Envejecimiento
El deterioro cognitivo leve, reto pendiente para frenar las demencias: solo se diagnostican la mitad de los casos
Se calcula que alrededor del 15% de los mayores de 60 años tienen déficits cognitivos que pueden derivar en enfermedades neurodegenerativas que no son detectadas a tiempo

Actividades frente al deterioro cognitivo en el hospital de día de Ace Alzhéimer Center Barcelona. / ACE
Patricia Martín
No saber dónde está el móvil, las llaves u olvidarse de una cita es algo más que habitual en las agitadas vidas actuales. Pero cuando los olvidos se hacen más frecuentes, se tarda más en encontrar la palabra adecuada, hacer la comida o la maleta hasta el punto de que estos fallos empiezan a llamar la atención del afectado o de su entorno, conviene consultar al médico, porque podríamos estas ante un deterioro cognitivo leve, un estado intermedio entre el envejecimiento habitual y una enfermedad neurodegenerativa seria.
El deterioro cognitivo leve es un trastorno que no se consideró entidad clínica hasta 2004 y que aún hoy es bastante desconocido, por lo que constituye uno de los grandes "puntos negros" en el abordaje de las demencias y el envejecimiento, según los especialistas. Se calcula que alrededor del 15% de los mayores de 60 años presenta el trastorno y la prevalencia aumenta con la edad: a partir de los 80 años afecta a una de cada cuatro personas.
En países como España, con un sistema de salud público sólido, solo el 50% de los casos son diagnosticados; mientras que en EEUU, donde no existe una cobertura universal debido al predominio del sistema privado, un estudio reciente ha concluido que solo se detectan alrededor el 8% de los casos.
Muchas personas sufren deterioro cognitivo leve pero no han sido diagnosticados, lo que retrasa la intervención precoz y la oportunidad de ralentizar el proceso
Eso significa que un alto porcentaje de personas sufren olvidos frecuentes y dificultades en la atención, el lenguaje o la orientación pero no lo saben porque siguen teniendo autonomía y no han sido valorados por especialistas, lo que retrasa la intervención precoz y la oportunidad de ralentizar el proceso. No todos los deterioros cognitivos leves acaban en demencias, pero sí todas las personas con alzhéimer y otras formas de demencia han pasado previamente por este estado: la neurodegeración comienza mucho antes de que los síntomas afecten al día a día de las personas.
La pérdida de cognición puede estar causada por Alzheimer pero también por otras afecciones médicas o factores relacionados, como efectos secundarios de un medicamento, ictus, lesiones vasculares, o una depresión, por eso es importante el diagnóstico, porque en algunos casos se puede revertir o frenar el deterioro. También es importante que los especialistas hagan una evaluación porque existen varios tipos de deterioro.
La "normalización"
Uno de los deterioros cognitivos más comunes incide en los déficits de memoria, y suele derivar en alzhéimer o demencia. Pero también hay otros deterioros cognitivos leves no amnésico que se manifiestan con dificultades en el lenguaje, el movimiento, la atención, la planificación o la ejecución de tareas complejas que puede derivar en enfermedades vasculares, demencias mixtas o Parkinson. Por eso el diagnóstico es clave para que el paciente reciba las terapias indicadas en cada caso.
Tenemos tendencia a normalizar los olvidos o atribuir cualquier cambio cognitivo al paso del tiempo
Existe un importante infradiagnóstico por varios motivos. "Hay una tendencia a normalizar los olvidos o atribuir cualquier cambio cognitivo al paso del tiempo", explica el doctor Pedro Gil Gregorio, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Clínico San Carlos y colaborador de la farmacéutica Schwabe. Normalizan los olvidos tanto los propios pacientes como el sistema sanitario, porque los primeros piensan que son "cosas de la edad" y no lo consultan, mientras que los médicos, que van "sobresaturados", dan más importancia a las enfermedades graves o urgentes y "este proceso, como es muy lento, lo dejan pasar", apunta Mercè Boada, cofundadora y directora médica de Ace Alzheimer Center Barcelona.
Para ambos especialistas, la clave para mejorar el diagnóstico está en las consultas de Atención Primaria, el primer nivel asistencial y, en algunos casos, el único contacto de los afectados con el sistema de salud. "Los médicos de cabecera son los que tienen la sartén por el mango, si ellos lo minimizan o lo atribuyen al envejecimiento, ahí está el infradiagnóstico", resume Boada, quien también aclara que la situación está poco a poco mejorando porque el deterioro cognitivo leve cada vez es más conocido.En la entidad especializada Ace Alzheimer, por ejemplo, supone entre el 35% y el 40% de los diagnósticos y la mayoría de pacientes tienen entre 73 y 75 años.
Los déficits sanitarios
Boada también alerta de que así como las terapias existentes solo consiguen frenar el deterioro en los casos vinculados a demencia entre tres y cinco años, "hay grandes detractores de invertir en estos tratamientos" y, en muchas ocasiones, los ensayos y estudios son impulsados por entidades del tercer sector pero no por las farmacéuticas. Por último, otro de los grandes 'agujeros' para abordar la lucha contra estas enfermedades es que el sistema público no financia la estimulación cognitiva, magnético craneal u otras terapias en pacientes con deterioro leve, salvo cuando estos acuden a centros de día donde se realizan.
Tenemos muchas herramientas para ponerle remedio, es una de las grandes ilusiones del momento
"Si lo detectamos a tiempo, podemos enlentecer el proceso y que los pacientes mantengan durante unos años su ritmo de vida. Tenemos muchas herramientas para ponerle remedio, es una de las grandes ilusiones del momento en este ámbito", indica la directora médica de Ace Alzheimer, quien recuerda que los nuevos fármacos anti-amiloides, que han sido aprobados y están pendientes de ser incluidos en la cartera de servicios del sistema público, se destinarán precisamente a los pacientes en las fases iniciales de alzhéimer con el fin de "ganen años de calidad de vida".
“En un contexto de envejecimiento demográfico sostenido, reforzar la identificación temprana del deterioro cognitivo leve se convierte en una prioridad sanitaria. No se trata únicamente de abordar síntomas individuales, sino de anticiparse a posibles complicaciones futuras” subraya a su vez el doctor Gil Gregorio.
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