Lo que iba a ser un viaje idílico, un premio en un concurso de una empresa de cafés, se convirtió en una auténtica pesadilla en el centro de la ciudad más cosmopolita del mundo: Nueva York. Un grupo de seis jóvenes grancanarios se vio encerrado en la isla de Manhattan durante tres días debido a la tormenta Sandy que provocó casi un centenar de muertos a su paso por la costa este de Estados Unidos. Ayer llegaron a la Isla y sus familiares pudieron deshacerse del nudo que tenían en la garganta. El paso del temporal dejó calles desiertas, zonas a oscuras y ríos desbordados, como describían estos canarios.

La historia de Zaira Márquez, Míriam González, Christian Santana, Kilian Llarena, Gara Martínez y Aday Afonso comenzó el pasado 22 de octubre, cuando embarcaron rumbo a la capital del mundo. Lo hacían gracias a un premio. Era una semana de ensueño, en el que todo había salido a pedir de boca. "El viaje estaba siendo estupendo, lo estábamos pasando genial", comentaba Zaira. Pero el último día, cuando ya se disponían a volver, todo se torció.

El 28 de octubre los medios ya informaban de que la tormenta podía provocar el cierre de los aeropuerto, aunque la compañía les aseguraba a este grupo de estudiantes de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria que el vuelo iba a salir. "Parecía que no iba a ser para tanto", decía Zaira Márquez. Pero todo dio un giro radical al día siguiente, dos horas antes de acudir al aeropuerto para coger el avión de vuelta. "Ya lo teníamos todo preparado, la maleta echa, pero en ese momento nos comunican que el vuelo ha sido anulado por la Sandy", recordaba Zaira Márquez, iniciándose entonces una pesadilla para estos jóvenes grancanarios.

En un momento se vieron tirados en medio de una ciudad de más de ocho millones de habitantes, sin alojamiento y sin apenas dinero para poder subsistir durante los siguientes seis días, que era lo que según la compañía aérea tardarían en volver a reubicarlos en un avión hacia Madrid.

La solución que tomaron fue preguntar al consulado español en Nueva York. La respuesta que le dieron fue, según Míriam González, que "no tenían ni comida ni dinero, ni alojamiento, que nos fuéramos al aeropuerto a preguntarle a la compañía". Pero cuando llegaron al aeródromo John F. Kennedy, el resultado fue idéntico. "Acudimos a Iberia para que nos buscaran alojamiento, porque había una cláusula que habían publicado en la página web donde se informaba de que se harían cargo de los pasajeros afectados por la tormenta, pero cuando llegamos nos dijeron que no daban ni hotel, ni comida; cuando le preguntamos que qué hacíamos, nos dijeron: 'lo que les queda es ir a la iglesia a rezar'", comenta González, de Vecindario.

Mientras la Sandy se acercaba a Nueva York, los seis jóvenes, de entre 21 y 23 años, se vieron de repente en medio de la ciudad sin saber qué hacer ni adónde ir. Una de las soluciones era dormir en el aeropuerto a esperar si los aviones volvían a volar y si tenían la suerte de poder ser introducidos en uno de ellos tras inscribirse en una lista de espera. Sin embargo, tocaron una última puerta de la que estarán eternamente agradecido.

"Decidimos llamar a los trabajadores de Café Kaiku, que fueron los que nos dieron el premio, y ellos nos dijeron que no tenían por qué hacerlo, pero que nos ayudarían durante unos días y nos pagarían los gastos del hotel", apuntaba Zaira. "Nunca sabremos cómo agradecérselo", agregaba.

A pesar de que ya tenían donde dormir, los jóvenes no se imaginaban la fuerza que estaba cogiendo la tormenta cuando comenzaba a tocar la costa este de Estados Unidos. Comenzaron a calibrar la que se les venía encima cuando en China Town vieron una imagen que les sorprendió. "Estábamos en un McDonald's y vimos que estaban cerrando todas las cajas y forrándolas de plástico, porque se suponía que se iba a inundar todo", explica Gara Martínez.

"No podíamos salir a la calle"

Con el paso del tiempo las calles se empezaron a vaciar y ellos se metieron en su hotel de Manhattan a esperar que la situación mejorara. Allí se quedaron encerrado durante dos días. "Estábamos en la planta 21 y desde allí mirabas a las calles, que estaban desiertas, no veías a nadie, ni una persona, ni un coche, sólo las ramas de los árboles que caían por la fuerza del viento", describía Christian Santana. "Salimos algunas veces del hotel para ir a comprar comida, pero era imposible porque el viento era fortísimo", agregaba, aunque aseguraba que en Manhattan la virulencia de la tormenta no se notó tanto como en otras zonas de la ciudad. A pesar de ello, estaban encerrados en la Isla. "El metro a partir de las siete de la tarde estaba cerrado, así como los túneles y los puentes. No podíamos salir de Manhattan", decía Gara Martínez.

El Sandy continuaba su camino dejando numerosos destrozos a su paso. Estos jóvenes señalaban que por la televisión las imágenes eran "impactantes", con zonas de Nueva York anegadas y el río Hudson desbordado , entre otros.

Cuando la tormenta decidió abandonar la ciudad, comenzó otra nueva odisea: encontrar un vuelo de regreso. "Estábamos en lista de espera, pero nos decían que si nos tocaba y nos estábamos en el aeropuerto perdíamos ese vuelo y teníamos que esperar hasta el día cuatro", decía Zaira. La solución fue esperar en la terminal junto a otros pasajeros. Allí conocieron historias como la de otros españoles que "estuvieron dos días durmiendo en el aeropuerto porque no tenían dinero para pagar un hotel", contaba Zaira.

Finalmente, el pasado jueves lograron una plaza en un vuelo a Madrid y en la tarde de ayer aterrizaban en Gran Canaria en dos aviones diferentes. Allí fueron recibidos con flores, fuertes abrazos de sus familiares, besos, y alguna que otra lágrima que reflejaba la tensión vivida. "Por fin, Dios mío, por fin puedo respirar, comer y dormir, porque esta semana ha sido horrible", apuntaba Sisi Alejo, madre de Zaira. Ahí acabó una pesadilla que estos jóvenes difícilmente olvidarán.