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Fiesta de la Caña Dulce y la Concepción

"A la Concepción se va porque toca"

Pedro Galván, profesor durante 35 años en Jinámar, abrió las fiestas del barrio con un pregón que apeló al activismo social como forma de salvar la zona

"A la Concepción se va porque toca"

"A la Concepción se va porque toca"

Diciembre llega y en su comienzo, como todos los años, el barrio de Jinámar da el pistoletazo de salida para la esperada y tradicional fiesta de la Caña Dulce y la Concepción. Pedro Galván, procedente de El Carrizal, pero conocido en el barrio por haber sido maestro de la escuela José Tejada y activista social, fue el encargado de pregonar ayer las fiestas a las 20.00 horas en la Iglesia de Jinámar.

Como es bien sabido, Jinámar lleva siglos preparando sus fiestas y miles de fieles acuden en procesión a disfrutar de la tradición y la fe, además de la diversión que esta pueda proporcionar con sus verbenas y ferias. Pero Galván quiso hacer eco durante su discurso de uno de los aspectos de los que él es experto. La educación fue el pilar fundamental por el cual basó su discurso. Un pregón que apelaba a la memoria y a la nostalgia, pero al que no le faltó pinceladas de esperanza y de lucha social por los derechos de los jinameros.

Bajo la expectación de los presentes, que se compuso de un buen grupo de vecinos aglomerados frente a la Iglesia, el miembro del patronato se acercó a los presentes para rememorar la vieja y la nueva Jinámar, la de los 70 y la del nuevo siglo XXI. Con sus avances y sus problemas. "Aquella mañana de primero de septiembre...", fueron las primeras palabras del maestro, como si de un cuento de los hermanos Grimm o de Hans Christian Andersen. Galván escogió Jinámar por equivocación, pero como indicó "nunca me he arrepentido de esa decisión". El barrio fue un reto, pero un reto apasionante y esperanzador que tenía como base la educación y como soporte "una mochila llena de proyectos que llevar a clase". La primavera educativa llegó con los jóvenes del pueblo, que fueron luchadores natos contra la exclusión social, los problemas que trae la pobreza y la falta de recursos. Y luchadores fueron hasta el día de hoy, esforzándose por hacer de "Rusia la chica", como llamaban la gente del pueblo al barrio antiguo, y de la Nueva Jinámar, o el polígono, un lugar mejor y digno donde vivir. Es por ello que, entre otras cosas, Galván se unió a ese movimiento social y joven para enseñar, junto a otros docentes, valores. "Educar en la libertad, en la participación, en la responsabilidad y compromiso, pero también en la alegría, en la belleza de las cosas, en la utopía por mejorarlo todo."

La Concepción

El discurso del pregonero pudo hacer soltar la lagrimilla a más de uno puesto que conformó un baúl de los recuerdos, nombrando a sus amigos, vecinos, y compañeros de Jinámar, y todas las hazañas que en el barrio transcurrieron. Nostálgico, pero con un tono de guerrería y mirando en vísperas a un futuro prometedor, siempre sobre la sombra de lo que significa la educación para el pregonero, y de cómo se ha enfrentado en el barrio y también en las islas con lo que denomina él "la escuela de los pueblos." Pero Galván no perdió ocasión de hablar concretamente de la Inmaculada Concepción, virgen a la que la gran mayoría de vecinos del municipio sienten una gran devoción, e incluso grancanarios de todas las zonas de la Isla. "A la Concepción se va porque toca", afirmaba con decisión en su discurso. El profesor recordó el olor de la fiesta. Sudor y lágrimas de alegría. Olores de la comida del mercadillo; queso, aceitunas y chorizo. El olor de los animales de la feria y, por supuesto, el olor de la caña dulce. Agricultura y ganadería, los dos grandes cimientos de Canarias.

"Los alumnos preparaban el bochinche para la recaudación del viaje de fin de curso, y los padres y profesores ayudábamos". El pueblo unido en la gran fiesta donde las tradiciones y el buen ambiente ocupan las calles. Ante el asombro de Galván por las fiestas de Jinámar, no tardó mucho en entrar como miembro en el Patronato de Fiestas, que se creó pocos días después en 1979, el mismo año en que llegó. "Hombres y mujeres, jóvenes ansiosos por elevar las fiestas lo más alto", comentó el pregonero, añadiendo que su única finalidad es conservar las tradiciones de las fiestas, la devoción a la virgen y regalarles a los jinameros y foráneos unos días felices, de alegría.

Entre otros muchos temas, el pregonero no pudo evitar tocar el tema social y la crisis económica. "No se nace en la pobreza, la pobreza se crea", aseveró el maestro e insistió en que un lugar se hace así mismo, por lo que apuesta por un proyecto único y común para sacar al barrio adelante.

Al final de su pregón, Pedro Galván dio sus agradecimientos y todos clamaron por la Concepción.

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