Ciencia
La IA redefine la salud: Jon Hernández advierte sobre la importancia de ChatGPT tras el diagnóstico médico
El divulgador Jon Hernández y el ingeniero Pedro Mujica protagonizan en Telde la jornada ‘Ciencia e IA’, organizada por la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), para debatir sobre los avances, riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial

De izquierda a derecha, Pedro Mujica y Jon Hernández, en la sede de Plocan. / Andrés Cruz

“Si no pedís una segunda opinión a ChatGPT después de haber sido analizados por un médico, es negligencia con vuestra propia salud”. La frase, lanzada por el divulgador de IA Jon Hernández en la jornada Ciencia e IA celebrada este miércoles en la sede de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), resume la magnitud del cambio de paradigma que la inteligencia artificial ha traído a una sociedad que aún no termina de comprenderla ni de aprovechar en su día a día todos los avances que trae consigo.
El divulgador, uno de los más influyentes en el mundo hispanohablante — con más de 420.000 suscriptores en YouTube y más de tres millones de visualizaciones mensuales—, compareció en Taliarte junto al ingeniero informático y tecnohumanista Pedro Mujica, para desentrañar las aplicaciones y riesgos de una tecnología que ya no admite hablar de futuro: está aquí, transformando la ciencia y la vida cotidiana a una velocidad que desborda cualquier intento de asimilación.
Dos errores
Hernández fue claro desde el inicio: la sociedad está cometiendo dos errores graves. El primero, hablar de la IA en pasado, como si fuese una ola que ya pasó. El segundo, normalizar un fenómeno que, en sus palabras, “pocas veces hemos visto en la historia de la humanidad”.
No es un metaverso pasajero ni una criptomoneda inflada. La aparición de la IA puede compararse con la revolución industrial, con la irrupción de internet o incluso "con el descubrimiento del fuego": “Imaginaos que sois personas en las cavernas y que otras tienen fuego y vosotros no. Eso es lo que está pasando ahora mismo”, advirtió.
Su receta para el ciudadano medio es pragmática: dejar a un lado la avalancha inabarcable de datos técnicos y centrar la atención en dos preguntas esenciales: cómo afecta en el día a día y cómo se le puede sacar partido, asumiendo que no estamos ante una revolución únicamente tecnológica, sino cultural.
Porque la IA no solo automatiza tareas. Redefine lo que entendemos por creatividad, inteligencia o trabajo. Hernández hizo alusión a estudios recientes que muestran que la IA puede ser más creativa, de media, que una persona. Entonces, si la creatividad deja de ser patrimonio exclusivo de los seres humanos, ¿qué queda de la definición de persona basada en la aportación profesional?
Respecto su desarrollo, el divulgador repasó algunos de los hitos que se han ido normalizando hasta perder su dimensión histórica, desde la victoria de Deep Blue sobre Garry Kasparov en 1997, hasta el descubrimiento de los transformers en 2017, que dieron pie al boom actual de esta tecnología.
Ritmo vertiginoso
Las imágenes generadas, imposibles de distinguir de la realidad, o el acceso masivo a modelos de razonamiento con ChatGPT 5 en 2025, son estaciones de una misma línea temporal: la de una tecnología que mejora y avanza a un ritmo vertiginoso.
Y en esta velocidad es donde reside uno de sus mayores riesgos: "Esto va demasiado rápido y no tenemos el tiempo necesario para digerir los avances que trae. Esto es un problema social, no podemos reaccionar a todo lo que pasa en el mundo de la IA", apuntó Hernández.
Con ejemplos concretos, el divulgador dibujó un horizonte muy próximo en el que los agentes de IA pasarán a ser asistentes proactivos que anticipan necesidades, elaborarán exámenes o incluso contratarán a humanos para tareas concretas. “Que el día de mañana no os extrañe que vuestro empleador sea una IA”, recalcó el divulgador.
Cautela
Por su parte, Pedro Mujica, veterano ingeniero con más de 35 años de trayectoria y autor de Superhumanos pidió cautela, especialmente en el ámbito científico.
“En los tres últimos años hemos avanzado lo mismo que en las tres décadas anteriores”, reconoció. Pero advirtió sobre la presión de las grandes corporaciones estadounidenses, que promueven una adopción masiva de la IA desde sus intereses privados. “La ciencia está en otra lógica: dar soluciones sólidas y duraderas que hagan avanzar a la humanidad. No se trata de maximizar beneficios a cualquier precio”, recalcó.
Para Mujica, la clave está en usar la IA como herramienta de apoyo, no como un sustituto de la persona. Recordó que los modelos actuales son no deterministas, que las alucinaciones [así es como llaman a los errores o mentiras de la IA, que todavía son habituales] persisten pese al marketing que promete lo contrario y que el método científico debe seguir siendo la brújula principal. “No podemos dejar a las personas solas frente a una herramienta tan compleja. Hace falta divulgación, formación y guías —humanas— que orienten el proceso de aprendizaje”, defendió.
Más allá de los datos, la jornada abrió también un espacio de reflexión en el que surgieron diversas preguntas. ¿Qué ocurre con el propósito de la vida cuando delegamos cada vez más tareas cognitivas a las máquinas? ¿Cómo se tolera la frustración en un mundo en el que la perfección tecnológica está al alcance de un clic?
Hernández habló de la necesidad de gimnasios cognitivos que compensen la delegación mental en la IA. Mujica, de una raíz epistemológica que permita entender cómo sabemos lo que sabemos y proyectarlo hacia la inteligencia artificial. Ambos coincidieron en que la clave no es el miedo, sino el aprendizaje.
La conclusión común es clara: la sociedad aún no es consciente de la magnitud del desafío. “Parece un problema de 2050, pero es un problema de 2030”, recordó Hernández, reclamando más espacios de divulgación pública, incluso en medios generalistas como RTVE. Mujica, por su parte, instó a no dejar que la narrativa la marquen solo las corporaciones.
PLOCAN, en su papel de institución científica, se convirtió por unas horas en escenario de esta conversación urgente. Porque la IA no es ya una cuestión de ciencia ficción: es la realidad que está reconfigurando la cultura, la economía y la propia definición de humanidad.
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