Ferran Adrià: «La actitud innovadora la puede tener cualquiera»
«Innovar no es glamuroso: primero hace falta dinero, y después talento, esfuerzo, pasión y constancia», explica el cocinero.

Ferran Adrià. / LP/DLP

El reconocido cocinero participó el viernes en la gira ‘Conecta Innovación: Universidad, Empresa y Futuro’, un programa que promueve la innovación, la creatividad y la colaboración entre universidad y empresas impulsado por Telefónica.
¿Qué significa realmente innovar hoy?
Innovar hoy exige entender todo el ecosistema que hay detrás de la palabra. Hay que contextualizar: imaginación, creación, innovación, investigación y mejora. Imaginación es tener ideas originales; imaginar es la acción. La creatividad es la capacidad para llevarlas a cabo, y crear es hacer algo original. Innovar, en cambio, es lograr que esa creación tenga éxito económico o que genere valor. Yo tengo una fundación: no gano dinero para mí, pero quiero que gane dinero para poder operar. Eso también es innovación. Pero para llegar ahí tienes que adoptar una actitud científica, cuestionar el statu quo, tener una visión holística, orden, una mirada digital del mundo y mucha eficiencia, porque la mayoría de pequeñas empresas no tienen dinero para equivocarse.
Se suele confundir innovación con mejora o investigación.
Sí, mucho. Mejorar cómo se limpia un aula no es innovar. E investigar tampoco es siempre innovar. Descubrir un planeta nuevo es innovación… o no: es un gris. Esto va de entender Sapiens: cuestionarte el statu quo, tener una visión holística y sistémica, una actitud científica, orden y una actitud digital. Hoy no se puede entender el mundo sin una visión digital de las cosas. Y después, eficiencia: las pequeñas empresas no tienen dinero.
¿Todo el mundo puede tener esa «actitud científica»?
Sí. Actitud sí. Trabajar con orden. Tú ahora mismo lo tienes: estás grabando, también estás escribiendo, estás preparada. Hay gente que viene a una entrevista sin grabadora e igual yo no lo entiendo. Pero la libertad es lo más bonito. Cada uno que haga lo que quiera y como le sirva.
Usted suele explicarlo con ejemplos cotidianos.
Claro. ¿Qué es un plátano? Parece fácil, ¿no? Pero empiezas a preguntar y descubres que no se sabe casi nada: historia, tipos, origen, papel en la sociedad, economía, energía, transporte… Cuando conectas todo de manera holística entiendes lo que significa pensar en sistemas. La teoría general de sistemas, el pensamiento sistémico aplicado a las organizaciones… Ese es el hecho diferencial de Sapiens».
¿Y cómo se baja todo eso a la vida real?
Innovar no es glamuroso. Es muy terrenal. Primero: dinero. Sin dinero no se hace nada, o casi nada. Segundo: talento, esfuerzo, pasión y constancia. Y tercero: actitud. La actitud innovadora puede tenerla cualquiera: estar al loro, observar, compararte, buscarte la vida. Si yo tengo una zapatería en Las Palmas, hoy puedo ver con un clic qué hacen en Tokio o en Nueva York. Ese es el cambio real. Con internet ya no puedes decir que no sabes qué está pasando en el mundo. Y aun así, la clave sigue siendo la misma: comprender. Sapiens no es teoría; es aprender a conectar todas las partes del sistema para saber por qué haces lo que haces.
¿La inteligencia artificial es una herramienta creativa o una amenaza para el pensamiento crítico?
Primero, hay que saber para qué sirve la inteligencia artificial (IA). La gente confunde el modelo con el ChatGPT. El chat es un Google mucho más rápido. Hay aplicaciones brutales para diseñar cosas, pero si quieres hacer algo que no se ha hecho nunca, la IA no te lo hará. Solo hace cosas que ya existen. Pero para imaginar, que no es crear, te puede ayudar: es como un brainstorming con la máquina.
¿Puede disminuir o verse afectada la creatividad humana si se hace un uso excesivo de la IA?
El conocimiento es vital para crear. Cuanto más conocimiento tengas, mejor. Pero no hay que confundir información con conocimiento. Yo puedo leer tu periódico hoy: eso es información. ¿Qué se me queda? Solo lo que me interesa. Con el ChatGPT pasa igual.
¿Está cambiando nuestra forma de pensar?
El mundo evoluciona. Comunicación y energía han cambiado todo. La escritura, la imprenta, internet, Google, la IA… Son revoluciones enormes. Tu estructura mental cambia. Yo escribo siempre a lápiz, repito los proyectos veinte veces para conectar ideas. No sé si un niño de hoy podría hacerlo igual, porque no estoy en su cabeza.
¿La escritura manual se perderá?
Puede ser. Seguramente terminará siendo obligatoria otra vez. Hay un debate enorme sobre si los exámenes deben ser escritos a mano o no. Para comunicar, leer un papel es muy difícil si no estás muy entrenado. En mis charlas no llevo papeles: es todo memoria y entrenamiento.
¿Qué debería cambiar la educación universitaria para formar innovadores reales?
Lo primero es entender que no todo el mundo tiene que ser innovador, pero sí tener actitud innovadora: cuestionar, observar, buscarse la vida. Hoy casi ningún doble grado de ADE tiene una asignatura de innovación ni de empresa pequeña. Todo se enseña para ser directivo de una gran empresa, y eso no es real. La filosofía es vital porque es como piensas: hay que leer a cuatro o cinco grandes filósofos para entenderlo. Y luego está el formato: las clases deberían grabarse siempre. Si estás enfermo, ¿qué haces? Además, los alumnos tendrían que decir para qué les sirve cada clase. Cuestionar el statu quo es incómodo, pero necesario si queremos una universidad que prepare para el mundo real.
¿La tecnología democratiza la innovación?
La innovación no; el conocimiento sí. Un chico de Mongolia puede estudiar en edX cursos del MIT o Harvard casi gratis, y si es un crack la IA lo detectará y lo becarán. Es una revolución. Pero todo depende del esfuerzo. Tú decides si ves series o estudias. Lo primero es el plan de vida: ¿quieres hijos?, ¿sabes cuánto cuesta?, ¿qué casa quieres?, ¿qué ropa? La gente no lo sabe.
En un mundo saturado, ¿cómo encuentra uno su camino profesional?
Yo no pido pasión a la gente. Pasión puede tenerla un propietario o un CEO, no se la puedes exigir a todos. Lo que sí puedes pedir es profesionalidad. Yo me levanto a las cinco de la mañana sin cobrar porque me apasiona. Pero no puedo pedirlo a los demás.
¿Por qué es tan difícil innovar con una visión global?
Innovar al máximo nivel es extremadamente difícil porque es un proceso poliédrico: requiere talento, conocimiento, esfuerzo, constancia y un contexto adecuado. No basta con tener una buena idea; tienes que entender el sistema entero, conectar todos los elementos como plantea Sapiens, cuestionar el statu quo y tener una actitud científica y ordenada. Además, la innovación global demanda recursos: dinero, tiempo y capacidad para equivocarte, algo que la pequeña empresa normalmente no tiene. Por eso siempre digo que una pyme no tiene por qué innovar, pero sí debe ser innovadora: estar al loro, observar qué pasa en el mundo, buscarse la vida y adaptar lo que funciona. La visión global no es un discurso teórico: es comprender que la innovación exige mirar más allá de tu entorno inmediato y, aun así, tener los pies en el suelo para que las cosas ocurran.
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