Tribunales
El juicio de la Primitiva millonaria de A Coruña se acerca a su fin: La Fiscalía mantiene la petición de seis años de cárcel para los hermanos Reija
La fiscal retira el delito de encubrimiento para el delegado por haber prescrito y lo acusa solo de blanqueo de capitales, mientras que los abogados de la defensa solicitan la absolución
El delegado de Loterías, acusado de ayudar a su hermano a quedarse con la Primitiva: "Lo primero que hice fue meterla en un sobre de plástico para proteger las huellas"

Miguel Reija llega a la Audiencia de A Coruña para declarar como acusado en el juicio de la Primitiva millonaria sin dueño. / Gus de la Paz
Ana Carro
La Fiscalía mantiene la solicitud de seis años de prisión para los hermanos Manuel y Miguel Reija, acusados de quedarse con la Primitiva millonaria. Al lotero de San Agustín se le atribuye un delito de estafa o alternativamente de apropiación indebida. En el caso del delegado ha habido un cambio. La fiscal mantiene su petición de seis años de cárcel por un delito de blanqueo de capitales, pero elimina el delito de encubrimiento por haber “prescrito”, ya que el hallazgo fue en 2012.
La acusación particular, los abogados de la familia de José Luis Alonso --ya fallecido-- a quien la Policía y la Fiscalía consideran legítimo propietario del boleto, se ha adherido a este escrito, y también ha añadido detalles al relato de los hechos.
Las defensas de los hermanos Reija piden su absolución. En el caso del lotero propone subsidariamente la atenuante de dilaciones indebidas.
"La prueba nos dice que Manuel Reija miente"
En sus conclusiones, la fiscal Olga Serrano apuntó que la "avaricia" del lotero le llevó a una "actitud malévola" ante el apostante, al que, aseguró, tenía delante en el momento en el que comprobó el boleto premiado con 4,7 millones de euros. "La prueba nos dice que Manuel Reija miente", dijo Serrano al hacer referencia a la máquina de la administración de San Agustín, donde se ven varias transacciones en el momento de la comprobación y también nuevas apuestas a continuación con idénticos números que las presentadas junto a la Primitiva millonaria. Además, manifestó que "quedó acreditado que Miguel —el delegado—sabía el origen ilícito del boleto" y "utilizó" sus contactos en la Selae para "allanar el camino de su hermano".
Beatriz Seijo, abogada de la viuda de José Luis Alonso, señaló que la actividad de la máquina de San Agustín aporta "datos irrefutables" de que el jugador estaba en la administración cuando se hizo la comprobación. Ve como una destrucción de pruebas que el lotero se deshiciese del resto de boletos que acompañaban al ganador. Sobre el delegado, dijo que "Miguel decidió no actuar para ayudar" a su hermano. El abogado de la hija del que la Policía y la fiscal considera legítimo propietario del boleto, Christian Díaz Delgado, manifestó que "no existe género de duda de que el perjudicado es José Luis Alonso, el apostante al que el lotero sustrajo el boleto premiado". Sobre las versiones de los acusados expuso que "lo que cuentan los hermanos Reija es inexplicable e injustificable". Además, puso ejemplos de otras estafas de loteros en España para expresar que "no es algo anómalo".
Belén Canosa, la abogada de la otra familia reclamante, la de Manuel Ferreiro, también fallecido, insistió en que en este proceso no se ha permitido hacer una prueba de ADN al boleto que, en su opinión, hubiese sido clave.
"Meterla en un sobre"
Miguel Reija explicó este martes en el juicio que cuando recibió el boleto, el 3 de julio de 2012, el día siguiente al hallazgo, "lo primero" que hizo fue "meterla en un sobre de plástico para proteger las huellas".
Reconoció, a preguntas de la fiscal, que no avisó a la Policía en el momento que su hermano le contó lo que le había pasado porque no vio "actitud ilícita en ningún momento".
Sobre el día del hallazgo, Miguel recordó que Manuel llegó a la delegación "poco antes de las dos de la tarde" y le enseñó su "cartera", de donde "saca un boleto" y le dice: "mira lo que he encontrado". "Me explicó que había encontrado un grupo de boletos que tenía al lado del pasamonedas, que los metió en la máquina, que no tenía a nadie delante, y que uno tenía un premio superior. Luego siguió trabajando y los volvió a comprobar porque no daba crédito a lo que habia visto", apuntó.
En ese momento no le extrañó que su hermano pasase los boletos por la terminal porque "hay de todo, hay administradores muy pulcros" y otros que hasta "revisan papeleras", algo que entiende "no se debe" hacer.
Le preguntó a su hermano qué había ocurrido con el resto de boletos, pero en aquel momento no le dio más importancia. "El boleto principal lo teníamos delante. No vi importante preocuparme de otros boletos", expuso, solo se dio cuenta de que sería clave "años después". Pensó que el boleto era "un documento con información suficiente para hallar al dueño".
Insistió en que esta fue una "circunstancia inusual". El lotero se llevó la Primitiva millonaria por la tarde a la administración por si aparecía el legítimo propietario. No avisaron entonces a Loterías para "evitar los tres meses de caducidad". Al no tener ninguna consulta, Manuel llevó el boleto a la delegación al día siguiente. "Lo primero que hice fue meterlo en un sobre de plástico para proteger las huellas", indicó.
En todo momento dio "totalmente por buena" la versión de su hermano. "Me da igual que fuese mi hermano. Lo haría por cualquier persona. Siempre actué como delegado", expuso.
Siguió "órdenes" de Selae
En cuanto tuvo el boleto en custodia en la delegación, Miguel Reija llamó a otros delegados y a compañeros de la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado (Selae) para saber qué hacer. El presidente de la asociación de delegados le recomendó "que lo pusiese en conocimiento del presidente --de la Selae-- a la mayor brevedad posible". Lo hizo y unos días después viajó a Madrid para informar de lo ocurrido con una fotocopia de la Primitiva millonaria.
El delegado, que entonces no sabía qué era un expediente de hallazgo, aseguró que siguió "ordenes" de la Selae y que por eso acompañó a la Policía a recoger huellas en la administración de Carrefour, donde se selló el boleto, y también propuso a su hermano hacer un escrito de solicitud de cobro para evitar la caducidad del premio. "Me llamaron de Madrid. Nunca fue de motu propio", declaró, y dijo, como su hermano, que la intención no era cobrar el premio sino "evitar la caducidad" del mismo.
La lotera de Carrefour contó en el juicio que, ante las preguntas de algún cliente, llamó al delegado para preguntar por el premio y desveló que le dijo que este "ya estaba cobrado". Miguel Reija lo niega. "Le dije ‘el boleto ha aparecido y no me vuelvas a llamar, si alguien aparece, lo mandas al a delegación’. La palabra fue aparecido, no cobrado ni pagado", defendió. Hizo esto, manifestó, para "proteger" a la lotera porque las preguntas sobre un premio puede considerarse "sospecha de blanqueo de capitales".
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