Explicación científica
¿Pudo el virus de la peste porcina escaparse de un laboratorio? Cuatro indicios científicos sobre esta hipótesis
El análisis genético del virus hallado en jabalís catalanes apunta a que se trata de una cepa similar a la utilizada en laboratorios, lo que ha llevado a investigar posibles fallos humanos o técnicos en instalaciones dedicadas al estudio de este patógeno

Exterior del laboratorio IRTA-CReSA. / David Zorrakino / Europa Press
Valentina Raffio
El origen del brote de peste porcina africana detectado en Cataluña sigue siendo un misterio. En un primer momento, se habló de que el virus podía haber llegado a la Sierra de Collserola a través de un "bocadillo contaminado" procedente de algún punto de Europa. Pero el viernes, tras la publicación de la primera secuencia genética de los virus observados en los jabalís catalanes infectados, surgió una nueva hipótesis; que el brote se haya originado a partir de una "fuga" de un laboratorio. ¿Pero cómo puede un virus "escaparse" de un entorno así? ¿Qué ha podido fallar para que un agente infeccioso de este tipo se haya fugado de un espacio tan controlado y con tantos protocolos de seguridad como un laboratorio de alta seguridad? ¿Y qué indicios habrá que seguir para investigar esta hipótesis?
"Aún no sabemos qué ha podido iniciar el brote de peste porcina en Cataluña, pero lo más probable es que sea fruto de un error humano o de un fallo técnico", afirma Javier Capilla Luque, profesor de virología de la Universitat Rovira i Virgili (URV) e investigador del equipo de Micología y Microbiología Ambiental (MICROAMB). "Los virus por sí solos no tienen patas, no se mueven, no viajan. Si este patógeno ha llegado a Cataluña lo más seguro es que, directa o indirectamente, sea culpa de un humano. Ya sea por la teoría del bocadillo o por la tesis del laboratorio, todo apunta a que en el origen de este brote hay algún tipo de error del hombre y no una simple transmisión entre animales infectados de otras partes de Europa", comenta el especialista en una entrevista con El Periódico de Cataunya.
Estos son algunos de los indicios científicos para entender qué sabemos y qué no del origen de este brote, de la tesis del bocadillo y de la hipótesis de la fuga del laboratorio.
El análisis genético realizado por el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA) desvela que el virus que circula en Cerdanyola del Vallès no se parece al observado en el resto de Europa sino que, tal y como demuestra el análisis, pertenece al "nuevo grupo genético 29" y que, casualmente, "es muy similar al grupo genético que circuló en Georgia en 2007 y que actualmente se utiliza como virus de referencia para estudios de laboratorio". Este es el indicio que, según reporta el Ministerio de Agricultura, pone sobre la mesa la hipótesis de que este brote pueda tener su origen "en una instalación de confinamiento biológico". Sobre todo teniendo en cuenta que muy cerca de la 'zona cero' del brote existen varios laboratorios que trabajan con este virus como, por ejemplo, los del IRTA-CReSA y otras instituciones científicas situadas en la zona de Bellaterra.
El virus detectado en jabalís catalanes se parece más al utilizado en los laboratorios, donde solo se trabaja con "tres o cuatro cepas de referencia", que al que se encuentre de forma natural en Europa
Según argumenta Capilla, en los laboratorios se trabaja con "solo tres o cuatro cepas distintas" del virus que han sido aisladas hace años, que ya han sido fruto de estudios y que sirven como punto de comparación para poder estudiar tanto el patógeno en sí como los nuevos linajes que puedan surgir. Se trata, salvando las distancias, de la misma dinámica que se utiliza con el virus responsable del covid-19. En el caso del estudio de la peste porcina africana, los patógenos de referencia que se utilizan en los laboratorios son "virus antiguos" que "no se corresponden con las cepas que actualmente están corriendo por Europa". "El virus de la peste porcina muta mucho, pero raro sería que una nueva mutación acabe adquiriendo la forma de un virus más antiguo como el modelo de Georgia de 2007", afirma el especialista.
