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La confesión de Richely, la mujer detenida por ahogar a su bebé en Las Palmas de Gran Canaria: «Sentí el impulso de cogerle la cara»

Richely G. L. ingresa en la cárcel acusada de asesinato con alevosía tras matar a su hija, de 20 meses. La presunta autora puede enfrentarse a la prisión permanente revisable

Barrio marinero de San Cristóbal, donde la acusada ahogó a su bebé, de 20 meses

Barrio marinero de San Cristóbal, donde la acusada ahogó a su bebé, de 20 meses / Juan Carlos Castro

Las Palmas de Gran Canaria

Richely Petri G. L., la mujer de 29 años detenida el miércoles tras matar a su hija de 20 meses en el barrio marinero de San Cristóbal, ingresó este lunes en prisión provisional comunicada y sin fianza acusada de un presunto delito de asesinato con alevosía.

En un primer momento, cuando la Policía Nacional la localizó en Hoya de la Plata con el cuerpo sin vida de su hija, Richely dijo que la pequeña se había caído al mar; después, ya en dependencias, confesó: «Sentí un impulso de cogerla por la cara y tumbarla en un charco». La autora puede enfrentarse a la pena de prisión permanente revisable.

El crimen, avanzado por LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas, ocurrió el miércoles por la noche. En torno a las 22 horas, la Policía Nacional recibió un aviso sobre el fallecimiento de una menor en Hoya de la Plata. El cadáver de la bebé se encontraba en un parterre en el intercambiador de guaguas y al lado, junto al cuerpo sin vida, permanecía la madre, en una actitud completamente ida.

A la zona acudieron agentes del grupo de Homicidios de la Policía Nacional, Policía Científica y sanitarios del Servicio de Urgencias Canario (SUC), que practicaron maniobras de reanimación a la menor, sin éxito, motivo por el que decidieron derivarla al Hospital Materno Infantil. Allí se confirmó el fallecimiento tras 45 minutos de intentos de reanimación.

Al mismo tiempo, los agentes tomaron declaración a varios testigos. Una de ellos aseguró que había observado a la autora caminando descalza, mojada, en actitud desorientada, «con la mirada perdida, en un andar lento y sin rumbo definido», consta en el auto de prisión al que ha tenido acceso este diario. «Portaba en brazos a un bebé envuelto en una manta aparentemente dormido», dijo la testigo.

Ante la sospecha de que algo pudiera ir mal, se aproximó a la madre del bebé con otras personas. Al preguntarle si se encontraba bien, la ahora acusada «respondió de forma apenas audible, hablando muy bajo y sin mostrar una reacción clara a las preguntas».

«Se ha caído al mar»

En ese momento, uno de los testigos levantó la manta que cubría al bebé y descubrió que expulsaba espuma por la boca y no respondía a estímulos, por lo que avisaron al 112.

«Se ha caído al mar», dijo Richely, de forma vaga, a la Policía cuando le preguntaron por lo ocurrido. No dio explicaciones concretas del lugar exacto ni de la forma en la que se produjo la supuesta caída. Los agentes optaron por revisar la zona. En el paseo Antonio Sánchez Fleitas localizaron en un charco un zapato perteneciente a la mujer. Luego, en una zona de rocas, hallaron la otra deportiva. La acusada también fue evacuada al centro hospitalario para someterse a un examen médico.

Después de que las autoridades lo avisaran, al hospital acudió el padre de la víctima y exnovio de Richely. El joven afirmó que habían mantenido durante tres años una relación en Colombia, donde nació la niña, y que hace siete meses convivían en Gran Canaria. Hacía solo unas semanas que habían roto y la convivencia había llegado a su fin –dijo– porque «se había deteriorado».

El padre de la menor aseguró que los días previos al asesinato había observado en Richely «comportamientos que le resultaban extraños»: «Manifestaba ideas incoherentes, expresiones relacionadas con que la perseguían, escuchaba voces o veía sombras».

El relato del padre de la niña

La madrugada del miércoles, casi un día antes del crimen, Richely le escribió por WhatsApp. «Los mensajes le resultaron preocupantes por su contenido y tono, apreciaba incoherencias y pensamientos que calificó como paranoides, motivo por el que le pidió que tuviera cuidado y protegiera a la niña», consta en el auto. Ya por la tarde, le hizo una videollamada con la niña en la playa. No volvió a tener noticias de ellas hasta las 22.46 horas, cuando el presunto asesinato había ocurrido. En presencia policial y desde el hospital, la ahora encarcelada le dijo que la niña se le había caído al agua. Misma versión que dio a la Policía en un primer momento.

Pero en dependencias policiales, el relato de los hechos cambió. Richely contó a los agentes que esa mañana decidió ir en guagua con su hija hasta Maspalomas. Dijo que allí habían estado hasta las 18 horas, momento en el que regresaron a Las Palmas de Gran Canaria y se bajaron en la parada de San Cristóbal. Fueron –afirmó– a un parque infantil y, posteriormente, a una zona de rocas donde había pequeños charcos.

«En ese momento, sintió un impulso que la llevó a coger a la menor por la cara y tumbarla boca arriba en uno de los charcos en los que el agua le llegaba por debajo de las rodillas», puede leerse en el documento judicial. Richely no supo precisar el tiempo en el que mantuvo a la menor dentro del agua. «Un rato», aseveró. «La niña abría y cerraba los ojos», añadió.

Luego, cogió a la menor y se desplazó hasta Hoya de la Plata, con la intención de subirse a una guagua para regresar a su domicilio. Fue entonces cuando se encontró con la testigo que dio el aviso.

Indiferente y sin alteración de la realidad

En su declaración ante los agentes, Richely afirmó que hacía algún tiempo había tenido ideas suicidas. Por ese motivo, la evacuaron al Hospital Insular, donde la sometieron a una valoración médica y psiquiátrica. Pese a su relato, el informe emitido revela que «se encontraba tranquila y abordable, con un discurso lineal y coherente, sin alteraciones formales de pensamiento».

Las pruebas realizadas tampoco justificaron alteración de conciencia, comportamiento ni de la percepción. Dio negativo en consumo de drogas y no tiene antecedentes de patologías psiquiátricas. Lo que sí apreciaron los médicos fue «cierta indiferencia afectiva», consta en el auto.

Este lunes, tras prorrogar el sábado el plazo de detención, Richely pasó a disposición judicial. Tras su declaración el Ministerio Fiscal pidió la entrada en prisión acusada de un asesinato con alevosía a menor de dieciséis años.

La defensa se inclinó por la adopción de las medidas que consideren el estado de salud mental de la investigada con prevalencia de la libertad y medidas alternativas que atiendan como primordial esta consideración. El juez ordenó su inmediato ingreso en la cárcel.

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