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Adiós a la sonrisa del 'Doc'

Pedro Montesdeoca, médico del CB Gran Canaria, traumatólogo del Materno Infantil y presidente del Foro Roque Aldenao, fallece a los 62 años por un tromboembolismo

Homenaje del Granca a Pedro Montesdeoca Ramos

"Para mí era la pureza. Un ser puro. Tiene esa capacidad de hacer sentir especial a la gente que le rodea, sin discriminar. En eso es único. Como ser humano es una pasada". El tiempo presente supera al pretérito en cada palabra que sale de la boca de Himar Ojeda, director deportivo del Alba Berlín y exdirector general y técnico asistente en el CB Gran Canaria. Quizá porque la marcha de Pedro Montesdeoca Ramos, médico de la entidad claretiana durante casi los últimos 30 años, fue tan repentina, tan de pronto, que aún costará un tiempo en hacerse a la idea de que el 'Doc' -como lo llamaban en el corazón del club- ya no está.

Y es que el 'Doc' se ha ido. Pedro Montesdeoca Ramos, jefe de los servicios médicos del Herbalife Gran Canaria, traumatólogo del Hospital Materno Infantil de Canarias y presidente del Foro Roque Aldeano, falleció ayer a los 62 años de edad por culpa de un tromboembolismo pulmonar fulminante. Una despedida que deja un hueco enorme en su familia, en el centro hospitalario, en el mundo de la canasta y también en La Aldea, su pueblo por el que se desvivió. Allí reposará para siempre.

La figura de Pedro Montesdeoca está ligada desde los años 90 al CB Gran Canaria. Él es uno de los rostros que ha vivido la evolución de la entidad desde dentro durante las últimas tres décadas, las de la expansión del club y su reconocimiento nacional e internacional. Entró en el equipo para colaborar con el anterior galeno, Miguelo Montes, y desde la temporada 1995-1996 asumió la dirección de los servicios médicos de la entidad hasta la actualidad, donde planteaba el regreso a los entrenamientos en medio de la pandemia del coronavirus.

Durante esta crisis sanitaria, Montesdeoca ofreció sus servicios de manera telemática a través de las redes sociales. Especialista en Cirugía Ortopédica tras licenciarse en la Universidad de La Laguna, en su recorrido laboral destaca haber sido médico adjunto del Servicio de Traumatología en el Hospital Materno Infantil, su gran pasión. Allí, cientos de niños y jóvenes de la provincia pasaron por sus manos. Su implicación siempre era máxima.

"Hoy le doy un manotazo al coronavirus. Hay noticias que lo merecen. Recibo un audio: 'Pedro estoy curado, me han dado de alta del cáncer'. Su voz lo decía todo. Te conocí cuando llegaste al materno, creo que hace 14 años. Con tu rodilla fastidia, tenías un tumor en el hueso. Has sido siempre un luchador nato, ibas por los colegios con 15 años dando charlas sobre cómo luchar contra el cáncer. Te llamaba y te acercabas al hospital cuando teníamos otro caso para animarlo. Y hoy por fin has ganado la gran batalla en todas las revisiones. Tú y la gran familia que te rodea. Eres un ejemplo para mí y para todos y muy grande Jonás", escribía Montesdeoca hace unas semanas en su perfil de Facebook. Es solo un ejemplo de su labor y compromiso dentro de la sanidad pública.

Más allá de sus años de servicio a la ciudadanía como médico, su gran bandera -además de su mujer Mariana y sus hijos Alejandra y Eduardo- era La Aldea. Montesdeoca, desde su posición, se desvivió por dar voz a su pueblo -basta con preguntar a cualquier jugador del Granca cuántas ensaladas hizo gracias a los tomates que repartió entre la plantilla-. Impulsó la creación del Foro Roque Aldeano, la asociación que pelea y reivindicada cada centímetro de asfalto ganado por para acercar el pueblo al resto de la Isla por una carretera digna. En la actualidad era el presidente de la entidad.

"Es una pérdida irreparable, gran profesional y una extraordinaria persona, siempre dispuesto a colaborar, apegado a su pueblo y a sus vecinos. Nos deja una estela de muy buen hacer y profesionalidad", destaca Tomás Pérez, alcalde de la localidad.

El golpe por su pérdida duele en La Aldea. Pérez contactó ayer con los portavoces de los grupos políticos con representación en el Pleno Municipal, para proponerles que en el primer pleno ordinario que se celebre, se tome en consideración nombrar a Pedro Montesdeoca Ramos, Hijo Predilecto del municipio.

