Nayara Ortega: «La Navidad activa procesos emocionales complejos»
La profesional aborda la presión que sienten muchas personas por estar felices en estas fiestas

La psicóloga Nayara Ortega. / LP/DLP
¿Por qué cree que existe tanta presión social para estar felices en Navidad?
La Navidad se ha construido culturalmente como un período de bienestar emocional obligatorio y también se asocia a valores como la gratitud o la unión familiar. A esto se suma la idea de que el cierre del año debe ser positivo, lo que refuerza la creencia de que es un momento en el que todo el mundo debería sentirse bien. Por tanto, cuando una emoción no encaja con este mandato social, aparece una sensación de malestar. Esto genera una presión muy grande en las personas que no pueden tener sentimientos de felicidad en este período, ya que sienten que sus emociones no coinciden con lo que la sociedad establece como normal.
¿Cómo influyen las redes sociales y la publicidad en esta expectativa?
Tanto la publicidad como las redes sociales refuerzan la imagen idealizada de estas fiestas. De hecho, en esta época circulan muchos vídeos con vínculos armónicos en los que aparecen familias muy extensas y unidas, lo que contribuye a visibilizar emociones positivas constantes. Sin embargo, estas representaciones no reflejan la gran diversidad de estructuras familiares que existen. Como consecuencia, se generan constantes comparaciones que pueden llevar a las personas a percibir su propio malestar como algo anómalo, cuando en realidad es algo frecuente y comprensible.
Por tanto, ¿es normal experimentar sentimientos de vacío o tristeza en esta época?
Sí, es completamente normal. De hecho, la Navidad suele activar procesos emocionales complejos como la soledad, los duelos no resueltos y los conflictos familiares o de pareja. Además, durante este período es habitual hacer un balance del año que, en muchos casos, lleva a tomar conciencia de que no se han cumplido las expectativas personales. Esto hace que para muchas personas no sea un tiempo de celebración, sino un período de mayor conciencia emocional, por lo que pueden sentirse tristes o vacías en estas fechas. La literatura científica se refiere a este fenómeno como la depresión blanca, un estado emocional de tristeza que se experimenta durante la Navidad y que no es patológico.
¿Qué ocurre cuando una persona siente que debe estar feliz pero no puede?
Cuando eso sucede, se produce una disonancia emocional. La persona siente algo distinto a lo que cree que debe sentir, lo que genera culpabilidad, vergüenza y autoexigencia. Muchas veces, en lugar de manifestar la emoción real, se intenta corregir u ocultar, pero esto aumenta el malestar psicológico y favorece la desconexión emocional propia.
«Tanto la publicidad como las redes sociales refuerzan la imagen idealizada de estas fiestas»
¿Cómo afecta a la salud mental el hecho de reprimir las emociones reales?
Sin duda, esto afecta de forma muy negativa. El hecho de ocultar cómo nos sentimos realmente, de forma sostenida, se asocia a mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y somatizaciones. Desde una perspectiva neuropsicológica, inhibir de forma constante la emoción implica un alto coste cognitivo y fisiológico. Las emociones que no se reconocen o no se expresan de una manera adecuada no desaparecen, sino que tienden a manifestarse de otras formas menos adaptativas.
En el caso de las personas que atraviesan un duelo, ¿cómo pueden convivir con este proceso en este período del año?
Es fundamental comprender que los procesos de duelo no se detienen por el calendario, ya que no entienden que ha llegado la Navidad ni que, según las normas sociales, debemos estar alegres. Intentar forzar la felicidad para cumplir con esta expectativa puede resultar incluso más doloroso. Algunas estrategias que pueden ayudar en estos casos son reducir el número de compromisos sociales, crear nuevas costumbres o tradiciones y, por supuesto, permitirse estar triste si es así como se siente la persona.
¿Qué consejos pueden ayudar a gestionar la presión social y emocional que se experimenta por sentir la obligación de tener que disfrutar de estas fechas?
Básicamente, se trata de ajustar nuestras expectativas y de aceptar que no todas las navidades se viven con la misma alegría ni con la misma intensidad. También es recomendable limitar la exposición a las redes sociales si sentimos que nos generan malestar o nos llevan a compararnos con otros. Además, es importante poner límites a los compromisos que resulten emocionalmente costosos, validar nuestras emociones sin juzgarnos por no sentirnos bien y buscar espacios para compartir con personas que sean significativas para nosotros.
¿Cree que la Navidad puede servir como una enseñanza para determinar cuáles son las necesidades emocionales de las personas?
Sí, la Navidad puede ser un período de reflexión. Si nos permitimos aprovechar los días de descanso para vivir estas fechas desde la introspección y la retrospección, será posible hacer un análisis personal. No obstante, es importante entender que los cambios que deseamos o los nuevos propósitos no deben asumirse como obligaciones estrictas que haya que cumplir a partir del 1 de enero. Tenemos todo un año por delante para trabajar en ellos. Además, es fundamental aceptar los errores.
¿Es posible prepararse emocionalmente para las navidades del próximo año a partir de las experiencias?
Las experiencias pueden ayudarnos a tomar conciencia de lo que no queremos que se repita, y, por tanto, a hacer cambios, siempre que estos estén en coherencia con lo que queremos y lo que necesitamos. Sin embargo, no considero que sea algo que debamos planificar desde ahora. Quizás sea más adecuado hacerlo cuando nos acerquemos a las próximas navidades. De este modo, podemos centrarnos en vivir el presente, sin la angustia de anticiparnos a lo que vendrá después.
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