Más allá de la RSC: cómo generar impacto positivo real en el territorio
El despliegue de infraestructuras clave para la transición ecológica ya no admite modelos impuestos desde la distancia

Impacto integral y positivo / Redeia
Alberto Zamora
La clave del desarrollo sostenible reside en sustituir las acciones superficiales por alianzas de largo plazo fundamentadas en el diálogo, la escucha activa y la colaboración con las comunidades locales.
Durante décadas, la relación entre las grandes empresas y los entornos rurales se entendió bajo un esquema marcadamente unidireccional. Las corporaciones ejecutaban sus obras, aplicaban planes de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) estándar y continuaban con su actividad habitual. Sin embargo, la urgencia de la transición ecológica y los profundos cambios demográficos han transformado este modelo tradicional. En la actualidad, para que un proyecto de infraestructuras o energías renovables sea sostenible en el tiempo, no basta con cumplir los trámites normativos ni con realizar compensaciones económicas puntuales. Se requiere algo mucho más complejo de construir: legitimidad social y arraigo comunitario real.
El verdadero reto de la transformación económica no consiste en aplicar recetas preconcebidas desde despachos urbanos, sino en sentarse a escuchar activamente a quienes habitan cada comarca. De esta premisa surge un cambio conceptual determinante: sustituir los compromisos formales por una estrategia de impacto integral en el territorio. No se trata de la RSC clásica de carácter asistencial ni de buscar patrocinios de imagen, sino de actuar como un agente tractor capaz de responder a los retos económicos, sociales y ambientales de la mano de vecinos, ayuntamientos y entidades locales.
Cuando una red de infraestructuras se proyecta sobre un mapa, no cruza un espacio vacío. Atraviesa valles con memoria, comarcas amenazadas por la despoblación y comunidades que demandan oportunidades concretas de desarrollo. Comprender esta realidad implica asumir que cada iniciativa debe responder a las prioridades específicas de cada entorno, construyendo soluciones consensuadas que beneficien a todas las partes.

Bosque Marino / Redeia
Un modelo basado en el consenso social
Un ejemplo relevante de esta evolución metodológica lo representa Redeia. La matriz de Red Eléctrica ha situado la aportación de valor compartido en el centro de su estrategia corporativa. A través de su Estrategia de Impacto Integral, la compañía ha impulsado entre finales de 2023 y junio de 2026 un total de 336 iniciativas voluntarias, con una inversión de 24,4 millones de euros y un impacto social estimado de 225 millones. Más allá de la magnitud de las cifras, el factor diferencial estriba en la forma de trabajar: proyectos concebidos mediante la escucha activa y ejecutados siempre con el acuerdo de la población local.
Biodiversidad y equilibrio socioeconómico
En el ámbito ambiental, este enfoque trasciende con claridad lo exigido por la normativa. Mediante el Libro Blanco de los Bosques, Redeia redefine su relación con los ecosistemas forestales para fortalecer la resiliencia climática y conservar la biodiversidad. Iniciativas concretas como 'Bosques Flotantes', centrada en recuperar hábitats degradados en la montaña oriental de Cantabria, o la plataforma 'Bosque Marino', orientada a la restauración de posidonia oceánica en las Islas Baleares, demuestran cómo la integración de infraestructuras puede transformarse en una fuente de valor compartido para la naturaleza.
Asimismo, la conservación del medio natural resulta indivisible de la cohesión social del mundo rural. Para frenar la sangría demográfica se precisan herramientas eficaces que generen empleo duradero. Programas como Red Relevo, enfocado en el cambio generacional de negocios rurales, u Holapueblo —desarrollado junto a AlmaNatura e Ikea— ofrecen acompañamiento integral a emprendedores que desean instalarse en el pueblo. Con más de 200 familias atendidas y decenas de negocios activos, el proyecto confirma que la presencia empresarial puede convertirse en el detonante para revitalizar la economía local.
Esta apuesta integral incluye también la preservación del patrimonio cultural y los oficios ancestrales. Junto a la Red Española de Desarrollo Rural, la iniciativa Oficios en red conecta la artesanía tradicional con sectores dinámicos como la moda, la decoración y el turismo rural, evitando la pérdida de un conocimiento valioso y creando nuevos polos de atracción turística.

IIniciativa Oficios en Red / Redeia
Capacitación digital y valor compartido
Por otro lado, la inversión responsable exige abordar barreras cotidianas como la brecha digital. El proyecto Eje Digital, desarrollado junto a la Fundación Cibervoluntarios, acerca la formación en nuevas tecnologías a personas adultas y mayores en zonas rurales, como los municipios gallegos limítrofes con Portugal tras la entrada en servicio de la nueva interconexión eléctrica. Capacitar a la ciudadanía para realizar gestiones médicas en línea o usar herramientas cotidianas aporta autonomía y cohesión comunitaria.
El impacto positivo deja de ser una abstracción cuando situamos en el centro a las personas. Las historias recogidas en la plataforma audiovisual Red Activa ratifican que la transición ecológica solo será justa e inclusiva si se cimenta en el diálogo, la empatía y la voluntad sincera de progresar juntos en el territorio.
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