El cadáver hallado en un solar de Telde pertenece a un hombre desaparecido desde 2024
El informe de autopsia permite confirmar la identidad de la víctima y concluye que no intervinieron terceras personas en el fallecimiento

Hallan un cadáver enterrado en un solar en Telde. / José Carlos Guerra

Fin del misterio. El esqueleto enterrado que apareció el pasado mes de abril en un solar de la calle Sagaseta, en el Valle de Jinámar (Telde), pertenece a un hombre de 48 años que se encontraba desaparecido desde julio de 2024. Y, pese a la extraña forma en la que se produjo el hallazgo de los restos óseos, no intervinieron terceras personas en el fallecimiento.
Son los resultados preliminares de la autopsia practicada al esqueleto por los médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas, que rechazan la hipótesis de una muerte violenta. Tras las pesquisas practicadas en las últimas semanas, el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional da por esclarecido el caso y lo cierra como un suicicio.
Las gestiones realizadas permitieron confirmar la identidad del cuerpo y solo queda pendiente la práctica de las pruebas de ADN para ratificar los resultados definitivos. La familia del fallecido ya ha sido notificada y, según ha podido saber LA PROVINCIA/DLP, no había presentado denuncia ni figuraba en los registros de personas desaparecidas.
La familia no denunció la ausencia del varón, que tenía 48 años en el momento en que se le perdió la pista
Los restos mortales del varón fueron hallados en la mañana del 29 de abril por un grupo de trabajadores que se disponía a realizar tareas de reparación de tuberías para rehabilitar el bloque de viviendas anexo. Sin embargo, sobre las 9.30 horas, las máquinas de obra frenaron su actividad tras aparecer un cráneo enterrado en el terreno.
Los trabajadores dieron aviso a los servicios de emergencia y, al cabo de unos instantes, se aproximaron hasta el lugar agentes del Grupo de Homicidios y de la Policía Científica, la unidad de Subsuelo y Bomberos del Consorcio de Emergencias de Gran Canaria. El dispositivo rastreó la parcela y consiguió localizar más restos óseos y prendas de ropa.
Avanzado estado de descomposición
Debido al avanzado estado de descomposición en el que se encontraba el cadáver después de 22 meses, era imposible determinar en un primer momento su identidad o, siquiera, si se trataba de un hombre o de una mujer. Por tanto, se enviaron los huesos a la sala de autopsias para practicar un análisis en profundidad.
El descubrimiento alarmó y sorprendió a los vecinos de los alrededores, en especial a los residentes del edificio contiguo que habían encargado los trabajos. Uno de los obreros, Darío Llopis, explicó que esa mañana había llegado la empresa especializada en reparar atascos en tuberías y problemas pluviales y el capataz se aproximó al solar junto a varios operarios con la intención de ejecutar los trabajos. Sin embargo, poco después de empezar, se dieron de bruces con los huesos.
Las indicaciones del capataz al resto de empleados fue que debían cargar unas vallas para precintar el terreno hasta que llegase la Policía. Era el primer indicio de algo extraño que habían encontrado en el lugar, pues los trabajos habían comenzado una semana y media atrás. "Veíamos siempre a gente por aquí con las mascotas", indicó Llopis, quien subrayó que "de no ser por el problema con las tuberías, nadie se hubiese dado cuenta".
Los investigadores dan el caso por cerrado como un suicidio y solo quedan pendientes las pruebas de ADN
Una de las residentes de la zona que se vio sorprendida por el amplio movimiento policial y el precinto del terreno es Josefa González. Esta vecina contó que en la tarde anterior había estado paseando a su perro por el solar y no se esperaba lo ocurrido porque nunca habían visto nada. "Además, hay vecinos que vienen todos los días a ponerle de comer a los gatos", apuntó mientras se desarrollaba el levantamiento del cadáver.
Muy cerca de la zona, en la parte alta de la ladera anexa al solar donde se localizaron los restos óseos, se sitúan varias chabolas donde reside de forma habitual un grupo de personas sin hogar. Una de las principales líneas de la investigación consistía en determinar si el cuerpo se correspondía con algunos de los sintecho que pernoctan en los alrededores.
Sorpresa entre los vecinos
En este sentido, otra vecina, Carmen Rodríguez, indicó que "lo raro es que nadie lo haya echado de menos". Le extrañó especialmente porque el entorno donde tuvieron lugar los trabajos se trata de un área muy transitada en el Valle de Jinámar, que se encuentra con dotaciones de restaurantes y supermercados justo enfrente.
Otra de las residentes de un edificio próximo al terreno, Nereida Collado, detallaba que "por esta carretera siempre pasa gente y hay casas justo al lado". "Todos los vecinos estamos siempre en este terreno con los perros, todos los que vivimos por estas calles", añadía.
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