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Crimen de Tenerife

Violencia vicaria en Galicia: siete asesinos que mataron a diez niños

Con Anna y Olivia, la cifra nacional se iría a 41 niños y niñas asesinados dentro de episodios de violencia de género contra la madre, por parte del padre en gran parte de los casos, según las cifras oficiales del Ministerio de Igualdad

Estos son los rostros de los criminales gallegos que mataron a sus hijos, o a los de su pareja.

Estos son los rostros de los criminales gallegos que mataron a sus hijos, o a los de su pareja.

La violencia vicaria es una forma de agresión física o psicológica por la que una persona ataca a otra con el objetivo de causar dolor a un tercero. En el caso de la violencia machista, se trata del dolor que los padres infligen a los hijos con el fin último de hacer daño a las madres. Hay diferentes grados, que van desde la instrumentalización de los menores, hasta amenazar con quitar a los hijos ante un divorcio, impedir a los niños comunicarse con su madre, desatenderlos, 'evangelizarlos' en contra de su progenitora, y ya en el extremo, el parricidio. El último episodio que ha conmocionado a la sociedad española ha sido el de las niñas de Tenerife, tras el hallazgo hace unos días del cuerpo de Olivia, la mayor de las hermanas, en aguas de la isla, crimen cometido, presuntamente, por su padre, Tomás Gimeno.

Los peores presagios apuntan a que la pequeña Anna también está muerta, y a la espera de que se confirme el fatal desenlace, los números de este tipo de violencia en su máxima expresión se traducen en 39 crímenes a menores en España desde 2013, fecha en la que a estos asesinatos se les comenzó a incluir en la estadística oficial de los crímenes machistas.

Esta página de la crónica negra de la comunidad gallega arranca en 1998. Desde entonces, 10 niños fueron asesinados en un contexto de violencia machista por 7 criminales, con el objetivo de "matar en vida" a sus madres.

Con Anna y Olivia, la cifra se iría a 41 niños y niñas asesinados dentro de episodios de violencia de género contra la madre, por parte del padre en gran parte de los casos, según las cifras oficiales del Ministerio de Igualdad.

En Galicia, los pequeños Amaia, Candela y Javier

De esos 39 crímenes a menores, tres se registraron en Galicia: Amaia y Candela, de 4 y 9 años respectivamente, fueron brutalmente asesinadas en julio de 2015 por su padre en la localidad pontevedresa de Moraña. Dos años después, el padre de Javier, de 11 años, mató a su hijo en Oza-Cesuras. Pero la historia más oscura de Galicia relata otros casos fuera de estas estadísticas que no están tan alejados en el tiempo. Esta página de la crónica negra de la comunidad gallega arranca en 1998. Desde entonces, 10 niños fueron asesinados en un contexto de violencia machista por 7 criminales, con el objetivo de "matar en vida" a sus madres.

El crimen de la calle Chile: Boris tenía 11 meses

El vigués Manuel Enrique Suárez Barbosa fue condenado a un total 32 años de cárcel: 17 por el asesinato de su novia Laura Jurkiewicz, de origen alemán, y 15 por el del hijo de ambos, Boris, que estaba a punto de cumplir un año. Cuando la policía recuperó los cuerpos, la joven, de 22 años, estaba desnuda y presentaba una herida en el cuello e incisiones en todo el cuerpo con la apariencia de haber sido causadas con un machete. La policía también inspeccionó el resto de los contenedores de la calle y en uno halló el cadáver de un bebé con una camiseta y un pañal. El asesino les propino golpes con un machete mientras las víctimas estaban durmiendo, arrojándolos luego a la basura.

Crimen de Gondomar: Eva y Ana tenían 2 y 3 años

Uno de los casos más trágicos es el de Víctor Bouzós, natural de Gondomar. Tenía 28 años cuando, en noviembre de 2001, secuestró a sus dos hijas, Ana y Eva, de 3 y 2 años respectivamente, del domicilio de su madre y huyó con ellas en el coche hacia Portugal. Si bien en este caso el desenlace resultó funesto. La búsqueda del hombre y las dos niñas comenzó de inmediato, ya que hizo llegar una carta a su mujer –que había iniciado los trámites de divorcio– en la que anunciaba su venganza. En la localidad portuguesa de Vila Nova de Cerveira mató a las niñas, conectando la salida del escape de su coche al interior del habitáculo con la ayuda de un tubo flexible de aspiradora. Sus padres lograron hablar con él y le convencieron por teléfono de que regresara a Vigo con las niñas, aunque él advertía que estaban ya muy malitas.

