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Entrevista | Amós García Epidemiólogo

Amós García: «En esta novela quiero defender la ciencia frente a la inconsciencia»

El facultativo publica ‘Crónicas de la pandemia’, un título que combina la realidad con la ficción. La obra saldrá a la venta en diciembre.

El epidemiólogo Amós García.

El epidemiólogo Amós García. / Andrés Cruz

Las Palmas de Gran Canaria

Crónicas de la pandemia es una novela que mezcla la ficción con vivencias reales. ¿Cómo ha hecho esta combinación y por qué decidió embarcarse en esta aventura?

Al comienzo del libro, he señalado que cualquier parecido con la realidad no siempre es mera coincidencia. Por tanto, esta novela obedece a situaciones reales y cuenta con partes en las que he añadido hipótesis, que podrían ser razonables, sobre distintos comportamientos, fundamentalmente del sector negacionista de la pandemia. Decidí escribir este título porque consideré que era fundamental reivindicar el papel esencial que desempeñaron tanto los sanitarios como la ciudadanía, que en términos generales siguió las recomendaciones de los expertos. Algunos de mis principales objetivos han sido defender a la ciencia frente a la inconsciencia, el conocimiento frente al desnortamiento y la verdad frente a la mezquindad. Cada capítulo es casi una crónica sobre determinados problemas y están enganchadas unas con otras por un personaje que he bautizado como Jaime García, que es epidemiólogo.

¿Cuándo comenzó a escribirla?

Empecé en el verano de 2024, al poco tiempo de haberme jubilado. No tardé mucho en terminar de escribirla porque pretendía que fuera fácil de leer y comprensible para la inmensa mayoría de la ciudadanía. De hecho, tiene 134 páginas.

¿Qué papel le ha dado en el libro a la desinformación que circuló en ese momento?

Le he dado mucho protagonismo. Es fundamental recordar que, en una situación tan terrible y dramática como la que nos tocó vivir, la presencia de movimientos que negaban la existencia de una pandemia fue un factor decisivo a la hora de dificultar que los mensajes que lanzábamos los epidemiólogos llegaran a la ciudadanía. Por suerte, la población actuó muy bien y en general hizo caso omiso a esos cantos de sirena que surgían en determinados foros que, me atrevería a decir, respondían a intereses políticos muy concretos.

La pandemia de Covid-19 puso de manifiesto la necesidad de reforzar la salud pública. ¿Hay algún episodio que refleje la vulnerabilidad del sistema?

Los profesionales de Salud Pública tenemos una alta dosis de compromiso con la realidad social. Esto hizo que, a pesar de que en ocasiones nos faltaran recursos, decidiéramos suplir estas carencias trabajando el doble de horas de las que nos correspondían, y sin que nos pagaran esas horas extras. Gracias a la voluntariedad, la profesionalidad y el compromiso, las debilidades que presentaba la estructura no quedaron tan expuestas. Quizás sí afloraron en el momento de detectar algún problema, pero, en general, se fueron obviando. Ahora bien, esto no significa que nuestra aspiración de que la pandemia sirviera para comprender que Salud Pública es un eje vertebral fundamental del sistema sanitario, que requiere una inversión importante en todos los niveles, se haya cumplido. A día de hoy, pese al tiempo transcurrido, esa necesidad aún no se está materializando.

«He sido víctima de insultos, pero me quedo con todas las personas que me han dado las gracias»

Como vacunólogo y epidemiólogo, ¿qué decisiones profesionales considera que fueron claves en Canarias para cambiar el rumbo de la crisis?

El Archipiélago tuvo un papel muy relevante en el contexto de la pandemia. No hay que olvidar que el primer caso positivo en Covid-19 en España se detectó en La Gomera, en un momento en el que no teníamos ni la más remota idea de a qué nos enfrentábamos. Esto nos obligó a reaccionar muy rápido y a decidir cómo abordar un problema nuevo y complejo, que además estábamos seguros de que iba a tener un gran impacto. ¿Cómo lo hicimos? Aplicando las medidas clásicas de la salud pública. Además, Canarias vivió una de las primeras experiencias de confinamiento en Europa y, más en concreto en España: el confinamiento del hotel del sur de Tenerife. Sin duda, fue una decisión difícil, pero creo que la confluencia entre las decisiones políticas y las médicas permitió entender que lo prioritario era adoptar medidas que contribuyeran a minimizar el impacto que ese brote pudiera tener en la evolución de la enfermedad en nuestra tierra.

¿Cuál fue el peor momento que le tocó vivir?