La hipótesis de la fuga del laboratorio se basa, por ahora, en un argumento genético. Y es que el virus hallado en los jabalís es similar al utilizado en estudios. ¿Pero cómo podría, eventualmente, un patógeno escapar de salas de alta seguridad? "Los virus por sí solos no pueden escaparse. Entre otras cosas, porque ni son móviles ni tienen un cerebro que les permita urdir un plan de fuga. En caso de que estos organismos hayan salido de un laboratorio, la única forma de que lo hayan logrado es a través de fallos humanos o técnicos", sostiene Capilla, quien recuerda que actualmente todos los estudios sobre esta enfermedad solo se pueden realizar en plataformas con nivel de seguridad 3 (de los más altos que existen) y que "aunque hay muchísimos protocolos para evitar fugas, el riesgo cero no existe".
La mala gestión de los residuos derivados de estudios sobre la enfermedad o problemas en la ventilación del laboratorio podrían haber ocasionado una fuga accidental del virus
En los últimos días se ha hipotetizado sobre posibles fallos en los laboratorios como, según recoge TV3, una mala incineración de tejidos contaminados con el virus, problemas con el traslado de las muestras a otros centros, fallos en los procesos de inactivación del virus o un incumplimiento de los protocolos de seguridad existentes. "Todos estos escenarios podrían haber provocado la fuga del virus. Hay muchos errores humanos que podrían estar detrás de una eventual fuga, pero también muchos errores técnicos como algo tan aparentemente inocuo como un error en los sistemas de ventilación y filtrado del aire de los laboratorios", afirma el especialista.
La siguiente incógnita es aún más complicada de abordar. Y es que si asumimos la tesis de que el virus se escapó de un laboratorio, ¿cómo llegó a infectar al primer jabalí? "La peste porcina africana difícilmente se transmite a través de vía respiratoria. Lo más probable es que el primer animal contagiado entrase en contacto con el patógeno mediante la ingesta de algún alimento contaminado con el virus", afirma Capilla. Esto implicaría "una cadena de pequeños errores y casualidades" según la cual el virus escapó del laboratorio, se posó sobre algún elemento y este acabó finalmente en las fauces de un jabalí. Algo así como la dinámica que se planteó con la teoría del bocadillo foráneo infectado.
Dado que el patógeno es muy resistente puede que el brote derive de un error ocurrido hace "meses o incluso años"
Un elemento más que complica la investigación es la morfología del propio virus. "Se trata de un patógeno muy resistente que puede aguantar meses incluso años activo y con capacidad para infectar. Para ello, solo necesita estar en rangos de temperatura de entre -4 a 25 grados centígrados y esa es una condición que se da en entornos como los de Collserola", explica Capilla. Esto implica que en caso de que existan restos de tejido de animales infectados, muestras del virus inactivadas de forma incorrecta o residuos de los estudios mal tratados, cada uno de estos elementos podría ser potencialmente infeccioso durante largos periodos de tiempo.
Para intentar averiguar cuál es el origen exacto del brote, los científicos designados por el Govern trabajarán ahora en dos líneas; el desarrollo de análisis genéticos del virus y una auditoría exhaustiva de los protocolos y movimientos de material utilizado en los laboratorios en los que se trabaja con este patógeno.
"Las secuencias del virus serán clave porque permitirán reconstruir la historia evolutiva de este brote. Esta información por sí sola no podrá demostrar un escape, pero sí podría indicar si la cepa encontrada puede ser fruto de la evolución natural o se parece más a los modelos antiguos que hay en los laboratorios", argumenta el experto, quien afirma que se trata de una cuestión tan "extremadamente compleja" que no podemos descartar que "nunca se llegue a saber cómo se originó el brote y cuál fue el primer foco de contagio".
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