a las bonificaciones fiscales que se aplican desde la erupción volcánica de 2021. “No es que paguen más, es que se les retiene menos IRPF. Eso ha hecho que La Palma tenga hoy más especialistas que nunca y que haya bajado sus listas de espera como ningún otro hospital del Archipiélago”.

A su juicio, extender este modelo al resto de las islas podría ser un primer paso para evitar que el sistema público de formación médica siga perdiendo competitividad frente al privado. “Formar un médico lleva años. Pero destruir un sistema público bien armado es mucho más rápido. Y estamos justo en ese punto: con una universidad que no reacciona, una sanidad infradotada y una privada que crece sin freno. Si no actuamos ya, en diez años será demasiado tarde”, concluye.

Tracking Pixel Contents