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Caso Abierto - La Provincia - Diario de Las Palmas

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Accidentes acuáticos | Canarias lidera la siniestralidad en España

Ahogados en Canarias: la tragedia silenciada

Los ahogamientos son la primera causa de muerte por accidente en las Islas pero apenas se invierte en campañas de prevención

Simulacro de rescate de un ahogado en el mar frente a las costas de Tenerife. | | CARSTEN W. LAURITSEN

España invierte más de 90 millones de euros públicos al año en campañas de prevención de los accidentes de tráfico. En campañas sobre ahogamientos, 0 euros. Los accidentes mortales en el medio acuático no tienen, además, una gran repercusión. Y una parte importante de la labor pedagógica para concienciar a la población sobre el riesgo de ahogamiento la lleva una asociación privada creada en las Islas: Canarias, 1.500 kilómetros de costa. Su director, el periodista canario Chano Quintana, aporta otro detalle decisivo: el factor escenario. «Un accidente de tráfico, un incendio o un desprendimiento generan un escenario: hay coches destrozados, zonas quemadas, piedras, ambulancias... En los ahogamientos no pasa lo mismo. Se rescata a la persona, se traslada en ambulancia y el escenario permanece igual, como si no hubiera pasado nada». Por todo esto, Quintana asegura que los accidentes acuáticos son «una tragedia silenciada».

La incidencia de los ahogamientos, sin embargo, es mucho mayor de lo que se imagina. En Canarias es la primera causa de muerte por accidente y dobla la cifra de víctimas de los siniestros de tráfico. Por ejemplo, el año pasado perdieron la vida en el medio acuático isleño 43 personas, por 21 en las carreteras. El Archipiélago, asimismo, lleva siete años seguidos liderando los balances nacionales de ahogamientos. El último antecendente fue dramático: el pasado jueves 19 de agosto, una suiza de 33 años –de vacaciones en Tenerife– y joven italiano de 27 –residente en Santa Cruz de Tenerife– perdieron la vida en la peligrosa Cueva del Tacón, en Santiago del Teide, succionados por el bufadero, en un punto donde los carteles indican claramente que está prohibido bañarse. Por todo ello, Chano Quintana pide «campañas de información» y la creación en España de la Dirección General de Prevención de los Ahogamientos, un organismo que no existe en ningún país del mundo.

Moisés Sánchez, director del servicio de emergencias 112 del Gobierno canario, cree que «toda campaña es bienvenida» para bajar la siniestralidad acuática pero apela a «la autoprotección» y «el sentido común», sobre todo teniendo en cuenta que muchas de esas muertes eran evitables y se produjeron por una imprudencia. Recuerda que el propio 112 realiza todos los años campañas en las redes sociales –en especial en Twitter y cuando se acerca el verano– pero admite que deberían desarrollarlas en otras redes –Tik Tok, Instagram– para «llegar a más gente, sobre todo a los jóvenes». También matiza que «cada administración tiene sus competencias» y que las grandes campañas deben corresponder a los organismos estatales, como ocurre en las carreteras con la Dirección General de Tráfico (DGT).

El responsable del 112 subraya algunas pautas fundamentales que debe seguir cualquier bañista, en especial los que se aventuran a zonas menos conocidas y aisladas, «algo que se ha puesto muy de moda en los últimos años». Hay que acceder a información contrastada y oficial de los lugares que se piensan visitar, comprobar si hay cobertura de telefonía, ver su grado de peligrosidad y comprobar qué tipos de acceso posee y de cuánta distancia. Moisés Sánchez también aconseja no tirarse a los charcos, independientemente de que tengan o no profundidad –«a veces parece que hay profundidad y la vista engaña»–, para que no ocurra lo que le pasó a un hombre de 45 años hace solo 10 días: se tiró de cabeza a la piscina natural del Caletón, en Garachico, y acabó herido grave y evacuado de urgencia al Hospital Universitario de Canarias (HUC).

Todos coinciden en que el problema es más de información que de medios de rescate y socorrismo. Así, la estructura de respuesta inmediata en Canarias está «muy bien organizada y entrenada, en base a la regulación nacional». Lo apunta Montserrat Román, experta en Protección Civil de la Dirección General de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias. Montserrat explica cómo funciona: «Las competencias en la primera atención en las costas las tienen los ayuntamientos y sus servicios de seguridad y socorrismo. Son los medios más cercanos a los lugares donde se produce un accidente y los que mejor conocen el territorio y el mar», asegura. Los municipios tienen sus propios servicios de rescate y vigilancia, los externalizan a empresas o instituciones como Cruz Roja o utilizan modelos mixtos público-privados. «Unos minutos o incluso segundos pueden ser vitales en este tipo de operativos», matiza Montserrat Román.

