La sospecha de una infidelidad de su esposa pudo haber impulsado a fabricar una bomba casera a un hombre para el que la Audiencia de Santa Cruz de Tenerife pide 33 años de cárcel, acusado de intentar asesinar a tres personas con un artefacto que depositó frente al garaje en el municipio de Puerto de la Cruz.

La primera jornada del juicio celebrad ayer no acabó de descubrirse cuál es el verdadero móvil que ha llevado a este hombre, Roberto, a sentarse en el banquillo de los acusados como principal sospechoso. Por ahora la única versión que parece más certera es que a raíz de un accidente de tráfico que tuvo y sus secuelas, comenzó a sospechar de una infidelidad de su mujer con su primo.

A favor de esta tesis que apunta a su culpabilidad estaría que la exesposa aseguró que reconocía la letra que aparecía en lo que quedaba del explosivo.