Raquel Mascaraque, divulgadora de neurociencia, sobre la endometriosis: «La invalidación erosiona la salud mental»
La experta advierte del impacto psicológico de una enfermedad que puede tardar una media de ocho años en ser diagnosticada y reclama un abordaje integral con perspectiva de género

La endometriosis afecta al 10% - 20% de las mujeres en edad fértil / LP/DLP

Durante años, muchas mujeres escuchan que el dolor asociado a la menstruación es normal, incluso cuando llega a condicionar su trabajo, sus relaciones o su vida cotidiana. Detrás de algunos de esos casos puede encontrarse la endometriosis, una enfermedad inflamatoria crónica que, según explica la divulgadora de neurociencia y psicología emocional Raquel Mascaraque, continúa marcada por el retraso en el diagnóstico y la falta de validación del dolor femenino.
El problema no termina en las consecuencias físicas. Pasar años conviviendo con síntomas sin encontrar una explicación puede provocar un importante desgaste emocional. Mascaraque pone precisamente el foco en esa dimensión menos visible: qué ocurre con la salud mental cuando una paciente acude reiteradamente en busca de respuestas y recibe como contestación que las pruebas no muestran ninguna anomalía.
«No es un simple dolor de regla»
Mascaraque comienza desmontando una de las ideas que, a su juicio, contribuyen a minimizar la enfermedad. «No es un simple dolor de regla, es una enfermedad inflamatoria crónica», explica.
La divulgadora señala que la endometriosis puede localizarse más allá del útero y sostiene que puede afectar a diferentes partes del organismo. También recuerda su relación con los estrógenos para explicar por qué los síntomas pueden variar a lo largo de la vida de la mujer.
«Es una enfermedad estrógeno dependiente», apunta. Según explica, las células localizadas fuera del útero responden a los estrógenos, provocando procesos inflamatorios que pueden generar «muchísimo dolor» y terminar repercutiendo directamente sobre la calidad de vida.
Mascaraque rechaza además la idea de que la maternidad o determinadas intervenciones constituyan necesariamente una solución al problema. «Este discurso no solo es falso, sino que apoya una visión reduccionista del cuerpo de la mujer y del dolor que experimentamos», sostiene.

¿Cuáles son los grados de endometriosis? / Reproducción Asistida ORG
Hasta ocho años esperando un diagnóstico
Uno de los aspectos sobre los que pone especialmente el acento es el infradiagnóstico. Mascaraque señala que la endometriosis afecta «entre un 10 y un 20 % de las mujeres en edad fértil» y que, pese a su incidencia, el diagnóstico puede demorarse una media de ocho años.
Es precisamente durante ese largo periodo de incertidumbre cuando las consecuencias dejan de ser exclusivamente físicas.
«Escuchar año tras año que todo está bien no solo perpetúa el dolor físico, sino que erosiona la salud mental», advierte.
La divulgadora relaciona esa situación con problemas como ansiedad, depresión, disminución de la autoestima y aislamiento social. A ello se añade el impacto que puede ejercer el dolor constante sobre las relaciones personales y el estilo y la calidad de vida.
La falta de una explicación médica puede convertirse, por tanto, en una segunda fuente de sufrimiento: además de convivir con los síntomas, la paciente puede sentir que aquello que experimenta no está siendo reconocido o validado.
Los sesgos de género en el diagnóstico
¿Por qué puede prolongarse tanto el proceso? Mascaraque dirige parte de su explicación hacia los sesgos de género presentes históricamente en la medicina.
«El sistema médico arrastra sesgos de género, ya que durante siglos se ha estudiado más el cuerpo masculino», afirma. A su juicio, cuando una mujer presenta una dolencia pero las primeras pruebas no muestran una causa física evidente, existe el riesgo de atribuir los síntomas a factores emocionales antes de continuar investigando su origen.
Por eso defiende un cambio también en la manera de comunicarse con las pacientes. Para Mascaraque, ante unos resultados que no permiten encontrar inicialmente el origen de los síntomas, es más útil decir «no veo nada, pero vamos a seguir buscando» que concluir que «todo está bien».
La diferencia puede parecer pequeña, pero considera que tiene consecuencias importantes: «Esa invalidación erosiona la salud mental».
Un abordaje más allá del dolor físico
Mascaraque reclama un enfoque biopsicosocial con perspectiva de género que permita contemplar la enfermedad desde diferentes dimensiones y no exclusivamente desde los síntomas físicos.
Entre las necesidades que plantea se encuentran una mayor formación médica y un abordaje integral que pueda incorporar, dependiendo de cada paciente, aspectos relacionados con la nutrición, el ejercicio físico, el suelo pélvico o el tratamiento hormonal cuando sea necesario.
Pero introduce además un elemento mucho más sencillo: creer lo que cuenta la paciente y continuar buscando respuestas cuando los primeros exámenes no permiten explicar el dolor.
La reflexión, asegura, trasciende incluso el caso concreto de la endometriosis y plantea una cuestión más amplia sobre la forma en la que se ha atendido históricamente el sufrimiento de las mujeres.
«Visibilizar el dolor femenino es una cuestión médica, cultural, ética y política», concluye Mascaraque.
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