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Yerobe o la pasión por lo canario

Un joven de Telde da clases de folclore en la asociación de vecinos El Roque Azucarero desde los 14 años - Toca varios instrumentos y hace bordado, calado y teatro costumbrista

De izquierda a derecha, Vicente Ramos, Carmen Rosa Sarmiento y Yerobe Santana en su sala de ensayo en la asociación El Roque Azucarero.

De izquierda a derecha, Vicente Ramos, Carmen Rosa Sarmiento y Yerobe Santana en su sala de ensayo en la asociación El Roque Azucarero. YAIZA SOCORRO

Yerobe tiene 18 años recién cumplidos. Cuando tenía tres comenzó a tocar diferentes instrumentos musicales como la guitarra, el timple y la bandurria, y cuando cumplió los siete pidió a su familia que lo metieran en clases de baile canario, porque ya con esa edad tenía bien claros los pasos que marcarían su futuro. Y tan nítido lo veían tanto él como los que tenía a su alrededor, que no fue sorpresa para nadie que a los 14 tuviera los conocimientos y la pasión necesaria para comenzar a dar clases de baile folclórico canario.

Ha pasado el tiempo. Ahora Yerobe tiene su grupo de alumnos de unas 23 personas, de una media de edad entre 50 y 80 años, que todas las semanas van a la asociación de vecinos El Roque Azucarero para aprender los pasos bien marcados y profesionales que este joven enseña con gran seriedad y dedicación. Un trabajo que el muchacho hace de forma desinteresada, sin cobrar nada, y por puro amor al arte. Al arte canario que le saca brillo en los ojos cuando habla de él.

No solo se trata del baile folclórico canario (con el que da clases y recibe) y de las parrandas en la que participa tocando sus instrumentos. El recién mayor de edad acude a clases de teatro costumbrista, va a talleres de costura tradicional autóctona, hace calado y bordado, da alguna que otra charla de vestimenta típica de las Islas, colecciona artículos antiguos a los que les busca su historia y se considera un auténtico defensor y difusor de la cultura canaria, que enseña con gran gozo.

Con su corta edad, puede tocar una amplia variedad de temas relacionados con el Archipiélago y es un orador al que los mayores escuchan con atención. "Siempre me ha apasionado lo relacionado con lo nuestro y me pongo a preguntar a quien sabe, buscando siempre cosas nuevas que hacer y que aprender", comentó Yerobe Santana.

En la asociación todo el mundo lo conoce y lo aprecia, desde los más mayores hasta los más jóvenes. "Es nuestro niño pequeño", aseguró Andrea González, miembro de la junta directiva del grupo vecinal. Y es que, aunque hace ya 18 años que el "pequeño" llegó a la Asociación con apenas unos meses de nacido en el carro empujado por su abuela y "comiendo pan duro", siempre será el niño de esta gran familia.

"Yo lo admiro. Trabaja mucho y con una seriedad que nos deja a todos callados aunque sea mucho más joven que nosotros. Es favorable para trabajar con personas mayores, porque es un viejo", aseguró Carmen Medina, una de sus alumnas. "Es un niño muy bueno que nos ayuda en todo. Hay que destacar su bondad y su inteligencia", añadió Andrea González.

Que todo el mundo lo quiere es un hecho que se puede ver a simple vista, pero hay que reconocer que, como apoyan sus compañeros, "se hace querer". El joven no basa sus clases en simples bailes, para él lo más importante es motivar a sus alumnos, ayudarlos y hacer que su trabajo sirva como terapia para desconectar de los problemas. "Me invento dinámicas para que coordinen, les invito a dejar los problemas fuera en una caja. Quiero que se sientan cómodos, que no sólo vengan a bailar, sino escucharlos y estar con ellos", explicó el joven profesor.

Y bien lo sabe Vicente Ramos, que después de haber superado un ictus, entre otras enfermedades, sus consecuencias y nueve operaciones donde se incluyen prótesis de rodillas y cadera, uno de los motivos principales que lo han hecho seguir adelante y sobreponerse a su delicado estado han sido las clases de baile con Yerobe y lo que el joven es capaz de aportarle con dedicación en cada ensayo.

"Esto es lo que a mí me gusta, lo que me ayuda a seguir. Para la edad que tiene sabe demasiado, y es lo mejorcito que tenemos como persona", dijo el señor refiriéndose a su profesor mientras lo miraba emocionado y con cariño.

El mismo cariño que el entendido en cultura canaria pone con todo lo que hace. "Yo sólo hablo de lo que sé, de lo que he aprendido, y siempre que me enseñan algo nuevo me gusta venir a enseñárselo a ellos", aseguró con pasión. Esa con la que organiza todo tipo de actuaciones para su grupo, contrata las guaguas para desplazarse, prepara salidas a residencias de ancianos o colegios y acude a las romerías. "En los ayuntamientos ya me conocen, siempre llamando para que me avisen para salir a actuar, porque me gusta que no bailen por bailar, sino que se motiven con las actuaciones y vean el trabajo", añadió.

Además de todo esto, Yerobe es un buen estudiante de segundo de Bachillerato que espera ser maestro de Primaria en un futuro y que quiere, a corto plazo, sacarse su carné de conducir. Aspiraciones de alguien joven, pero que ya sabe mucho, y que ve el folclore como "algo perdido en 15 años" muy a su pesar. Un niño de 18 años que anima al resto de jóvenes a aprender un poco de sus raíces y que pide a los colegios que lo inculquen más desde edades tempranas.

Él, junto a su pareja y también alumna Carmen R. Sarmiento, es un claro ejemplo del arraigo a la cultura canaria, un modelo de los que pocos quedan y que en El Roque Azucarero valoran como nadie se puede imaginar. "Un tesoro", dicen los que lo conocen, sin dudar.

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