Obituario

Blanca Hernández Melián

Blanca Hernández Melián

Blanca Hernández Melián

Carmen María Santana Ojeda

Nos dejó Blanca, el día tres de febrero, con una edad próxima a cumplir los 91 años. Se fue con sus manos repletas, rebosantes de buenas obras, de buen hacer en esta vida.

La conocí en una fiesta del Colegio de los Jesuitas, una de las tantas que se celebraban en aquella época, allá por el año 1963. Era una chica atractiva, alta, elegante, con un sello de distinción, sonriente, y de trato agradable y cordial.

La vida de Blanca y de su hermana Olga, estuvo vinculada al Colegio de los Jesuitas, donde ambas dejaron una excelente hoja de servicios, en cuanto se refiere a la docencia y a  calidad humana de  personas.

Los Jesuitas, tienen una larga y fructífera trayectoria en nuestra ciudad; fue el mejor colegio, podemos decir, del archipiélago. Se fundó en el 1917, aunque entraron en las islas desde el 1567. Cito el libro “Colegio San Ignacio de Loyola” (Apuntes para la Historia) cuyo autor es Agustín Castro Merello S.J., escrito con motivo de los 75 años del colegio, en 1992.

Todos sabemos que de este colegio salieron grandes personajes del mundo de la cultura y la política, por poner un ejemplo: Don Juan del Rio Ayala, Don Matías Vega etc. Este último fue presidente del Cabildo Gran Canario y embajador en Venezuela, en su época. Como anécdota, añado que, mi padre, maestro nacional, en la época franquista, (donde se decía la famosa frase: “pasa más hambre que un maestro de escuela”) le  enseñó a leer; en el famoso y antiquísimo, Colegio de San Agustín.

Este señor, don Matías, saludaba a mi padre quitándose el sombrero y haciéndole una reverencia, pues en aquella época, el maestro era merecedor del máximo respeto; se le consideraba una autoridad. Por desgracia, esto se ha perdido, y al paso que vamos, (me refiero, al acoso escolar, a los insultos y agresiones al profesorado), considero que, los docentes actuales y futuros, tendrían que añadir a su currículo académico, un nuevo diploma: “titulado o titulada en defensa personal,” sobre todo para trabajar en la enseñanza pública.  

En el Colegio de los Jesuitas, en épocas anteriores, todos sabemos que la enseñanza era con separación de sexo, (alumnos varones y profesores varones) como mandaba la ley, así pues Blanca y Olga fueron pioneras como profesoras de un centro masculino y de curas.

Según me dice Olga, el padre Agapito Robles, director del colegio Claret, recién terminadas ellas, sus carreras de Magisterio, les propuso ingresar como profesoras  en este centro, pero por cuestiones burocráticas, no pudieron acceder al puesto, y el Colegio de los Jesuitas se las quedó como tales, en la clase que denominaban “La Ínfima” (E. Infantil). Esto sucedió en el 1955- 1956. Olga trabajó 41 años y Blanca 40.

En la actualidad, la palabra maestro o maestra ha sido menospreciada sustituyéndose por profesor o profesora. No obstante, maestro fue Jesucristo, maestros fueron Mozart y  Beethoven…. Es una palabra que viene del Latín magister y significa el más experimentado en una materia y por lo tanto, dirige y ordena. Hay una diferencia esencial entre el término maestro/a y profesor/a: el primero tiene como objetivo el alumno y el segundo las asignaturas. Sin duda, Blanca y su hermana Olga, fueron  extraordinarias maestras en el Colegio de Los jesuitas.

Me cuenta Olga, que en un principio tuvieron por clase 80 alumnos de edades comprendidas entre los 4 y 6 años. La jornada era mañana y tarde y como el sueldo no era mucho (según la época), también daban clases particulares, y así, prácticamente, trabajaban todo el día. Luego fueron entrando más maestras y el número de alumnos por clase, se redujo a lo que mandaba la ley, alrededor de 40 niños (a veces se pasaba  un poco, de este número.) Mi hermana y yo también fuimos maestras, del centro pero estuvimos pocos años pues nos trasladamos a la enseñanza pública.

Confieso que, en la docencia, nunca hemos sido infravaloradas las mujeres con respecto a los hombres; hemos percibido el mismo sueldo y en general nos hemos llevado bien;  los consideramos buenos compañeros.

Tengo anécdotas y entrañables recuerdos de los años que trabajé en el Colegio; teníamos un ambiente muy bueno: la colaboración y el respeto por parte de los padres, alumnos, y sacerdotes, que nos valoraban y admiraban nuestra labor docente.

Pero hoy toca hablar de Blanca. A ésta, ante todo le ocupaban y preocupaban sus alumnos. Era exigente; pero a cada uno le pedía lo que podía dar según su capacidad. Creó en ellos, hábitos y destrezas, que es lo que hay que enseñarles en esta etapa de la vida del niño.

Hábitos de higiene, (los viernes tocaba revisión de uñas), de disciplina, de orden, (los cuadernos eran de exposición), lectura correcta y comprensión lectora, cálculo matemático, todos los días,( para agilizar la mente), el dar las buenas horas, las gracias, la obediencia, el pedir las cosas por favor, el respeto a los mayores, la responsabilidad y la obligación de hacer los deberes …. En una palabra: Blanca impartió una educación integral.

 Era dulce y cariñosa con los niños, pues la querían, y no le tenían miedo.

Dice Olga que, el ambiente de trabajo, con la llegada de la LOGSE, y de niños procedentes de familias desestructuradas, se fue deteriorando algo.

No obstante, ellas, con su  experiencia, vocación, empeño, y sobre todo, con su amor a los niños, siguieron trabajando con entusiasmo, y cosechando éxitos con los alumnos.

Blanca, fue persona solidaria y creyente, buena esposa, (recuerdo cuando el padre Trobat, la casó en la capilla del colegio, ¡estaba guapísima!), buena madre, buena amiga y compañera, buena hermana; Blanca y Olga estuvieron muy unidas durante toda la vida.

Querida Blanca, descansa en paz; te lo mereces, y disfruta de la felicidad eterna, que Dios concede a los suyos.

MI más sentido pésame a toda su familia.

A modo de oración, querida Blanca, permíteme te recite un poema, de Leopoldo Lugones (1874-1938) titulado: A TI ÚNICA.

Divina calma del mar/ donde la luna dilata/ largo reguero de plata/que induce a peregrinar, /en la pureza infinita/en que se abismado el cielo, /un ilusorio pañuelo/tus adioses solicita. / Y ante la excelsa quietud/cuando en mis brazos te estrecho/es tu alma, sobre mi pecho, /melancólico laúd.