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Patriarca de los Pollos del Callejón

Antonio Hernández Santana, exluchador y fundador de varios clubes, pregona hoy las fiestas de la Virgen de la Paloma en La Viña

A sus 84 años, Antonio Hernández, Pollo del Callejón I, es historia viva de la lucha canaria y también del barrio de La Viña, donde reside desde hace seis décadas. Llegó aquí después de pasar siete años en Tenerife, aunque antes había dejado su San Mateo natal cuando tenía 14 años para ir a trabajar a la finca de Luis Navarro, en Jinámar. "Mis padres eran personas humildes y pobres, éramos muchos en mi casa y todos teníamos que colaborar", recuerda, mientras sus hijos y nietos van reuniéndose en la plaza del barrio, donde han quedado para estar con él.

Muy orgulloso y agradecido por haber sido elegido para pregonar las fiestas del barrio, una iniciativa de la asociación de vecinos y la comisión de fiestas, entre ellos Pedro Yánez, presidente vecinal, y Heriberto Álvarez, como recuerda su hijo Marco. "Nunca nadie me lo había pedido antes y bueno, intentaré que sea un pregón que guste, donde hablaré de los tiempos pasados, de cómo era La Viña cuando yo vine y en el barrio amistoso y tranquilo en el que se ha convertido", apunta Hernández Santana, que tiene preparado para esta noche un recordatorio donde sus padres y su esposa, María Ortiz Ramírez, tienen un especial reconocimiento en su vida. Y cómo no, la lucha canaria, un deporte que ama y cuyo amor ha transmitido a sus cuatro hijos varones y a dos de sus hijas, una de ellas subcampeona de España de taekwondo.

El exluchador evoca sus inicios en este deporte, al que llegó de manos de su bisabuelo y desde los nueve años ya lo practicaba en San Mateo e in cluso tiempo después llegó a fundar un club. Se fue con 14 años a Jinámar y con 17 a Tenerife, donde trabajó en la agricultura, pero estuvo poco tiempo como luchador. "Me llamaban el Desconocido, pero un señor mayor me vio y les dijo que yo sabía luchar".

Luego regresó a Gran Canaria y a finales de los años 50 se estableció en La Viña, aunque en aquella época no tenía ese nombre, no tenía ninguno más bien. Antonio Hernández recuerda que se le conocía como "el barrio sin ley, no había nada, ni agua ni luz u otros servicios públicos, tuvimos los vecinos que vivíamos aquí luchar por conseguirlo. Yo fui uno de los primeros habitantes de este barrio que, gracias al alcalde Manuel Álvarez conseguimos que se le pusiera nombre al barrio. Después con los años esto ha cambiado el 1.000 por 1.000 y ahora residen aquí vecinos de las sietes islas".

Una lucha en la que recuerda a nombres como Pedro Oliva,que les permitió a los pocos vecinos de esa época abrir una zanja desde La Montañeta para traer agua al barrio, a Juan de las cabras, que hizo todo estos trabajos y por el que se le pagó 7.000 pesetas o la aportación del fallecido Basilio Medina y su suegro maestro Antonio Álamo para las conexiones de luz y de las cloacas, entre otros reconocimientos son los que apuntará Antonio Hernández en su pregón.

Pedro Yánez, presidente de la asociación de vecinos, también colabora con los recuerdos de Antonio Hernández, compañeros inseperables en la lucha por el barrio y apunta entre otros méritos de Pollo del Callejón I que fue él que hizo posible que se trajera el agua o que creara el club de lucha canaria de La Viña, cuyo nombre él y sus hijos y ahora uno de sus 17 nietos, Cristo Hernández, Pollo del Callejón VI, el único en activo, recuerda a esta exitosa saga familiar.

"Lo del Pollo del Callejón viene porque cuando empecé y vivía en Callejón del Castillo me lo pusieron en el club donde estaba y con él me quedé", alega Hernández Santana, que ha visto como la tradición llega hasta ahora a su nieto Cristo, en el Maxorata de Fuerteventura, después de haber pasado por las venas de seis de sus ocho vástagos. De hecho, el Ayuntamiento de Telde ha aprobado nominar una calle, aún por determinar el lugar, pero no en La Viña porque allí las vías llevan nombres de virtudes humanas. En la placa figurará la leyenda Los Pollos del Callejón (luchadores) en homenaje a esta saga familiar y deportiva que con sus éxitos deportivos han llevado el nombre de Telde y La Viña por todos los rincones isleños.

La lucha canaria la lleva muy adentro y sigue, ahora con su nieto, las evoluciones de un deporte en el que dice que salvo un par de normas, nada ha cambiado. Quizás, admite, que "antes era un poco más bruto, con gente fuertota y ahora se ve que hay un tipo de luchador más estilista, que hace más bonita la lucha". Y de lucha, la deportiva y la social sabe muchísimo.

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