Entrevista | Tamara Cabrera Portavoz del Colegio Oficial de Psicología de Santa Cruz de Tenerife
«Los cambios de hogar generan una mezcla de emociones en los niños»
La profesional aborda el modo en que los menores afrontan las transiciones de vivienda cuando se produce una separación o un divorcio

La psicóloga Tamara Cabrera. / LP/DLP
Desde su experiencia clínica, ¿cómo suelen afectar los cambios de hogar a los niños y niñas que afrontan el divorcio o la separación de sus progenitores?
Cuando hay una separación o un divorcio, los cambios de hogar suelen desencadenar una mezcla de emociones, como incertidumbre, inseguridad, curiosidad o tristeza. Sin embargo, la intensidad y el tipo de reacción dependen en gran medida de cómo los progenitores aborden el tema con sus hijos. Según la información que les proporcionen y la manera en que les expliquen lo que va a suceder, los niños reaccionarán de una forma u otra. Es importante tener en cuenta que, ante una separación, los hijos experimentan una reorganización de su mundo emocional y de sus rutinas, ya que deben empezar a entender y vivir su día a día de un modo diferente.
¿Hay edades o etapas en las que estos cambios resultan especialmente difíciles para los menores?
Nunca hay que perder de vista la capacidad que tiene cada niño para entender y procesar lo que está ocurriendo, ya que esto condicionará sus reacciones. Entre los 0 y los 3 años, por ejemplo, los niños dependen en gran medida de la figura materna debido a la etapa perinatal y a la lactancia. En esta fase no tienen conciencia real de lo que implica un cambio, pero sí perciben que algo está ocurriendo. Entre los 3 y los 6 años comienza a desarrollarse una mayor comprensión de la situación y pueden aparecer síntomas como ansiedad, confusión, incertidumbre o irritabilidad. De los 6 a los 10 sucede algo similar, aunque con mayor capacidad de reflexión. Ya en la preadolescencia y la adolescencia puede incluso surgir una sensación de pérdida de control, pues atraviesan un momento vital marcado de por sí por numerosos cambios. En definitiva, cada etapa evolutiva vive la separación de un modo distinto. No obstante, siempre me gusta recordarles a las familias que las reacciones de los hijos dependerán en gran medida de cómo se les transmita el proceso y de la claridad con la que les expliquen lo que va a suceder.
¿Qué señales pueden alertar a los padres de que su hijo o hija no está gestionando bien los traslados entre hogares?
Hay que partir de la base de que, siempre que hay un cambio, existe una reacción, y esta puede manifestarse tanto en la conducta como en las emociones. Esto es un proceso normal, pero las alarmas deben activarse cuando la irritabilidad se mantiene en el tiempo o cuando los niños comienzan a aislarse, presentan alteraciones del sueño o se producen repercusiones en su rendimiento escolar. Desde mi punto de vista, la señal más clara de que no se está gestionando bien la situación es cuando, a pesar de que el niño o la niña ha evolucionado según su etapa, aparece una regresión o un retroceso en hábitos que ya estaban adquiridos. En los niños más pequeños esto es especialmente significativo. Cuando manifiestan estas conductas no es porque no quieran estar con su madre o con su padre, sino porque es su manera de expresar el malestar que sienten. A menudo las familias se lo toman mal, pero es fundamental validar estas reacciones, trabajarlas y, si es necesario, solicitar ayuda profesional.
¿Cómo influye la comunicación entre los progenitores en la estabilidad emocional del menor?
La comunicación y el respeto son fundamentales. De hecho, constituyen la base para gestionar una separación de manera sana. Cuando los padres mantienen una buena comunicación y transmiten un mensaje claro, el niño puede adaptarse con mayor facilidad a los cambios. Es importante que le hagan saber que, aunque ya no estén juntos como pareja, siguen formando un equipo. Cuando ocurre lo contrario y se utiliza a los hijos como canal de comunicación, algo que sucede con frecuencia, lo que se transmite es un mensaje de inseguridad. Por ello, la cooperación, la comunicación y el respeto son esenciales para que la separación pueda desarrollarse de forma saludable.
«La capacidad para entender lo que está ocurriendo condiciona las reacciones»
¿De qué manera condiciona el vínculo con cada progenitor la forma en la que los niños asumen estos cambios de entorno?
El vínculo es lo que permite que los padres mantengan ese anclaje emocional con cada uno de sus hijos. Por tanto, cuanto mejor sea ese vínculo, mejor podrán afrontar los niños los cambios de hogar. El vínculo hace referencia a la seguridad emocional que se construye con los hijos. Cuando existe un vínculo seguro, el niño siente que hay un amor incondicional, y esto le sirve de apoyo para adaptarse a todos los cambios que conlleva una separación. Es normal que los niños experimenten cierta añoranza, pero con un buen vínculo no sentirán miedo.
Algunos niños se adaptan con más facilidad que otros. ¿De qué depende esta diferencia?
En realidad, todo está relacionado con el vínculo, la comunicación, la edad, la estabilidad del entorno y la capacidad de gestión emocional. La resiliencia dependerá de todo lo que se ha ido aprendiendo y desarrollando dentro del entorno y del ambiente. Los niños y niñas que han tenido un desarrollo más seguro y han aprendido a gestionar sus emociones de forma saludable tendrán reacciones más adaptativas. Por el contrario, aquellos que no han vivido estas experiencias o que han estado expuestos a conflictos continuos en la convivencia serán más vulnerables. No obstante, también aquí entran en juego las características personales.
¿Qué recomendaciones daría a los padres y madres para minimizar el impacto psicológico de los traslados?
Que siempre hablen y expliquen las cosas en función de la edad de sus hijos o hijas. A veces tenemos miedo de abordar ciertos asuntos, pero no se tiene en cuenta que, cuando no se explican, especialmente en edades tempranas, los niños rellenan esos vacíos con lo que imaginan. Por otro lado, es importante que mantengan rutinas similares en ambos hogares y que los padres anticipen lo que va a suceder con los cambios para darles tiempo a gestionarlos. Además, debe evitarse siempre hablar mal del otro progenitor.
¿Cómo puede ayudar el entorno escolar o familiar a reforzar la seguridad emocional de los menores en estos procesos?
La familia extensa es un apoyo muy importante en una separación. Hablo de los abuelos, los tíos y otros familiares, pues son los que pueden ayudar a mantener la continuidad afectiva y a preservar espacios en los que se conserve una cierta sensación de normalidad. El entorno escolar también desempeña un papel fundamental. Por ello, es esencial que los profesionales de la educación observen los cambios de conducta, comprendan sus causas y puedan brindar apoyo y orientación a la familia. De la misma manera, resulta importante que los padres mantengan una comunicación fluida con el centro educativo, ya que a veces se producen modificaciones en el comportamiento de los niños y no se conoce su origen.
Suscríbete para seguir leyendo
- El bar más mítico Gran Canaria: abierto desde 1960 y famoso por su bocadillo de pata
- Aviso a los conductores canarios: la DGT implanta el nuevo límite máximo de velocidad en autopistas y autovías
- Tejeda, finalista de la campaña de enciende la Navidad de Ferrero Rocher
- La UD Las Palmas da luz verde al mercado: ficha para Benedetti, un delantero y un extremo izquierdo
- La voz del caníbal Kenneth V.V. y las publicaciones del horror: «Lo que cuenta es la huella en el corazón»
- El balbuceo de Luis García: 'Jesé no es titular en la UD Las Palmas porque las decisiones aquí son mías
- El butano será más barato esta Navidad: este será su precio hasta 2026
- Yeray Reyes impulsa la venta online para sus delicias navideñas