Si la situación empeora y se necesitan refuerzos, se recurre a los otros equipos en disposición de actuar de forma inmediata, siempre coordinados por la sala operativa del 112, que en Canarias tiene una gran ventaja: aglutina en un mismo centro de control a todos los medios que se pueden movilizar, desde los barcos de Salvamento Marítimo del Estado y los helicópteros de emergencias del Ejecutivo regional, hasta las ambulancias y los equipos médicos del Servicio de Urgencias Canario (SUC) y la ayuda de Protección Civil, bomberos y los cuerpos de seguridad estatales –Policía Nacional y Guardia Civil, con grupos especializados–. «Los ciudadanos tienen que tener claro que una imprudencia o temeridad puede poner en riesgo a las personas que forman parte de estos equipos de rescate, que se la juegan cada vez que tienen que acudir a una urgencia», recalca Román.

Chano Quintana reconoce que ha habido avances. El principal es la resolución de Naciones Unidas del pasado 28 de abril que insta a los países a crear normas y organismos para minimizar el impacto de los accidentes acuáticos. Ya la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado los ahogamientos como un problema de salud pública de primer orden. Pero Quintana puntualiza que «todavía queda mucho por hacer», como introducir la autoprotección en el mar en los programas de la educación básica. Las propias campañas que de la asociación que dirige en los centros educativos canarios, que reciben apoyo externo principalmente del Cabildo de Gran Canaria, dan «muy buenos resultados».

El Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria inauguró el 12 de agosto la exposición Playas Inteligentes, Entornos Seguros, incluido un estudio pionero sobre el impacto social de la campaña del colectivo Canarias, 1.500 kilómetros de Costa. El museo presentó los resultados de un estudio realizado en el curso 2018-2019, en el que se expuso a toda la comunidad escolar que visitó el centro –más de 17.000 alumnos– los spots del proyecto que recrean las situaciones de riesgo más comunes a las que se expone un bañista. Los resultados desvelan la importancia de las campañas de prevención y el hecho de que muchos jóvenes carecen de información elemental para evitar el riesgo en un día de baño. El colectivo de Quintana Canarias, 1.500 kilómetros de Costa ha llevado sus campañas a miles de escolares isleños, a 70 hoteles de diferentes países, a universidades de todo el mundo... Y cuando llega el verano, también las muestra en las televisiones, las radios y los periódicos. «Entre un 60 y un 70% de los estudiantes que han participado en nuestras campañas aseguran que alguna vez han vivido una situación de peligro en el medio acuático», asegura Quintana, para enfatizar la trascendencia que tienen este tipo de accidentes. El colectivo ultima ahora su última iniciativa: Desahogo, un documental sobre prevención de ahogamientos en el mundo.

Canarias cuenta con 1.500 kilómetros de costa –de ahí el nombre del colectivo creado por Chano Quintana– y 579 playas, según el Catálogo de Playas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente. De 2016 a 2020, la cifra de fallecidos en estas playas, costas y piscinas ascendió en el Archipiélago a 326 personas, superando ampliamente las víctimas mortales producidas por accidentes de tráfico. «Son datos preocupantes», admite Moisés Sánchez, director del 112, que recuerda que además de la multitud de bañistas que acuden al litoral canario durante todo el año –«no solo durante el verano, como ocurre en otras comunidades»–, las Islas son un gran destino vacacional al albergar algunos de los mejores lugares de Europa para la práctica de determinados deportes náuticos. El peso del turismo también se nota en las estadísticas de accidentes: de 326 fallecidos entre 2016 y 2020, 135 eran extranjeros, concretamente de 27 países diferentes, principalmente alemanes, franceses e ingleses.

Este año ya van 32 fallecidos en Canarias en accidentes acuáticos, la última de estas tragedias, la de la Cueva del Tancón, que se llevó la vida de dos jóvenes el pasado 19 de agosto. Es un caso paradigmático de otro problema que aumenta la peligrosidad de las zonas más remotas de la costa canaria: el efecto llamada de internet y las redes sociales. Centenares de artículos, menciones y fotos circulan por la red ensalzando las características paradisiacas del Tancón y aclarando dónde se encuentra. De tal manera que de ser una zona desconocida, incluso para los tinerfeños, ha pasado a ser un reclamo de primer orden del postureo. Toda una procesión de noveleros acuden allí en busca de la pose perfecta. Y eso que bañarse en este cueva marina, uno de cuyos accesos tiene un bufadero con un elevadísimo riesgo de ahogamiento, está prohibido, como anuncian tres carteles en la zona.

Ibrahim Forte, concejal de Seguridad de Santiago del Teide, recuerda que es «importantísimo» informarse bien sobre a dónde se va y buscar «fuentes oficiales», no comentarios que inducen al error y pueden acabar en drama. Los vecinos del Tancón lo saben muy bien.

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