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“El llanto que nos devolvió la vida”: El estremecedor momento en que un enfermero salva a un recién nacido que no respiraba en Canarias

Siete minutos de máxima tensión bastaron para que un recién nacido que no respiraba lograra salir adelante gracias a la serenidad de un ciudadano y la precisión de un profesional sanitario

¿Qué hacer si un bebé nace y no respira?

Diego R. Moreno

Diego R. Moreno

Hay intervenciones que duran minutos, pero dejan huella para siempre. Eso fue exactamente lo que ocurrió en Candelaria, Tenerife, cuando una llamada al Servicio de Urgencias Canario (SUC) activó una cadena de decisiones, indicaciones y nervios contenidas que acabarían salvando la vida de un recién nacido.

Al otro lado del teléfono, el enfermero coordinador Airám Delgado entendió desde el primer instante que no se trataba de una urgencia cualquiera. Una mujer de 40 años, con un embarazo a término, estaba dando a luz en su casa. No había tiempo para traslados. No había margen de error.

“Desde el primer minuto sabíamos que ese bebé iba a nacer ahí, en ese mismo instante. Teníamos que estar preparados para todo”, relató posteriormente.

Sin posibilidad de intervención presencial inmediata, la única herramienta disponible era la voz. Y con ella, la capacidad de transmitir calma, seguridad y निर्देशaciones claras en medio del caos.

Mientras una ambulancia sanitarizada se dirigía al domicilio, Delgado convirtió al acompañante de la mujer en algo más que un testigo: lo transformó en el ejecutor de cada paso.

“En estas situaciones, quien llama se convierte en nuestras manos y nuestros ojos. Nosotros guiamos, pero ellos actúan”, explicó.

Una ambulancia del Servicio de Urgencias Canario.

Una ambulancia del Servicio de Urgencias Canario. / Cedida

Cada indicación era precisa. Cada palabra, medida. Porque en ese momento, no solo se estaba atendiendo un parto, se estaba sosteniendo una vida que aún no había comenzado a respirar.

El instante en que todo se detuvo

El parto fue rápido. Demasiado rápido. En cuestión de minutos, el bebé ya estaba fuera. Pero entonces llegó el silencio.

No hubo llanto. No hubo reacción. Solo la angustia de quien sostiene a un recién nacido que no respira.

“La situación cambió en segundos. Pasamos de asistir un parto a intentar salvar una vida”, recordó el enfermero.

Instrucciones que salvan vidas

A través del teléfono, Delgado comenzó a guiar las maniobras esenciales: estimular al bebé, limpiar sus vías respiratorias, provocar esa primera reacción que marca el inicio de la vida fuera del útero.

Al otro lado, el acompañante seguía cada paso con una mezcla de nervios y determinación. Fueron segundos. Pero parecieron eternos. Y entonces ocurrió. Un llanto fuerte, claro, rotundo. El sonido que todos esperaban.

Archivo - Pies de un bebé

Archivo - Pies de un bebé / QUIRÓNSALUD - Archivo

“A los pocos segundos escuchamos un llanto muy fuerte… y en ese momento supimos que todo iba bien”, relató Delgado.

Ese llanto no solo indicaba que el bebé respiraba. Era la confirmación de que la vida se había abierto paso.

El propio enfermero no ocultó la emoción: “Hubo un suspiro. Ese instante en el que dices: vale, lo hemos conseguido”.

Siete minutos que valieron una vida

Toda la intervención duró apenas siete minutos. Siete minutos en los que cada decisión fue crucial, cada indicación necesaria y cada segundo contado.

Cuando los equipos sanitarios llegaron al domicilio, la situación ya estaba encauzada. Madre e hijo fueron estabilizados y trasladados al hospital, donde evolucionaron favorablemente hasta recibir el alta.

Hoy, ambos se encuentran bien. En casa. Con una historia que comenzó al borde del abismo y terminó con un final feliz.

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