Ambas ingresaron en el hospital de la ciudad olívica, si bien Eva ya era cadáver cuando ingresó y Ana sobrevivió apenas tres días más. Ambas niñas murieron “gaseadas” en palabras del fiscal, como habían hecho los nazis con los judíos en los campos de concentración. Víctor Bouzós fue condenado a 40 años, de los que debía cumplir 30 según la sentencia dictada por la Sección Sexta de la Audiencia con sede en Vigo en abril de 2003.

Violación y crimen del hijo de su pareja

EL vigués Francisco Javier Campos Triñán fue a prisión por el asesinato a golpes del pequeño Iván, hijo de su compañera sentimental de apenas dos años y medio de edad, a quien previamente agredió sexualmente de forma brutal. El hombre había quedado al cuidado del niño en el domicilio que compartían en la calle Torrecedeira de Vigo, pues su madre había asistido a una boda. El pequeño Iván falleció el 26 de septiembre de 1999 en la UCI del Hospital Xeral a consecuencia de los golpes recibidos a manos de la pareja sentimental de su madre, quién lo había violado brutalmente.

Tres años después la Sección Sexta de la Audiencia con sede en Vigo condenó a Francisco Javier Campos a 19 años de prisión, 15 por la agresión sexual y 4 por homicidio imprudente al considerar que no se había probado que quisiera matar al niño a golpes, si bien el fallo resaltaba que "para satisfacer sus deseos sexuales, y aprovechándose del total desvalimiento del niño, le introdujo por el ano, de forma repetitiva, o su pene o algún objeto". Un año después el Supremo admitía el recurso de la acusación y elevaba la pena a 25 años al considera a Francisco Javier Campos culpable de asesinato. Campos Triñán entró con 32 años en prisión y logró su primer permiso con casi 50, a finales de 2017.

Crimen de Paderne: Pablo tenía 14 meses

Uno de los crímenes más atroces fue el cometido por el coruñés José Luis Deus el 2 de octubre de 2010, cuando mató a su hijo de poco más de un año, tras prenderle fuego a su vehículo con el bebé dentro. Ese día, el autor de los hechos efectuó varias llamadas de teléfono a su expareja y, en una de ellas, le dijo que no "iba a volver a su hijo" y que iba "a matar al niño, que tenía una bombona de gas abierta en el coche, que iba a volar si se acercaba una pareja de la Guardia Civil".

El condenado había colocado la botella de butano al lado de la sillita del pequeño, asegurándose de que el crío, que estaba en el asiento trasero del coche, no se pudiese defender. Así que prendió fuego con un mechero a la espita del gas y, a consecuencia de esta acción, el fuego se esparció por todo el habitáculo del vehículo alcanzando al pequeño, cuyo cadáver se carbonizó. Durante el juicio, que se resolvió con una condena de 23 años de prisión para el acusado, la abogada alegó que al hombre se le había "cruzado el cable" y que había "cumplido su amenaza". Su ex pareja, que se había separado por segunda vez del padre de su hijo tras meses de malos tratos, quiso vengarse dándole donde más le podía doler: en su hijo Pablo, de 14 meses.

Los gemelos de Monte Alto tenían 10 años

Javier Estrada, de 30 años, mató a golpes con las baldas de dos estanterías y el sillín de una bicicleta estática a los gemelos de 10 años, hijos de su novia, en agosto de 2011 en Monte Alto (A Coruña). Durante el juicio el acusado apenas dio detalles sobre el día en el que mató a los pequeños. En una declaración que ofreció antes de la vista, afirmó que ese día se levantó enfadado porque Mar se había negado a mantener relaciones sexuales con él, pero ante el juez se limitó a decir: "No contesto a eso", exclamó, además de haber negado recordar si había golpeado a los pequeños con las baldas y si los había rematado clavándoles un sillín en la cabeza. "¿Usted lo hizo?", le preguntó el abogado del padre de los niños. "Yo no sé", respondió.

