La plaza de San Gregorio vivió durante la mañana de ayer un acto diferente y espiritual. Alrededor de 50 vecinos de Jinámar -en su mayoría feligreses de la parroquia San Juan Bosco- se reunieron en el espacio teldense para orar por la reapertura de la escuela infantil del barrio que lleva cerrada desde 2013.

Guiados por el sacerdote Luis Laborda, los asistentes -de todas las edades- dieron a conocer la oración a una sola voz. Con cantos, ruegos, pegatinas cerca del corazón y un cartel donde explicaban su protesta, fueron el centro de atención del lugar. A pesar del calor y las horas de pie, aseguraron que tirar la toalla no es una opción y mostraron su confianza en Dios para conseguir la vuelta a la vida de su guardería.

Entre fieles, profesionales del sector y vecinos -además de los ediles de Cultura, Marta Hernández, y de Juventud, Abraham Santana, también de Jinámar-, el padre Báez destacó con su suéter de color amarillo. Así, garantizó que "estoy aquí como afectado, porque soy hijo del pueblo, el padre espiritual de muchos, jinamero y porque, además, creo en Santiago, en que la oración no falla y en que el que pide recibe".

Por su parte, María Dolores Torres, residente en el barrio desde hace 37 años, explica que "aunque no tengo hijos, tenía que estar aquí por los niños y sus madres, porque necesitan la escuela para dejar a los pequeños y ellas poder ir a trabajar para salir adelante".

La mujer de 67 años cuenta que vive en un bloque enfrente de la guardería y que echa de menos "el vaivén de los niños y la vida que daban en la zona, porque hasta la felicidad de las madres se notaba". Además, apunta que los afectados deberían sumarse a las protestas, "porque es necesario salir a la calle y estar unidos". Aunque cree en Dios y en que "una parte de la reapertura depende de él", defiende que "está, sobre todo, en manos del hombre y los políticos".

El acto reivindicativo acabó con el canto del tema Color esperanza, gritando que "lo imposible se puede lograr".