Alimentos insanos
Consumo estudia prohibir la venta de bebidas energéticas a los menores de 16 años
El veto formaría parte de una nueva regulación sobre la publicidad de los alimentos insanos infantiles, que Bustinduy quiere lanzar en las "próximas semanas"

Un niño ante varias bebidas energéticas. / REDACCIÓN
Patricia Martín
Más del 40% de los estudiantes de entre 14 y 18 años consume habitualmente bebidas energéticas, una tendencia creciente y preocupante, según los expertos en salud pública. En este escenario, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 está "estudiando" prohibir la venta de este tipo de bebidas a los menores de 16 años, dentro de una normativa más amplia y destinada a regular la publicidad de los alimentos insanos dirigidos a niños y adolescentes, según adelantan fuentes del departamento dirigido por Pablo Bustinduy a EL PERIÓDICO.
De hecho, el ministro ha anunciado este lunes que "en las próximas semanas" hará pública la nueva normativa, con el argumento de que los anuncios de alimentos poco saludables "tienen un efecto nocivo en la salud de las niñas, niños y adolescentes". Lo ha hecho en el acto organizado por su ministerio y titulado 'De la evidencia a la acción: regular la publicidad de alimentos insanos', en el que se ha presentado un barómetro realizado por la Agencia Española de Seguridad Almentaria y Nutrición (AESAN) que señala que casi el 80% de la población apoya que se prohíban los anuncios de alimentos no saludables dirigidos al público infantil.

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El barómetro refleja también que el 91% de los encuestados cree que debería prohibirse la venta de bebidas energéticas a los menores de 16 años y la mitad (el 54%) que el veto debería extenderse hasta los 18 años. Según el ministro, estos datos confirman que la sociedad española "es plenamente consciente del problema que supone la exposición de los menores a la publicidad de productos insanos" y de ahí que su departamento vaya a impulsar la nueva regulación en las próximas semanas.
No obstante, está por ver si la normativa cuenta con apoyo suficiente, puesto que el anterior ministro de Consumo, Alberto Garzón, ya intentó vetar en la pasada legislatura la publicidad no saludable de alimentos como el chocolate, las galletas o los helados dirigidos a menores, con el fin reducir los altos índices de obesidad infantil, pero no lo consiguió porque los ministerios de Agricultura e Industria vetaron su Real Decreto, haciéndose eco de las peticiones de las empresas afectadas.
Comedores y hospitales
Sin embargo, Bustinduy ha logrado, hasta ahora, aprobar un decreto sobre comedores, que procura una alimentación saludable en los colegios y prohíbe la bollería industrial en ámbitos educativos y está estudiando hacer lo mismo en la alimentación que se sirve en hospitales, residencias de mayores y otras instalaciones públicas donde, por ejemplo, Consumo prevé limitar la oferta de alimentos ultraprocesados, cuyo consumo se ha triplicado en los últimos 30 años.
"Nuestro siguiente paso es regular la publicidad de alimentos insanos, con una propuesta que de nuevo se va a basar en la evidencia acumulada y los datos", ha indicado Bustinduy, para a continuación exponer los resultados del barómetro y subrayar que el 80% de los niños consumen alimentos y bebidas no saludables, "sobre todo aquellos más expuestos a la publicidad", que son los que pertenecen a las "familias más vulnerables".
Famosos y deportistas
"No se trata de responsabilizar a esas familias [...] sino de democratizar la alimentación saludable, para que esta no dependa del código postal o de la familia donde se nace", ha precisado. El ministro ha indicado también que los menores españoles están expuestos a 11 anuncios de comida insana en la televisión al día y si se suman otras plataformas, la cifra sube a casi 30 anuncios diarios. "Por tanto, ante el consenso social mayoritario y transversal, creo que es hora de que las administraciones actúen y es lo que vamos a hacer", ha afirmado.
Según la Organización Mundial de la Salud, la exposición a la publicidad de alimentos poco saludables incrementa la ingesta calórica de los menores, promueve su consumo y tiene un impacto perjudicial y sostenido en el tiempo en su salud. Además, la OMS advierte de que la publicidad de este tipo de productos utiliza técnicas persuasivas que pasan desapercibidas entre los más jóvenes, haciendo uso de 'influencers' o de ídolos del deporte para su promoción, y apelando a un atractivo emocional que asocia estos productos a la diversión y al entretenimiento.
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