Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Hillary nace en los brazos de la policía

Dos agentes de la Policía Local de Santa Lucía asisten a la joven Isabela González, que dio a luz en plena calle v La primeriza madre agradece la ayuda recibida

Sergio Hidalgo y Eduardo García, en la calle donde se produjo el nacimiento. | | LP/DLP

Sergio Hidalgo y Eduardo García, en la calle donde se produjo el nacimiento. | | LP/DLP

Isabel González Gil descansa en una habitación del Hospital Materno Infantil. Está tranquila, cansada, pero tranquila; con su pequeña Hillary entre sus brazos y con la compañía de su madre que no la deja sola ni un solo momento. La bebé, que apenas tiene unas 38 horas de vida, podrá contar que vino a este mundo de una manera diferente. Lo hizo en una calle de Vecindario, bajo una farola que dio la luz necesaria para que los policías locales Eduardo Juan García Álvarez y Sergio Hidalgo Ramos pusieran su granito de arena para que naciera con un fuerte llanto lleno de salud.

González Gil, de 22 años y natural de la ciudad colombiana de Cali, cuenta por teléfono cómo el pasado martes comenzó a tener los primeros síntomas de que la pequeña estaba a punto de llegar. Fue al Materno Infantil pero la derivaron de regreso a su casa en el Sureste de Gran Canaria. El parto no era tan inminente como creía. Pero ya de madrugada la situación cambió. “Fui al baño y comencé a sangrar, la cabeza de la niña ya estaba saliendo”, rememora. La decisión que tomaron ella y su madre fue llamar a su tío para que le llevara de regreso al Materno. Pero Hillary tenía ganas de nacer. Cuando bajó a la calle “ya no podía aguantar más”.

Eran las tres y veinte de la madrugada e Isabela estaba sentada en una acera en el cruce de las calles Espronceda y Domingo Doreste. “Estábamos al lado, a cuatro calles, apenas tardamos un minuto”, comienza a relatar Eduardo Juan García, uno de los dos policías que intervinieron. “Cuando llegamos ya la chica estaba en el suelo, en posición de dar luz y con una dilatación bastante grande”, añade.

Junto a ella su madre Leonor, quien llegó desde Italia hace 20 días para acompañar a su hija durante las últimas semanas de gestación. “Muy nerviosa”, los agentes tuvieron que calmarla. A Isabela, en cambio, se le veía “exhausta”, pero preparada para dar a luz a su primogénita. “Fue todo muy rápido”, coinciden Eduardo y Isabela, quien reconoce que estaba en estado de “shock”.

“Al ver que la ambulancia podía tardar, decidimos asistir el parto porque estaba muy dilatada”, explica el agente, quien se puso entre las piernas, con la futura abuela a su lado mientras el compañero Sergio se situó junto a la parturienta al mismo tiempo que recibía indicaciones por teléfono de la médico del 112 Yoiset Vega Rodríguez. “Cuando le dijimos que empujara, salió la cabeza y la agarré. En el siguiente empujón tiré de ella y ya se vino el bebé”, apunta Eduardo García, quien liberó las vías respiratoria a la niña, que rompió a llorar. “En ese momento sentí tranquilidad, me dije que si lloraba significaba que se encontraba bien de salud”, agrega.

La facultativa les indicó que pusieran a la bebé en el regazo de la madre y que no le cortaran el cordón umbilical hasta la llegada de la ambulancia del Servicio de Urgencias Canario (SUC), que se presentó en cuestión de tres minutos. Mientras tanto, abrigaron a madre e hija para que no cogieran frío.

Isabel agradeció a los policías su acción. “No sé si lo habían hecho antes, pero fueron muy valientes”, apunta desde el hospital que espera abandonar pronto para así enseñarle a Hillary ese mundo al que llegó en brazos de dos policías locales.

Ya salvó a un recién nacido en 2019

Esta no es la primera experiencia del agente de la Policía Local de Santa Lucía Eduardo Juan García Álvarez, quien lleva 15 años en el cuerpo. Ya en 2019 actuó en una vivienda de la calle Indalecio Prieto de Vecindario donde una pequeña de apenas siete días se estaba asfixiando. Junto a su compañero, nada más personarse en el domicilio decidieron evacuarla inmediatamente al centro de salud sin esperar a la llegada de la ambulancia al estar ya morada. Los médicos consiguieron reanimarla y después la niña fue evacuada al Hospital Materno-Infantil, donde quedó ingresada. “Recuerdo que cuando íbamos al servicio ya mi compañero y yo decíamos que si veíamos la situación complicada, nos íbamos directo al centro de salud”, cuenta. Esa decisión en un momento crítico pudo salvar la vida de la pequeña. | A. C. D.

Compartir el artículo

stats