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Tribunales

Juan Betancor advirtió a su mujer: "Pide ayuda, que Antonio me quiere matar"

La viuda del abogado fallecido declara que estaba preparando el desayuno a su marido cuando escuchó unos "gritos desgarradores" y salió a ver qué ocurría en la finca

El acusado, de espaldas a la derecha, en el juicio celebrado este lunes en la Audiencia Provincial de Las Palmas.

El acusado, de espaldas a la derecha, en el juicio celebrado este lunes en la Audiencia Provincial de Las Palmas. / B. M.

Álvaro Minaya

Las Palmas de Gran Canaria

"Pide ayuda, que Antonio me quiere matar", es la frase que escuchó la viuda del abogado Juan Betancor en la mañana del 29 de mayo de 2022. Parecía un domingo como cualquier otro, la mujer se había despertado a las nueve y cuarto de la mañana y había encendido la televisión para ver la misa matinal. Su marido entró a la cocina mientras preparaba el café y le avisó de que tenía que salir un momento al exterior de la finca para poner en marcha el motor de la piscina. Lo siguiente que escuchó la mujer fue "un ruido raro" proveniente del exterior de la vivienda y, cuando volvió a ver a su marido, este se encontraba en el interior de un aljibe con casi todo el cuerpo quemado, según declaró este lunes en la segunda sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Las Palmas contra el presunto asesino de Betancor.

El lugar donde sucedieron los hechos es una finca de media hectárea de extensión del Camino del Gamonal, en el municipio de Santa Brígida, en la que el matrimonio residía los sábados y domingos, mientras que el resto de la semana la propiedad quedaba bajo el cuidado del acusado Antonio P. G. a cambio de quedarse en una de las viviendas. La mujer se alertó cuando escuchó un fuerte estruendo proveniente del exterior de la vivienda y salió corriendo para ver qué ocurría, pero se encontró de frente con el encausado. "Vino con mucha violencia, no lo había visto nunca así", aseguró la testigo.

La mujer veía cómo salía humo de alguna zona de la propiedad y unos "gritos desgarradores tremendos" por parte de su marido, pero antes de que pudiera fijarse en nada más, según su versión, el trabajador de la propiedad la empujó, la tiró al suelo, le rompió la ropa y le puso un cuchillo en el cuello. En la vista oral aseguró que el encausado insistía en que le diera su teléfono móvil, que no llevaba encima, y la guio hasta el salón de la vivienda. "Yo le repetía: mi marido siempre te ha ayudado, ¿por qué estás haciendo esto?", afirmó la testigo.

"Con el aspecto externo de las quemaduras, nos hacíamos una idea de la profundidad"

La mujer asegura que Antonio P. G. la dejó encerrada en el interior del domicilio y ella esperó unos diez minutos para asegurarse de que se hubiera ido antes de saltar por la ventana, subir al techo de la vivienda y lanzarse unos dos metros al suelo para lograr escapar. Le costó dar con un vecino porque "no salía nadie de sus casas", pero finalmente una residente de la zona se alertó por sus gritos y decidió llamar a la policía.

Dos agentes de la Policía Local de Santa Brígida, que intervino en el lugar de los hechos a la espera de que llegara la Guardia Civil, se ocuparon de atender a la esposa de la víctima y le pidieron que les indicara dónde se encontraba la finca. Las agentes declararon en la vista oral que las primeras señales de violencia que encontraron fueron la suela de un zapato carbonizado y rastros de humo en el suelo.

Encerrado en un aljibe

Tardaron unos minutos en localizar de dónde venía la voz de la víctima, que se encontraba atrapada en el interior de un aljibe de tres metros. Encima de la tapa encontraron trastos como la puerta de un vehículo, dos o tres escaleras y un horno. "Lo encontramos agarrado a un filito, con la cabeza hacia arriba y agarrándose como podía porque no hacía pie", afirmó una de las agentes. Trataron de colocar una escalera para poder sacar a la víctima, pero no llegaba hasta el final del depósito y necesitaron pedir ayuda a su mujer.

Los agentes vieron mecheros, una maleta, un machete y dos cuchillos en la casa del acusado

Juan Betancor fue derivado al Hospital Doctor Negrín, donde llegó inconsciente, intubado y sedado. "Con el aspecto externo de las quemaduras, nos hacíamos una idea de la profundidad", declaró uno de los primeros sanitarios que lo atendió. Presentaba quemaduras en "prácticamente el cuerpo entero", y la única zona que tenía "respetada" eran las rodillas. El abogado defensor manifestó en su escrito inicial que la tardanza de la ambulancia medicalizada hizo que las heridas empeoraran, pero el doctor contestó que "lo más importante era proteger las vías aéreas" para que "no muriera por asfixia", que es lo que priorizaron los primeros médicos.

La Guardia Civil se ocupó de realizar una inspección ocular de la zona y un reportaje fotográfico que mostraron a los miembros del jurado. En las imágenes se observa un bidón de pintura derretido -que sospechaban que podía ser el recipiente que habría utilizado Antonio P.G. para vertir la gasolina- restos de ropa quemada y huellas aparentemente ensangrentadas. Durante el registro del domicilio del acusado también hallaron mecheros, una maleta preparada, un machete y dos cuchillos.

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