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Investigación

La Guardia Civil centra la búsqueda de Marta Calvo en una sima de más de 60 metros

Los investigadores cifran en "bastantes días" el tiempo necesario para excavar hasta el nivel de 2019

Parte del dispositivo de búsqueda, ayer, en el acceso a la sima, decidiendo cómo actuar.

Parte del dispositivo de búsqueda, ayer, en el acceso a la sima, decidiendo cómo actuar.

Una sima de más de 60 metros de profundidad y otros tantos de anchura convertido en escombrera ilegal desde hace décadas es, en este momento, la prioridad del equipo conjunto de Homicidios de la Guardia Civil de València y de la UCO en la nueva búsqueda del cuerpo de Marta Calvo, asesinada en la madrugada del 7 de noviembre de 2019 en una casa alquilada por su presunto verdugo, Jorge Ignacio P. J., en el municipio de Manuel.

Se trata de una hondonada dentro del área delimitada por técnicos de la Guardia Civil a partir del estudio pormenorizado de los movimientos de los teléfonos que usaba a finales de 2019 el presunto asesino en serie, y que han podido acotar ahora, tras casi un año de análisis profundo, ya que en el examen inicial, que recoge potentes, no se había podido determinar su presencia en ese paraje.

La escombrera viene siendo utilizada desde hace décadas por vecinos de varios municipios próximos, por lo que es conocida no solo en Manuel, sino también en Senyera, Castelló o Llosa de Ranes, precisamente los cuatro en cuyos términos se sitúa el área donde ahora buscan el cuerpo de Marta.

No es la única característica que convierte ese vertedero ilegal en un punto de "interés especial" en esta nueva búsqueda. Además, es accesible en coche —apenas hay seis metros desde la carretera, asfaltada, hasta el precipicio—, discreto y, sobre todo, próximo al domicilio de Manuel que ocupaba como inquilino Jorge Ignacio P. J. en aquel momento. Es más, se trata de una carretera local de poco tránsito que solo utilizan agricultores, ciclistas, ‘runners’ (deporte que practicaba el presunto asesino en serie) y vecinos. Pero, dado que era noviembre y un día en mitad de la semana (jueves), la actividad de los primeros es baja a esas alturas del año, los deportistas suelen salir en fin de semana o por las tardes y los residentes brillan por su ausencia, ya que la inmensa mayoría de las viviendas de esa zona son utilizadas únicamente en verano y algunos fines de semana.

Muy cerca del lugar del crimen

Eso habría asegurado la ausencia de testigos incómodos, que tampoco se habrían extrañado de haber visto a alguien tirando algo al precipicio, dado que mucha gente sabe que se trata de un vertedero ilegal. Y Jorge Ignacio P. J. sabía todo eso porque era una de las zonas por las que salía a correr.

Hay más. Esa escombrera dista entre 3,4 y 3,8 kilómetros de su casa en coche, siguiendo carreteras y algún camino de tierra por el que cualquier vehículo transita con absoluta normalidad. Perfecto para deshacerse de un cuerpo de manera rápida.

Por todas esas razones y, principalmente, porque ocultó su paso por esa zona —el nuevo estudio de geolocalización registra su estancia en esa área durante más de tres horas en la mañana del jueves, 7 de noviembre, cuando la joven llevaba solo unas horas muerta— cuando declaró ante la Guardia Civil, los investigadores van a poner todos sus esfuerzos en buscar justo en ese punto.

No va a ser fácil. En caso de que ese sea realmente el punto en el que se deshizo de la joven arrojando su cuerpo al abismo, los investigadores creen que tardarán «bastantes días» en encontrar sus restos. Han pasado casi dos años, la maleza ha crecido de manera descontrolada en dos años con periodos de alta pluviosidad y la gente ha seguido tirando escombros, tierra y basura.

Desde ayer, la Guardia Civil cuenta con la ayuda de varias brigadas forestales de la Diputació de València, que se encargarán de abrir paso y poner la maquinaria para limpiar el acceso y desbrozar las zonas donde no hay riesgo de que esté el cuerpo. A medida que vayan despejando desde abajo, los especialistas de montaña del GREIM de la Guardia Civil empezarán a descender desde el borde del precipicio, revisando espacios ocultos entre higueras, pinos y matorrales.

Además, la Guardia Civil dispone de dos perros adiestrados en la detección de restos biológicos y huesos humanos —Junco, un perro de aguas español de dos años y Athor, un pastor belga de seis años— que trabajan con su guía desde ayer, a pesar de las elevadas temperaturas. En total, un dispositivo de 40 personas que trabajarán, de momentos solo por las mañanas, para tratar de localizar, esta vez sí, el cuerpo de Marta Calvo.

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