Dentro de su carrera profesional ligada al deporte, Pedro Montesdeoca formaba parte del senado de la Asociación Española de Médicos de Baloncesto (AEMB), entidad que presidió hasta 2018. Era el decano en activo dentro de los equipos ACB. "El vacío que deja en nuestros corazones es enorme y será imposible de llenar. Allá dónde estés, siempre estarás con nosotros. Un grandísimo amigo", agregó la AEMB en un comunicado.

Afable, de buen trato y abierto, Pedro Montesdeoca se hizo querer pronto en el Granca. "Entramos a la vez prácticamente en el club aunque él ya llevaba algunos años colaborando", explica Ojeda desde Berlín, que tenía una cita pendiente con el 'Doc' para la pasada Semana Santa. "Era el tío con más capacidad y predisposición para ayudar que me encontré. Era tan fácil trabajar y tratar con él, en los buenos y en los malos momentos. En el deporte profesional siempre hay problemas, altibajos, y él siempre estuvo ahí. Poca gente merece más del club que él", apunta.

Ni siquiera el salto a los despachos de Ojeda cambió el rumbo de "una amistad sincera". "Con médicos y entrenadores que aprietan, también jugadores... Él siempre consiguió al especialista necesario si había algo que se le escapara", concreta el directivo satauteño, que recuerda las consultas que pasaba a los niños saharauis del programa de vacaciones en paz.

Para ilustrar el compromiso que adquiría con los suyos, una imagen. "Cuando nacieron mis dos hijos estuvo allí en el Materno, sin yo pedírselo porque ya nos había dejado en muy buenas manos", sentencia.

Ligado al baloncesto con su Granca, cuando salía del parqué, para él solo había un color: el blanco del Real Madrid. "Vivimos en la misma calle. Entonces, muchas veces, si sabíamos que estaba en casa y yo iba con los niños, le gritábamos desde fuera: '¡Barça, Barça, Baaaaarça!', comenta Albert Oliver compungido. "Lo voy a echar mucho de menos, muchísimo. Yo y toda mi familia", apunta el base catalán, integrante de la plantilla amarilla hasta el verano pasado. "Mi mujer y yo lo vimos estos días, el lunes o el martes, en la hora del paseo. Y nos saludamos de lejos, claro. Ayer, mi hija igual", apunta Oliver, su vecino del barrio de La Minilla.

Tener su teléfono era un sinónimo casi de disponibilidad. "Cuando vine a Gran Canaria mis niños tendrían 5 y 7 años. Con cualquier problemilla que teníamos con ellos, cualquier consulta, siempre estaba disponible. No solo era una relación profesional o deportiva. Se portó fenomenal conmigo y con mi familia. Estamos en shock", recuerda. "Se desvivía por la gente. Nos deja una gran persona", apunta con la voz entrecortada. En su carrete del teléfono móvil, imágenes para el recuerdo. "Tengo una muy buena que le mandamos del niño comiendo tomates o una de él con una taza del Barça, por eso del pique con el Madrid", puntualiza.

La atención de la familia de los jugadores del Granca era algo en lo que siempre se involucró de lleno Pedro Montesdeoca. "Conmocionado y entristecido al escuchar las noticias desde España esta mañana. El Dr. Pedro fue una persona increíble que estuvo allí en cada paso del camino con nuestros dos primeros hijos. Estaba hablando con él hace unas semanas. La vida es una locura, disfruta cada segundo", escribía el examarillo Carl English en su cuenta de Twitter, junto a una foto de Pedro, él y su mujer tras el nacimiento de uno de sus hijos. Con Skyler, hijo de Levon Kendall, expívot canadiense de la entidad, vivió otro sobresalto enorme después de detectarle un tumor cerebral del que consiguió salir. O también con la llegada al mundo de la hija de Brad Newley.

Hace tan solo unos meses también estuvo ahí para seguir los pasos del segundo hijo de Roberto Guerra. "Sin pedirlo, él estaba a nuestro lado", concreta. Porque si algo definió a Pedro Montesdeoca a ojos de Guerra fue "su compromiso" con todos los que le rodeaban. "A los que él quería les profesaba un profundo compromiso. Lo demostró con su familia, con su trabajo, con La Aldea, con su segunda familia como éramos nosotros. Siempre nos trasladó alegría", apunta.

Un "amigo leal" que daba aplomo a los chicos que como Roberto Guerra llegaban desde abajo. "Es una figura imprescindible por todo en el club. No se encuentran personajes en el club que te puedan hablar mal de él. Siempre tan predispuesto, desinteresado, conmigo y con mi familia. Desde que llegué al primer equipo con 17 o 18 años me demostró cariño, sin importarle que fuera un adolescente, sin ver mi poca experiencia", resume mientras se le agolpan recuerdos de viajes, de Copas del Rey, de cenas, de vida, algo que rebosaba el 'Doc'.

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