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El turismo irresponsable en Canarias: arrancan vallas y agreden a policías para bañarse en zonas prohibidas

El turismo irresponsable, la desobediencia a las normas y el poder viral de las redes sociales agravan una crisis que ya ha dejado 35 muertos en las costas canarias en 2025

Bañistas al borde de la muerte en el Charco de la Muerte

La Provincia

Las Palmas de Gran Canaria

El verano de 2025 vuelve a teñirse de luto en las costas canarias. Hasta el 22 de agosto, ya son 35 las personas fallecidas por ahogamiento en el Archipiélago, según datos de Chano Quintana, periodista y director de Canarias, 1.500 Kilómetros de Costa. Una cifra alarmante que sitúa a Canarias como la segunda comunidad autónoma con más muertes en espacios acuáticos de toda España, solo por detrás de Andalucía, según declaraciones recogidas en COPE Canarias.

Los datos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS) confirman una tendencia ascendente: 303 muertes por ahogamiento a nivel nacional hasta el 31 de julio, la mayor cifra en los últimos diez años.

A pesar de las campañas de prevención, de la señalización y de la presencia de socorristas, el incumplimiento de las normas sigue siendo el gran detonante de muchas de estas muertes. Según advierten expertos como Quintana, una parte significativa de las víctimas muere en playas con vigilancia activa, tras ignorar banderas rojas o señales de advertencia.

Este fenómeno se agrava especialmente en temporada alta, con la llegada masiva de turistas, muchos de los cuales desconocen el mar canario y subestiman su fuerza. Las cifras reflejan que el 90% de las imprudencias más graves corresponden a visitantes, no a residentes.

El drama de las piscinas: niños, descuidos y tragedias silenciosas

Las piscinas, sobre todo en complejos turísticos o viviendas privadas, son otro escenario trágico. Más de 30 muertes en piscinas han sido registradas este año a nivel nacional, muchas de ellas con niños pequeños como víctimas.

En estos casos, la falta de vigilancia directa es determinante. Un niño se ahoga sin gritar, sin salpicar, sin alertar. Bastan unos segundos de descuido para que el resultado sea irreversible.

Pero si hay un escenario donde el drama toma un tinte especialmente absurdo y evitable, ese es el de los charcos naturales. Espacios rocosos, de difícil acceso, donde la fuerza del mar y la falta de previsión son una combinación letal.

En lugares como la Cueva del Tancón o el charco de Isla Cangrejo, en el municipio tinerfeño de Santiago del Teide, la situación ha desbordado a las autoridades. El problema ya no es solo el riesgo natural, sino la actitud de muchos turistas que, guiados por imágenes virales, se saltan todas las normas de seguridad.

Vallas arrancadas, agresiones y desobediencia total

El alcalde de Santiago del Teide, Emilio Navarro, no oculta su frustración: “Arrancan los carteles de peligro, rompen las vallas y agreden a los policías que intentan evitar que se metan en el agua”, denuncia.

El episodio más reciente ocurrió en el charco de Isla Cangrejo, donde un vídeo viral mostró a 14 personas jugándose la vida en medio de un fuerte oleaje, ignorando una alerta amarilla de AEMET y las recomendaciones de Protección Civil. Pese a los esfuerzos del Ayuntamiento, la imprudencia se repite a diario.

“Los agentes van varias veces al día a reponer la señalización, pero no sirve de nada. Siguen entrando incluso cuando están sacando a alguien muerto del agua”, lamenta Navarro. Incluso los socorristas han sido víctimas de empujones, insultos e intentos de agresión por parte de bañistas que no aceptan las restricciones.

Este comportamiento refleja una cultura del turismo descontrolado, donde la diversión inmediata prima sobre el respeto al entorno y a la vida. Lugares como el Tancón, aunque oficialmente cerrados al baño, siguen atrayendo a visitantes que buscan “la foto perfecta” sin valorar las consecuencias.

Las redes sociales tienen buena parte de responsabilidad en este fenómeno. Plataformas como TikTok o Instagram alimentan la idealización de estos parajes sin advertencias reales sobre su peligrosidad. La combinación de ignorancia, presión social y exceso de confianza está alimentando un modelo de turismo suicida.

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