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Drogas y conducción: la combinación que deja alrededor de 300 muertes al año en España

Fundación Mapfre reclama tolerancia cero, más educación vial, controles eficaces y límites claros ante un riesgo que afecta a conductores, motoristas, peatones, ciclistas y usuarios de patinetes.

El alcohol en la conducción

El alcohol en la conducción / DGT

Hablar de drogas y conducción es hablar de una de las combinaciones más peligrosas para la seguridad vial. Aunque muchas veces se utilice la expresión “drogas recreativas”, el término puede llevar a una percepción equivocada del riesgo. Lo que en determinados contextos se asocia al ocio, a la fiesta o al consumo social, se convierte en una amenaza grave cuando se mezcla con el volante de un turismo, el manillar de una motocicleta, una furgoneta, una bicicleta o un patinete eléctrico.

Jesús Monclús, director experto de Prevención y Seguridad Vial de Fundación Mapfre, lo resume con claridad: no existe ninguna droga que sea positiva para conducir. Todas alteran, de una u otra forma, las capacidades necesarias para circular con seguridad. La Dirección General de Tráfico también advierte de que las drogas de abuso, al igual que el alcohol y otras sustancias, alteran gravemente las capacidades para conducir y aumentan el riesgo de accidente.

Los datos explican la dimensión del problema. En 2024, el 16,4% de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico sometidos a análisis toxicológico había consumido drogas, según la Memoria del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses difundida por el Ministerio de Justicia. En total, el 48,2% de los conductores fallecidos analizados dio positivo en alcohol, drogas o psicofármacos.

La situación también afecta a los peatones. Entre los peatones fallecidos por atropello en 2024, el 42,6% presentó resultados toxicológicos positivos en alcohol, drogas o psicofármacos. En el caso concreto de las drogas de abuso, la DGT recogió que el 11% de los peatones fallecidos dio positivo.

Estos porcentajes ayudan a entender por qué los expertos insisten en la idea de tolerancia cero a las drogas al conducir. No se trata solo de evitar una sanción o de superar un control. Se trata de reducir un riesgo que puede acabar con vidas, provocar lesiones irreversibles y generar consecuencias penales, familiares y sociales durante años.

El consumo de drogas afecta a funciones esenciales para conducir: la atención, la percepción del entorno, la capacidad de reacción, la coordinación, la visión, la memoria y la toma de decisiones. La DGT señala que la conducción es una tarea compleja que se ve afectada por sustancias psicoactivas precisamente porque alteran esas capacidades básicas.

El problema es que no todas las drogas actúan igual, ni todas las personas reaccionan de la misma manera. Una misma sustancia puede tener efectos distintos según la dosis, la frecuencia de consumo, el estado físico, el cansancio, la edad, la mezcla con alcohol o medicamentos y la propia vulnerabilidad de cada persona. Por eso, confiar en frases como “yo controlo”, “solo he consumido poco” o “ya se me ha pasado” es especialmente peligroso.

El cannabis, por ejemplo, puede provocar somnolencia, relajación excesiva, pérdida de concentración y peor cálculo de distancias. La somnolencia ya se considera uno de los grandes factores de riesgo en carretera, porque reduce la vigilancia y retrasa la respuesta ante cualquier imprevisto. En una vía rápida, unos segundos de reacción más lenta pueden marcar la diferencia entre evitar un choque o sufrir un siniestro grave.

La cocaína, en cambio, puede generar el efecto contrario: euforia, exceso de confianza, falsa sensación de control, desprecio del riesgo y tendencia a conducir más rápido o de forma más agresiva. Ese estado puede llevar a maniobras imprudentes, adelantamientos peligrosos, invasiones de carril, falta de respeto a la distancia de seguridad o reacciones impulsivas ante otros usuarios de la vía.

A estas sustancias se suman otras drogas estimulantes, depresoras o alucinógenas, cada una con efectos distintos pero siempre incompatibles con una conducción segura. Lo relevante es que ninguna mejora la seguridad. Algunas adormecen, otras aceleran, otras distorsionan la percepción y otras alteran el juicio. Todas aumentan el riesgo.

La combinación con alcohol multiplica el peligro. Fundación Mapfre advierte de que el policonsumo es una problemática adicional muy frecuente. Una sola droga ya deteriora la conducción, pero mezclar cannabis con alcohol, cocaína con alcohol o varias sustancias entre sí dispara el riesgo de sufrir un siniestro vial. Además, las reacciones pueden ser impredecibles: mayor agresividad, pérdida de reflejos, cambios bruscos de conducta, visión alterada, desorientación o incapacidad para valorar correctamente la velocidad y la distancia.

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