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Un matrimonio pidió derribar la piscina de sus vecinos por los gritos de los niños: la decisión del juez sorprende

El caso, recogido por el medio francés Figaro Immobilier, terminó con una resolución judicial que aclara si el ruido de una piscina puede obligar a eliminar una instalación privada

Un matrimonio pidió derribar la piscina de sus vecinos por los gritos de los niños: esto decidió el juez

Un matrimonio pidió derribar la piscina de sus vecinos por los gritos de los niños: esto decidió el juez / La Provincia

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Aarón Cabrera Artiles

Aarón Cabrera Artiles

Llega el verano y con ello el buen tiempo, los tardeos en las terrazas y sobre todo los baños en las piscinas. No obstante, no siempre todos disfrutan de la misma forma de esta época del año y en ocasiones, las riñas entre vecinos por el ruido son uno de los conflictos más habituales.

Un ejemplo de ello ha llegado desde Francia, donde un matrimonio llevó a los tribunales al propietario de la vivienda colindante para solicitar que demoliera su piscina porque aseguraban que los gritos de los niños les impedían descansar.

El conflicto comenzó por una reforma en el jardín

Todo se remonta al año 2002, cuando el propietario de una vivienda decidió reformar su jardín. El proyecto inicial contemplaba la construcción de una terraza con jacuzzi, aunque finalmente optó por instalar una piscina.

Aunque la obra contaba con la correspondiente autorización municipal, los vecinos no vieron con buenos ojos el cambio. Según defendieron durante el procedimiento judicial, la nueva piscina se encontraba demasiado cerca del límite de su parcela, lo que afectaba tanto a su intimidad como a su tranquilidad.

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Vistas de un jardín de césped artificial / LP / DLP

El matrimonio sostenía que la piscina se había construido a apenas 2,20 metros de su vivienda, cuando, a su juicio, la normativa exigía una separación mínima de tres metros. Esa cercanía, aseguraban, hacía que cada verano tuvieran que soportar el ruido constante de los niños que utilizaban la piscina, además de permitir una visión directa hacia su propiedad desde la terraza.

Por ese motivo solicitaron al juez una medida poco habitual: la demolición tanto de la piscina como de la terraza.

El propietario negó las acusaciones

Durante el proceso judicial, el dueño de la vivienda rechazó la versión ofrecida por sus vecinos y aportó un informe técnico que cuestionaba las distancias alegadas por el matrimonio.

Además, sostuvo que la demanda le había provocado importantes perjuicios económicos. Según explicó, varios inquilinos abandonaron la vivienda a raíz del conflicto, por lo que reclamó una indemnización de 7.500 euros por los daños ocasionados.

El juez considera que los gritos de los niños forman parte de la convivencia

Finalmente, el tribunal rechazó la petición del matrimonio y concluyó que el ruido generado por niños utilizando una piscina durante el día forma parte de las molestias normales derivadas de la convivencia entre vecinos.

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Unos niños disfrutan de la piscina en pleno verano / ShutterStock

La resolución señala que ese tipo de sonidos, propios del uso habitual de una instalación recreativa en verano, no constituyen por sí solos una alteración anormal que justifique una medida tan drástica como ordenar la demolición de una piscina.

El juez también entendió que, incluso si la piscina se hubiera construido unos metros más alejada, las molestias derivadas del baño de los menores habrían sido prácticamente las mismas.

Los denunciantes tendrán que pagar las costas

Además de desestimar la demanda, el tribunal condenó al matrimonio a abonar 2.000 euros al propietario de la piscina para hacer frente a parte de los gastos legales derivados del procedimiento.

La resolución se suma a otros pronunciamientos judiciales que recuerdan que no cualquier ruido puede considerarse ilegal y que, en casos como este, la actividad desarrollada debe superar lo que se entiende como una molestia normal dentro de la convivencia vecinal para que pueda adoptarse una medida de este tipo.

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