Por los crímenes de Adrián y Alejandro, su autor está cumpliendo 20 años de los 43 años y 7 meses de cárcel a los que fue condenado por la Audiencia Provincial. El alto órgano jurisdiccional acordó aplicarle el artículo 76 del Código Penal sobre la refundición de penas. Los magistrados estimaron parcialmente el recurso que presentó la abogada de Estrada, ya que no apreciaron que el crimen se cometiese con alevosía, una circunstancia indispensable para que la condena fuese por asesinato. "Podría hablarse de ensañamiento, pero nunca una alevosía, puesto que no se impidió la defensa de los niños, ni incluso la posibilidad de huida", subrayaron los jueces del Supremo.

Crimen de Moraña: Amaia y Candela

Amaia y Candela, de cuatro y nueve años, sufrieron el 31 julio de 2015, en la localidad pontevedresa de Moraña, uno de los asesinatos más brutales que se recuerdan. Su padre, David Oubel, adormeció a sus dos hijas con un cóctel de medicamentos y luego les cortó el cuello con una radial, para finalmente rematarlas con un arma blanca. Oubel, que confesó los hechos, fue el primer condenado a prisión permanente revisable de España.

"Reconozco los hechos. Reconozco los hechos de la acusación fiscal". Esto fue lo que declaró David Oubel Renedo durante el juicio por los crímenes de sus hijas. Tras dos años de instrucción en los que se mantuvo en silencio, el parricida de Moraña reconocía su autoría ante un jurado popular. Y según esos hechos que relató la Fiscalía, Oubel suministró un cóctel de medicamentos diluidos en cacao para adormecer a sus dos hijas antes de matar cortándoles el cuello con una radial a ambas, para rematarlas después usando un arma blanca.

Un cóctel de fármacos que causó el efecto que él esperaba en la más pequeña, pero que no logró adormecer de todo a la mayor, que todavía mantenía ligeramente la consciencia y que pudo hacer un gesto para tratar de oponerse al ataque de su padre, pero sin que tuviera capacidad efectiva de defensa, según destaca el fiscal, dado que se encontraba maniatada además de sedada.

El parricida de Oza

Marcos Mirás, de 42 años y vecino de A Coruña, fue condenado por la Audiencia Provincial a prisión permanente revisable, dos años después de cometer el asesinato de su hijo de tan sólo 11 años, sentencia ratificada por el Tribunal Supremo. Los hechos ocurrieron el 5 de mayo de 2017. Ese día Mirás golpeó en la cabeza a su hijo con una pala de obra en un monte de difícil acceso de Oza-Cesuras hasta terminar con su vida. Durante esa jornada, había recogido al niño en el punto de encuentro familiar donde lo había dejado su exmujer, para pasar el fin de semana con él. Durante el juicio se consideró que Mirás mató a su hijo de 11 años --durante el Día de la Madre de 2017-- con la "intención de causarle el mayor sufrimiento psíquico a su exmujer". En su declaración, la progenitora confesaba que "sé que a mí me va a matar, pero nunca pensé que él pudiese estar en peligro", en referencia al pequeño.

Tras cometer el crimen, su autor intentó ocultar el cadáver del niño, arrastrándolo hacia un lugar aún más apartado de la zona boscosa donde lo mató, donde empezó a excavar un hoyo para depositarlo allí, aunque finalmente desistió y lo dejó a la intemperie. Después se fue a dormir a un hotel, donde previamente había reservado una habitación. Al día siguiente, llevó a los agentes de policía hasta una pista forestal muy próxima al lugar donde había dejado el cadáver de su hijo.

Galicia legislará contra esta violencia

La violencia vicaria aún no figura en el Código Penal, pero en el terreno de las autonomías, el Parlamento de Galicia admitió a trámite una proposición de ley del BNG el pasado mes de abril que hará de la normativa gallega la primera en legislar este tipo de violencia, para que a las madres de estos menores se les brinde la cobertura y apoyo necesarios.

Precisamente, en noviembre de 2020, la madre de las niñas asesinadas por su ex marido en Moraña se pronunciaba a este respecto en sus redes sociales. Rocío Viéitez puso voz a la situación que viven las y los progenitores de niños asesinados por sus parejas o exparejas, y que la ley no reconoce como víctimas de la violencia de género. “Os pais e nais de nenos e nenas asesinadas non temos nin nome que nos defina, somos orfos de fillos e fillas”, denunciaba la progenitora de Candela y Amaia.

016 ES EL NÚMERO DE ATENCIÓN A LA VIOLENCIA DE GÉNERO QUE NO DEJA HUELLA EN LA FACTURA TELEFÓNICA

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