Cuando realmente me sentí muy mal, fue cuando se llegaron a superar las mil muertes diarias a nivel estatal. Aquel momento fue terrible y nos hizo ver que el conflicto podría tener unas dimensiones brutales, como finalmente las tuvo. Para mí fue algo espantoso.

Los problemas de salud mental han aumentado después del confinamiento, sobre todo en personas jóvenes. Como profesional, ¿considera que se ha prestado la suficiente atención a este conflicto?

Desde mi punto de vista, lo que tendríamos que haber hecho en aquel momento era reflexionar sobre todas las medidas que se implementaron durante la pandemia. El confinamiento era necesario, pero ahora, con la experiencia adquirida, quizá podríamos replantearnos si debería haberse aplicado de una forma tan drástica o no. En cualquier caso, había que hacerlo. Sin embargo, debíamos ser conscientes de que estábamos privando a las personas jóvenes de una parte importante de su vida. Sus posibilidades de relacionarse iban a verse limitadas, algo que generó problemas. Desde esta perspectiva, las vallas de protección que se tendrían que haber puesto para afrontar esta situación no se pusieron, y eso, de alguna manera, se refleja en lo que estamos viendo en estos momentos.

¿Cree que vendrán más pandemias?

No tengo ninguna duda. Curiosamente, en el verano de 2019 organicé un curso sobre vacunas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Uno de los profesores que participó fue Fernando Simón, y una de las conclusiones que surgieron en una de las mesas fue que, tarde o temprano, íbamos a enfrentarnos a una pandemia. ¿Por qué? Porque existen varios factores que facilitan su aparición: el cambio climático, que está alterando la ecología de los microorganismos y los seres vivos; la pobreza, que genera claras diferencias entre países ricos y pobres, y además predispone a la aparición de problemas transmisibles con potencial pandémico; y la separación entre la salud humana, la salud ambiental y la salud animal. No hay que olvidar que las últimas grandes crisis han sido zoonosis, es decir, enfermedades que pasan de los animales a los seres humanos. Si seguimos sin entender que para abordar de forma correcta la salud humana hay que atender también a la salud animal y ambiental, los resultados serán negativos. Ahora mismo, estamos viendo una expansión de gripe aviar en animales, y espero que se continúe actuando como se está haciendo para evitar que se transmita a los humanos.

A su juicio, ¿el sistema nacional está preparado para afrontarlas?

Sin duda, aprendimos mucho de la pandemia de Covid-19. No obstante, considero que debemos enfatizar aún más el papel del sistema sanitario, ya que es una pieza fundamental del sistema de bienestar. Por ello, nunca debería ser objeto de recortes, sino siempre de mejoras en su financiación. Esto todavía no lo estoy viendo en Salud Pública. Por eso, creo que estamos mejor preparados que antes, pero no tengo la certeza de que contemos con los recursos necesarios para afrontar futuras situaciones.

¿Fue difícil asumir el rol de epidemiólogo de referencia en Canarias?

No. Por suerte, los profesionales de la comunicación en Canarias demostraron una gran profesionalidad y daba gusto abordar los problemas con ellos. Ese diálogo con los medios fue, para mí, una de las experiencias más satisfactorias durante la pandemia, porque me hizo comprender que era algo necesario y fundamental. El único efecto secundario fue convertirme en objeto de insultos por parte de algunos negacionistas, pero, en cualquier caso, me quedo con todas las personas que me han dado las gracias. De hecho, todavía hay gente que me para por la calle.

Su mensaje, «calma, paciencia y prudencia» cobró mucho protagonismo durante esos años. ¿Cómo ha traspasado esta filosofía a sus crónicas?

Siempre quise transmitirle a la ciudadanía que teníamos un problema importante, pero que la ciencia le iba a dar una solución, aunque esta no surgiera de la noche a la mañana. Al mismo tiempo, había que tener presente que la mejor forma de abordar un problema de este tipo es aplicando la prudencia. Todo esto he querido trasladarlo también a las crónicas.

¿Qué le diría a las personas que aún muestran desconfianza hacia las vacunas contra el covid?

Que se trata de asumir lo que dice la ciencia y no lo que dice la inconsciencia. Siempre hay que hacer caso a los profesionales formados.

¿Cuál cree que es la lección más valiosa que debe conservar la sociedad?

Que nunca hay que bajar la guardia frente las enfermedades transmisibles. Esto se debe aplicar también a los procesos crónicos degenerativos, pues hay pandemias de enfermedades crónicas como la obesidad.

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