¿Cómo resumiría el argumento de su libro?

Se trata de una investigación histórica que abarca desde que se creó el heredamiento del Valle de los Nueve a comienzos del siglo XVI. Fue un proceso muy largo para pagarle la corona a los que participaron en la conquista con tierras y agua. A raíz de este repartimiento comenzó a funcionar esta entidad, de la cual se dice que es una de las más antiguas de Canarias; existen documentos que explican cómo se hicieron los repartos, que resultan curiosos por cómo se hicieron. Fueron realizados a 12 personas. Estas aguas nacen en la cumbre de Telde y pasa por el Barranco de los Cernícalos, que gracias a esta heredad, el barranco tiene esa característica tan natural. Ha servido, entre otras cosas para convertir los eriales que eran las tierras de El Ejido y de El Goro en tierras de cultivo mediante un pleito. En definitiva, ha sido una heredad que ha tenido mucha importancia en Telde.

¿Qué destacaría de su investigación?

El libro está dividido en varios capítulos, y algunos han sido elaborados a partir de documentación del Archivo Histórico Provincial de Las Palmas. Destacaría, por ejemplo, el paisaje agrario que se ha creado con el paso del tiempo gracias a esta heredad. Y luego hay una parte que es de la investigación más reciente que he hecho en el archivo de la heredad, y aquí describo la dinámica de esta heredad desde que se creó el primer reglamento en el año 1874, a raíz de la primera Ley de Aguas, hasta el año 1960; en este tiempo fue cuando las diferentes juntas directivas trabajaron para conseguir aguas a través de galerías. Sobre todo hay dos que son muy importantes y que son las que actualmente dan agua, como son la galería del Blanquizal y la de Los Guinderos. Ofrezco datos, como recibos de la época, los propietarios, los presidentes que ha tenido a lo largo de estos años...

¿Qué tiene de especial el agua del Valle de los Nueve?

Lo especial es la dinámica socioeconómica tan importante que a lo largo del siglo ha hecho que esta zona haya tenido un desarrollo económico y de subsistencia importante. El Valle de los Nueve era conocido como la despensa de Telde, porque era donde se producía toda clase de cultivos; y todo esto, gracias a la heredad, que prácticamente se extiende hasta la costa.

¿Podría profundizar algo más en el origen de este heredamiento?

El origen del heredamiento se produce debido a que los que participaron en la conquista de Canarias eran soldados, carpinteros y demás profesiones. A estas personas se les prometieron unos sueldos que no se les dieron. Ellos se establecieron en Telde y vieron la oportunidad de cobrar de la corona, a través de la riqueza de aquella época: el agua y las tierras. Vieron que se perdía una enorme cantidad de agua por el río principal, el de la Vega Mayor de Telde, y propusieron al gobernador de la época que esta agua fuera encauzada hacia las tierras de secano; con eso, ellos se cobraban de la corona. Es un proceso muy largo que duró cinco meses; una vez y toda esta reorganización de tierra y agua estuvo hecha, se repartieron a 12 propietarios distintos. Este es el inicio, y a partir de aquí comienzan a surgir leyes de los Reyes Católicos y empieza una normativa; los primeros siglos era un elemento consuetudinario, es decir, que se transmitía de generación en generación.

¿A quién pertenece actualmente la heredad?

A un grupo de herederos. Ha pasado de generación en generación, muchas veces se vendían las acciones de aguas... Y ha llegado a tener hasta más de 700 herederos. Ahora mismo tiene unos 500 partícipes.

¿Actualmente sigue existiendo la figura del aguateniente?

No, porque hay unas normas que lo impiden. El agua no se puede vender, salvo en el caso de que no haya herederos.

¿Considera un anacronismo el hecho de mantener este heredamiento?

No. Mientras la galería esté fluyendo... Lo único es que hay un problema con respecto al espacio natural: esta agua nace y discurre, durante de cinco siglos, por el mismo sitio. Esto ha contribuido a crear tan importante de la vegetación que existen en el Barranco de Los Cernícalos. Existe una ley, que yo creo que es lógica, que prohibe entubar el agua en este espacio. Pero en el libro comento que existe un problema, porque debería haber un acuerdo entre las administraciones y la heredad, para compensar a la heredad por estas pérdidas que está teniendo y para que se pueda mantener este espacio natural.

¿Nunca se ha entubado parte del recorrido?

Uno de los presidentes que ha tenido entubó parte de esa agua desde la zona del Lomo Magullo hasta el estanque de la heredad, situado en el centro del Valle de los Nueve; el agua llega hasta ahí por tuberías, pero es que no queda otro remedio. También creo que todo el patrimonio que ha creado esta heredad se debe mantener: las acequias, las cantoneras... Es el patrimonio que existe y que debe seguir existiendo, y debe crearse un halo de interpretación para conservar todo este patrimonio, tanto lo tangible como lo intangible, puesto que esto ha creado una cantidad enorme de profesiones, de léxico y de palabras que han quedado en la tradición popular. En el libro tengo una gran cantidad de topónimos y nombres de lugares que han ido desapareciendo con el tiempo, pero que han existido en uno u otro momento. Algunos ejemplos son Charco de la Vaca, Hoya de la Piedra, Pasadera de María del Carmen, Las Soberanas, Finca de la Majada... También hay un capítulo que es un glosario de nombres de los oficios o de elementos del riego. Sin duda es parte del patrimonio y se debe conservar de una manera o de otra.

Valora pues que el heredamiento es el mejor sistema posible para la administración de las aguas.

Creo que es importante que esta heredad continúe y, de hecho, la dirección actual ha conseguido grandes logros para que siga existiendo. E incluso, aunque la heredad nunca había tenido instalaciones propias, ahora tiene unos salones y unas propiedades, con lo cual probablemente tienen visión de futuro.

¿Por qué en el Valle de los Nueve no ocurrió algo similar al pleito de La Aldea?

Lo de La Aldea es una cuestión aparte, porque aquello fue un pleito de muchos años atrás. En el Valle de los Nueve el asunto estuvo bien organizado desde el principio; aquí, desde la Ley de Aguas de 1866, siempre ha habido pleitos y desavenencias, pero también ha existido un orden y una organización que no dio lugar a ningún tipo de revolución.

¿Entonces entiende que la revolución que tuvo lugar en La Aldea fue debido a la desorganización en el ámbito de la heredad?

No. Más que desorganización es porque es algo que venía de atrás. No puedo hacer una comparación entre el caso de La Aldea y el del Valle de los Nueve; la cuestión es que en el Valle de los Nueve no se dio ningún tipo de revolución por la buena organización. Siempre ha existido una coordinación, a pesar de los problemas que crea el agua, dado que es una necesidad vital, claro.