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Silvia Severino, psicóloga: “Mantener contacto con alguien que aparece y desaparece es como emborracharse para calmar el dolor emocional”

El contacto intermitente con exparejas o personas inestables puede reactivar dinámicas emocionales perjudiciales, generando ansiedad y dependencia

Una mujer contesta un mensaje en su móvil.

Una mujer contesta un mensaje en su móvil.

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Mantener un “hola, qué tal” con un ex o con una persona que aparece y desaparece puede parecer algo sin importancia. Un mensaje breve, una respuesta educada o una conversación aparentemente inofensiva. Sin embargo, para muchas personas ese contacto puede reactivar una dinámica emocional que ya conocen y que no siempre les hace bien.

La psicóloga Silvia Severino lo explica con una comparación especialmente gráfica. “Mantener contacto con una persona con la que tienes un vínculo emocional intermitente es como emborracharse para calmar el dolor emocional”, señala en una reflexión compartida en redes sociales.

Con esa imagen, la especialista apunta a una sensación frecuente: algo que en un primer momento parece aliviar puede terminar aumentando el malestar.

El alivio inicial de volver a hablar

Según plantea Severino, el primer efecto de retomar el contacto puede resultar agradable. Puede aparecer una sensación de cercanía, una pequeña euforia o incluso la idea de que todo está bajo control.

Responder a un mensaje o volver a hablar con esa persona puede hacerte pensar que ya lo has superado, que no te afecta o que tienes la situación dominada. Pero el problema, advierte la psicóloga, suele llegar después.

“Pero después llega la resaca”, aclara. Esa “resaca” no tiene que ver únicamente con echar de menos a alguien. Según explica, está relacionada con el impacto emocional de volver a colocarse en una situación que genera duda, dependencia o malestar.

La “resaca” de volver al mismo lugar

Para Severino, esa bajada aparece cuando la conversación se enfría, cuando no llega la respuesta que esperabas o cuando compruebas que has vuelto a entrar en una dinámica que te desgasta.

La psicóloga lo describe como “la resaca de haberte puesto otra vez en el lugar del rechazo, de ir contra tus valores y de sentir que pierdes el control de tu vida emocional”. Es decir, el problema no siempre está en el mensaje en sí, sino en lo que ocurre después: la espera, la ansiedad, la expectativa o la sensación incómoda de haber vuelto a un sitio del que querías salir.

Pensar antes de responder: evalúa consecuencias

La recomendación de Severino no pasa por una prohibición tajante, sino por hacer una pausa antes de actuar por impulso. Antes de contestar, escribir o quedar con alguien que no te valoró, propone mirar más allá del alivio inmediato.

“Antes de responderle o volver a ver a alguien que no te valoró, evalúa las consecuencias”, señala.

La pregunta de fondo no es si está bien o mal responder, sino cómo te deja ese contacto después. Si te aporta calma real o si, por el contrario, vuelve a abrir una herida que ya estabas intentando cerrar.

Amor propio también es tomar distancia

En esa pausa entra también el autocuidado. “Eso también es amor propio”, concluye Severino. La idea no es entender el amor propio como orgullo o castigo hacia la otra persona, sino como la capacidad de priorizar lo que te estabiliza a medio plazo. Aunque a corto plazo resulte tentador buscar un mensaje, una explicación o una pequeña dosis de atención.

A veces, tomar distancia no significa hacer daño ni ser radical. Puede ser simplemente una forma de dejar de repetir una dinámica que promete calma durante unos minutos, pero termina saliendo demasiado cara emocionalmente.

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